jueves, 17 de agosto de 2017

ACERCA DE LOS PIOJOS

  LOS INVASORES

(en un viejo hotel de Amsterdam)

Entre la soledad y el silencio
desde un campo minado
blanco y blando
la invasión se produjo.

Ellos bien aferrados…
y él soñando.

                       L. A. 

Los pedicúlidos -el 87 para los quinieleros- o simplemente los piojos, son parásitos que se alimentan de sangre, cuyas picaduras ocasionan un intenso prurito y compulsivos deseos de rascado. Descriptos por Linneo en 1758, fueron posteriormente clasificados en tres especies: pediculus capitis, pediculus corporis y pediculus pubis.
El pediculus capitis es el vulgar piojo de la cabeza.
El pediculus corporis, o piojo de la ropa, es el que produce lesiones en el cuerpo, refugiándose y haciendo sus posturas, preferentemente, en costuras y pliegues.
Y el pediculus pubis, mucho más conocido como ladilla -palabra ésta de prosapia latina, que también da nombre a las personas fastidiosas-, es el que parasita en las partes vellosas del cuerpo.
          A mediados del siglo pasado, un investigador amigo reparó en la existencia de una cuarta especie a la que denominó pediculus resurrectus. Un piojo que, hasta entonces, no había sido tenido en cuenta por los parasitólogos.
           Los propensos a contraer esta parasitosis son, paradójicamente, aquellos que abandonan la “piojería” de la noche a la mañana, pasan rápidamente a la categoría de “nuevos ricos” y hacen ostentación de su riqueza.
No creo ni recuerdo, que alguien más se haya ocupado de este asunto. Y entiendo que tampoco vale la pena ahondar en él.
Después de todo, un pediculus resurrectus no es más que un “piojo resucitado”.

Y ya que hablamos de "los piojos", oigamos como cantan: