jueves, 30 de octubre de 2014

ACERCA DE ALGUNOS EPITAFIOS HUMORÍSTICOS

      Se llama epitafio a toda inscripción que, dedicada a la memoria de una persona fallecida, se coloca sobre su sepultura.
Los primeros epitafios conocidos pertenecen a los antiguos egipcios.
            Pero hoy lo que quiero recordar es el paródico estilo epitafial que, en forma lúdica y ajena a toda pretensión literaria, aparecía en la revista Martín Fierro, en la sección denominada Cementerio Humorístico.
            A Calixto Oyuela, severo crítico y hombre por entonces de edad senecta, alguien le dedicó, burlonamente, esta cuarteta:

Bajo esta lápida fría / descansa Calixto Oyuela. / Fue compañero de escuela / de Mármol y Echeverría.

            También el poeta y recitador santafesino Rogelio Araya, cuya facundia parecía arredrar a sus colegas y amigos, fue recordado de este modo:

Descansa dentro de esta fosa / el vate Rogelio Araya. / Apretemos bien la losa, / no sea que se nos vaya.

            Dentro de los que podríamos llamar autoepitafios, o sea, los escritos por "el dueño de casa", quiero destacar dos. El de Groucho Marx, que dice:

  Perdonen que no me levante *


            Y otro que encontré en un viejo cementerio de provincia. Tal vez el epitafio más rotundo y metafísico que se haya escrito jamás: 

                                                          Me parece que va para largo

            En una oportunidad, un poeta amigo, después de “salir” (como solemos decir los médicos) de un edema agudo de pulmón, lo primero que hizo fue pedir papel y lápiz para poder escribir un poema sobre la muerte.
            Al dorso de la receta le adjunté el siguiente anti-epitafio:

Yace aquí quien no yace ni con receta,
de lo cual a su médico no hago cargo.
Como tumba reniego de este poeta
que por buscar la rima siguió de largo.
  

* En realidad, en su tumba no figura dicho epitafio. Groucho Marx dijo esa frase en una entrevista que concedió, en la que afirmó que ese era el epitafio que querría tener en su tumba.

jueves, 23 de octubre de 2014

ACERCA DE BORGES Y EL LUNFARDO

            Pienso que Borges, a pesar de él mismo, ha tenido mucho que ver con el lunfardo. Pues estoy convencido de que, al decir de Gómez Bas, el lunfardo es también un aire y no sólo un muestrario de palabras.
            Jorge Luis Borges, con su cuidado y elevado estilo, alguna vez aseguró sentenciosamente que el lunfardo “es una jerga artificial, una especie de broma”, aunque no por eso dejó de prestarle atención a las “proezas orilleras” que escuchó en boca de “viejos caudillos suburbanos”.
Borges y Rivero
            No olvidemos que su infancia transcurrió en el barrio de Palermo, entonces apartado arrabal de conventillos, terrenos baldíos y de guapos. En no pocos de sus poemas y en muchos de sus cuentos evoca a los antiguos cuchilleros de principios de siglo y el ambiente de las orillas que dan color local a sus creaciones.          
          Insisto en que tal vez Borges esté más cerca del lunfardo de lo que podamos suponer. Porque en el lenguaje cuentan los matices, la intención o el acento que se pone a veces sobre cada vocablo, el valor que denotan las palabras según se desprende de la descripción o el relato de un contexto.
         Si se siente entrañablemente a Buenos Aires y todo lo que a esta ciudad concierne; si se logra un poema de “calle con almacén rosado”; si se escriben milongas de Jacinto Chiclana, de don Nicanor Paredes o de Manuel Flores; si se urden historias de tauras y compadritos, aunque en todo ello se eviten cuidadosamente las voces lunfardas, es imposible, en cambio, esquivar cierto talante malevo y ese aire lunfardo al que me referí anteriormente.

"Milonga de Jacinto Chiclana" - de Jorge Luis Borges y Astor Piazzolla  
Canta Edmundo Rivero

jueves, 16 de octubre de 2014

ACERCA DEL MAROTE

Según Enrique Del Valle, la palabra marote deriva del nombre de un baile africano en el que se movía mucho la cabeza. Lo cierto es que marote, con el significado de cabeza, parece proceder del francés y ésta sería su historia:
En Europa, en el medioevo, ninguna epidemia ha registrado tantas víctimas ni ha causado tanto terror como la llamada muerte negra. Para defenderse de ella, la medicina popular recurría a plegarias y penitencias, y le pedía ayuda a San Roque y a San Sebastián. En tan gran mortandad, los hombres veían un castigo de Dios. En Francia, el miedo a la muerte y al Juicio Final provocado por la peste hizo que se recurriese a la Virgen como mediadora de la misericordia divina. Se fabricaron entonces muñecas, llamadas Marie, a las que la devoción popular consideraba representación de la Virgen María. El nombre de Marie devino luego en Mariotte y posteriormente en Marotte, nombre éste con el que se pasó a designar las cabezas de cartón, madera u otro material que se utilizan en las tiendas para exhibir pelucas o sombreros. Y es muy probable que del marotte francés haya surgido el marote nuestro (cabeza; inteligencia; capacidad de entender), facilitando el trámite su asociación con la palabra mate. O sea que, en el traslado de esta palabra del francés al lunfardo, bien pudo haber sido una peluquera o una costurerita, la que dio el primer paso.
Y algo más:
           Se llama MAROTE (conocido también como marotera) a una danza de galanteo muy antigua.  En Buenos Aires (y en algunas provincias del Norte) se lo bailó a partir de 1850.
            Tuvo en cierta época” muy mala fama”. La intención de los bailarines lo hizo desenfadado.
            Luego fue refinándose hasta ser admitido en las reuniones familiares criollas. 
            La actual interpretación de esta danza, es graciosa y su coreografía es muy sencilla; tiene una combinación de ritmos rápidos y lentos.

            También recibe el nombre de MAROTE el lazo torcido, muy pesado.

Bailando "EL MAROTE"

jueves, 9 de octubre de 2014

ACERCA DE LA LUJURIA

     
"La Lujuria" - Ilustración del pintor Norberto Pagano
      La lujuria, considerada un apetito desordenado de los deleites carnales, es uno de los siete pecados capitales. Tan vieja como la humanidad, la lujuria persigue únicamente los goces de la carne, sin discriminar por eso a los vegetarianos.
            Encendiendo y untando, sin mirar a quien, fue causa de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Desde entonces, las experiencias prohibicionistas y puritanas se han sucedido alternativamente en el curso de los siglos, inspiradas siempre por principios morales y religiosos.
            El emperador Heliogábalo, pensando, tal vez, que los juegos del cuerpo son deplorablemente limitados, ofreció un premio (que según tengo entendido nadie reclamó) a cualquiera que pudiera inventar un nuevo vicio.
            Y así como están los que piensan que el cuerpo es el camino más corto de un alma a otra, están también los que oponen a este pecado la virtud de la castidad.
            Pero veamos que es lo que nos podría decir la lujuria en su descargo:

    LA LUJURIA

          (de "Los 7 Pecados Capitales" -
          Cantata de Luis Alposta
          y Pascual 'Cholo' Mamone)
  
Desenfreno y deseo.
Cuando yo busco un nexo
es el del sexo.

Entre sombras y goces,
seducir a un mortal
sigue siendo un placer fenomenal
del que no se privaron ni los dioses.

Dirán que soy impura,
voluptuosa y ligera.
Son infundios que larga la censura
cuando me ve con carne en la ganchera.     

Desenfreno y deseo.
Cuando yo busco un nexo
es el del sexo.

Y digan lo que digan
no me invalidan.
Soy la más divertida.
Del afrecho
a mi lecho
hay sólo un trecho.
¡Yo soy la exuberancia de la vida!

"La lujuria" - de la Cantata sobre los 7 Pecados Capitales
Canta Lulú - Bandoneón Sebastián Zasali
Teatro Nacional Cervantes, 24 de abril de 2013

jueves, 2 de octubre de 2014

ACERCA DEL BARRIO ÍNTIMO


      Hubo una época en que nuestro primer contacto a cielo abierto con el barrio se producía en la vereda, hasta que la fisiología y los juegos se encargaban de que ésta nos resultara chica. Era entonces cuando el mundo alcanzaba la dimensión de una cuadra. Después, la llegada de otros juegos nos llevaría a realizar todo un estudio topográfico de la misma, hasta que a fuerza de sacarle punta un buen día le descubríamos la esquina. Allí, en tiempos del picado nos habría de sorprender el de la pubertad, y comenzaría a gestarse en nosotros esa especie de segunda nacionalidad que tarde o temprano sacamos a relucir: la del barrio
           En realidad, esta evocación apunta a cuanto se podría llamar “el barrio íntimo”, reducido tan sólo a nuestra cuadra, a la otra, a la de la vuelta y a la de la vereda de enfrente… con una esquina de almacén, algún pasaje y la yapa de un potrero, al que, recién después de unas cuantas afeitadas, tuvimos la imperiosa necesidad de incorporarle un Café.
Después llegó esa edad en la que dejamos de coleccionar bolitas para pasar a coleccionar corbatas, y la vida comenzó a mostrarnos otros rumbos, mientras el barrio se nos iba encogiendo hasta el domicilio. 


En el Bar "Torres" - último "estaño" de V.U.
7 de febrero de 1982


BARRIO

Barrio que fuiste mundo de mi infancia,
con baldíos y casas que se han ido.
Qué importa ver las calles que antes viera
y dar los mismos pasos que ayer diera,
si en el gris del asfalto está el olvido.

Cuadriculado mundo de mi infancia,
con mil cosas que han sido y hoy evoco.
Aquél de las bolitas, el balero
y el picado en las tardes de potrero. 
           Ya no sos el que fuiste, y yo tampoco.
                                 
                                                            L. A.

 "Barrio pobre" - tango de Vicente Belvedere y Francisco García Jiménez
por el Sexteto de Francisco Pracánico