jueves, 9 de febrero de 2012

ACERCA DE LOS CÍNICOS

"Diógenes"  Óleo de Jean-Léon Gérôme (1860)
      En Atenas, en el siglo IV antes de Cristo, Antístenes, discípulo de Sócrates, fundó la escuela cínica en la plaza del Perro ágil, de ahí lo de cínicos, que significa hombres-perros, nombre que se dio a sus adeptos y que éstos aceptaron con cierto orgullo. El más conocido de ellos fue el sucesor de Antístenes, llamado Diógenes, famoso por su vida extravagante y por su ingenio. Se dice de él que habitaba en un tonel y que no poseía más bienes que una capa, un bastón y una bolsa de pan. (¡Así no resultaba fácil quitarle la felicidad!)
Nunca supe su nombre. Hablaba de Sócrates y Platón
como si los hubiera conocido. Fue en noviembre de 1972,
en una esquina de Villa Urquiza.
           Los cínicos exageraron y extremaron la doctrina socrática de la felicidad, y no precisamente al estilo de Rodolfo Sciammarella con sus “cuatro días locos”, sino que llegaron a identificar a ésta con la suficiencia y la supresión de las necesidades básicas de la vida. Esto los llevó a tomar una actitud de renuncia voluntaria, conservando únicamente como valores estimables la no dependencia, el poder filosofar en plena calle y el no calentarse por nada. El resultado fue, naturalmente, que la Grecia de entonces no tardó en llenarse de mendigos.
           Una vez le preguntaron a Diógenes por qué la gente daba limosna a los pobres y no a los filósofos, a lo que respondió: “Porque piensan que pueden llegar a ser pobres, pero nunca a ser filósofos.”
           Pero... cínicos eran los de antes. Ahora solemos dar ese nombre a los que, si bien siguen sin calentarse y gustan de pronunciar discursos, no renuncian a nada.

"La canción del linyera" - de Antonio Lozzi e Ivo Pelay
Canta Antonio Tormo