jueves, 12 de febrero de 2015

ACERCA DE SAMUEL MALLO LÓPEZ


Samuel Mallo López
Samuel Mallo López nació en Buenos Aires, en el barrio de San Telmo, el 16 de enero de 1905; hijo de inmigrantes gallegos.
Egresó de la Academia Nacional de Bellas Artes en 1924 como profesor de Dibujo y Decoración.
En 1932 se graduó como Doctor en Medicina dedicándose a la Homeopatía.
En 1937 se vuelca definitivamente a la plástica, exponiendo sin interrupción en todo el país.
En 1949 logra su consagración al obtener el Gran Premio de Honor en el Salón de Artes Plásticas que le fue adjudicado por un jurado integrado por Miguel Victorica, Alfredo Guido y Enrique Larrañaga.
Movido por una necesidad de conocimiento, en 1951 emprende con su mujer un viaje que durará siete años recorriendo en carpa, Europa, Cercano Oriente, Africa y América, dibujando y pintando lugares y personas: tanto un paisaje de Estambul, de Brujas o del Río Limay,  como un retrato de Picasso o de Quinquela Martín, de quien, además, fue gran amigo.
Falleció a los 89 años en su casa de la calle Guido 293, en Temperley.


            Aunque Mallo López era esencialmente un pintor, quiero destacar su labor como dibujante y retratista, pues en algunos de sus singulares dibujos es donde creo encontrar la expresión más intensa de su rico temperamento artístico.
            Me refiero, especialmente, a los retratos de los patronos de la Academia Porteña del Lunfardo; retratos que le “mangué” una tarde, en el verano de 1975. Dibujos que conmueven profundamente como manifestación de una búsqueda en los medios de su expresión plástica.

            He visto como Mallo López los “dibujaba”. Ninguno de esos 28 retratos le demandó más de cinco minutos. En cuanto a los aspectos técnicos de la ejecución, utilizó tinta china en barra (que, tiempo atrás, y a su pedido, dado que aquí no se conseguía, le traje de Europa), un poco de agua y, en lugar del pincel, una torunda. Eso, y sus trazos sumamente espontáneos y ágiles, dándole sugestión y movimiento a cada uno de los retratos. 
            Cuando los terminó, le dediqué este soneto:


A SAMUEL MALLO LÓPEZ

Aquí en la Boca, entre los escalopes, 
el salamín, el vino y el gruyere,
ensayo este soneto, o lo que fuere,
pensando en el amigo Mallo López.

Con su arte y su talento, nunca al bardo,
laburando con miga* o con grafito,
él te hace un bailarín o un compadrito
dejándolo perplejo al más lunfardo.

Y ya que es noche de amistades lungas
(en que robando afecto somos pungas),
en esta mesa de olvidados platos

donde el churrasco es duro y blando el gesto,  
los lunfas te decimos sólo esto:
¡Gracias viejo Samuel por tus retratos!


Soneto escrito en una servilleta de sobremesa el 5 de abril de 1975, en agradecimiento al artista Mallo López, por haber realizado 28 retratos para la Academia Porteña del Lunfardo.

Y me respondió con este otro soneto, con el que me sigo dando dique:



* Realizaba pequeñas esculturas con miga de pan -"migacota"- (tengo algunas)


"Recuerdo" - tango de Osvaldo Pugliese - Escena de la película "Tango" de Carlos Saura