jueves, 25 de agosto de 2011

ACERCA DE BELLAS, FEAS Y DESASTRES

Venus de Willendorf


        La belleza, en general, es un conjunto de cualidades cuya manifestación sensible produce un deleite espiritual, un sentimiento de admiración, un goce estético. Y una mujer nos parecerá físicamente bella siempre y cuando responda al ideal de formas vinculado a la especie. Pero no por eso la belleza es menos subjetiva. Suele variar de acuerdo con la inclinación de los que la aprecian. Para todos, Andrómaca era más corpulenta que lo normal y sólo Héctor decía que era proporcionada. La que fue el mono loco y el chimpancé del tango Justo el 31, bien pudo haber sido, después, la que le despertó una pasión otoñal al protagonista del tango La última.
Venus de Milo
           En el lunfardo, la belleza de una mujer, y esto dentro de un margen de subjetividades, también puede ser pasible de una clasificación zoológica.
            Leona y pantera, son sinónimos que se utilizan indistintamente para designar a la mujer atractiva y provocadora. Potra y potranca aluden a la mujer joven y deseable. Una bestia puede ser una mujer exuberante y sensual; y una gata es la que, además de tener sus encantos, es mimosa.
            Y en el otro extremo, en el de lo feo, la animalidad sólo se limita a los bichos, a los bagres y a los loros.
            Claro que, cuando la fealdad sobrepasa todos los límites, el ingenio popular puede recurrir hasta a una referencia histórica. Tal el caso de aquellas hermanas que, por lo extremadamente feas, eran conocidas en el barrio como Vilcapugio y Ayohuma.


"Se dice de mi" - milonga (1943) de F. Canaro e Ivo Pelay 
Canta Tita Merello
Escena de la película "Mercado de Abasto"

jueves, 18 de agosto de 2011

ACERCA DE LA FLAUTA


           En el siglo XV, en Andalucía, ya se cantaban estos versos que aluden al instrumento que hoy nos ocupa:
 “Bartolo tenía una flauta
con un agujero solo
y su madre le decía:
tocá la flauta, Bartolo”.

            Y ahora, vayamos al “rescate” de don Pedro de Miranda.  
            Este español, que acompañó a Valdivia a Chile y pasó por el noroeste argentino procedente de Perú, fue el primer flautista que recuerdan los anales de estas tierras.
            En el año 1541, prisionero de los indios y a punto de ser ejecutado, comenzó a tocar la flauta, y lo hizo de tal manera que, el propio cacique, llamado Andequín y su hija María Lamanchaca, decidieron salvarle la vida por sus habilidades musicales. Terminó enseñándoles a tocar dicho instrumento.
            Es en el Libro de pasajeros a India que leemos: “en ese lugar vivía un español llamado Francisco de Gasco, quien, meses atrás, había venido a Chile con otros trece compañeros. Éstos fueron muertos por los indios al llegar al valle de Copiapó. Solamente se salvó Francisco de Gasco, quien rápidamente supo integrarse en la comunidad india, casándose con unas nativas. Pues bien, en uno de sus paseos por el pueblo el asturiano Miranda encontró en una caja dos flautas que uno de los compañeros de Gasco había traído. Tomando una de ellas, comenzó a tocar, que lo sabía hacer, y como los principales indios lo vieron, les dio tanto contento esa música, que le rogaron les enseñase a tocar ese instrumento, y no lo matarían.” Y así fue.
            Ahora, a la memoria de Bartolo y de Pedro de Miranda, vaya esta milonga:

A  LA  FLAUTA 
(aire de milonga)
Letra de Luis Alposta 
Música de Juan Carlos "Tata" Cedrón 
(Click en triángulo de play)

Pan enseñando a Dafnis a tocar la flauta
Mármol, copia romana de un original helénico
¡Ah  la  flauta!
¡La  gran  flauta!

“Bartolo  tenía  una  flauta
con  un  aujerito  sólo…  “

Cuidá  la  flauta  Bartolo
“que  la  serenata  es  larga.”

Estas  son  las  expresiones
a  las  que  daba  sus  sones
una  negra  que  cantaba
y  al  punto  reflexionaba:
-Si  fue  invento  del  dios  Pan
no  es  de  extrañar  que  haya  un  pan
al  que  se  lo  llama  flauta.

(Y  esto  ya  nos  da  la  pauta
de  que  esa  mujer  oscura
a  más  de  oscura  era  cauta
pues  pudo  hablar  de  la  flauta
sin  hablar  de  fioritura).

 ¡Fioritura!…  ¡fioritura!
... y yo itentando "encantar" a una cobra
Agra (India), marzo de 1981
Eso  que  el  “tano”  Vicente
le  puso  al  tango  incipiente
sin  precisar  partitura.

¡Ah  la  flauta!
¡La  gran  flauta!

Y  recordemos  así
lo  que  esta  historia  demanda:

Primero  en  tañerla  aquí
fue  don  Pedro  de  Miranda
al  que  una  flauta  servida
 le  vino  a  salvar  la  vida.

Prisionero  de  la  indiada,
la  dejó  paralizada
a  un  paso  del  linchamiento.
Ya  lo  iban  a  matar,
pero  él  se  puso  a  tocar
y  lo  salvó  su  instrumento.

¡Ah  la  flauta!
¡La  gran  flauta!

                         Luis  Alposta

                                                                                                                      

jueves, 11 de agosto de 2011

ACERCA DEL NEGRO


      Reflexionando acerca de la culpa en Martín Fierro, caigo en la cuenta de que éste mató al último negro. Los que vendrán después... apenas una nota de color, entre los que estarán también los notables, pero siempre con la particularidad de ser pocos.
José "Negro" Ricardo y Carlos Gardel
            Es el último negro que murió en pelea franca y trascendente. Los que lo precedieron... fracasadas las invasiones inglesas, le dieron a la plaza de Monserrat el nombre de Plaza de la Fidelidad. Hecho que señala el comienzo de la activa participación del negro rioplatense en la lucha de la Independencia, de cuyo final da testimonio Víctor Gálvez en “Memorias de un viejo”, al hablar sobre los negros inválidos que combatieron en el Ejército Libertador y se arrastraban por las calles de Buenos Aires con sus andrajos de uniformes: “Estos inválidos que mendigaban el pan, tenían fuego en sus miradas cuando hablaban del ejército de la patria.” Después, serán las guerras del Brasil y del Paraguay, y, como elemento coyuntural, las epidemias de cólera (1861) y de fiebre amarilla (1871).
Monumento al Negro Falucho
Obra de Lucio Correa Morales
            Por todo esto, y tal vez como un vibrar en simpatía, detrás de cada uno de nuestros símbolos parecería haber siempre un negro: La Bandera y el negro Falucho; San Martín y el negro Barcala; la Virgen de Luján y el negro Manuel; José Hernández y el negro Macuca; Martín Fierro y el Negro; Irigoyen y Gabino Ezeiza; Gardel y el negro Ricardo; Ignacio Corsini y el negro Maciel.
Y hasta la coincidencia de una raíz negra, con el camuflaje del anagrama, en la palabra Argentina.
Argen... al revés es negra.

El abuelo
       de Gabino Ezeiza (c. 1905)
……………………
Iluminó las glorias
de Maipo y Chacabuco;
primero San Lorenzo,
después hasta Junín;
a mi finado abuelo
también la gloria cupo
de hacer esa campaña
desde el principio al fin.

Cuando él murió me dijo:
-Mi nieto yo no tengo
fortuna que dejarte
pero un buen nombre sí.
Ahí tienes los honores
y tienes las medallas
ganadas en batallas
a las que yo asistí.
…………………….
"El abuelo" - de y por Gabino Ezeiza (c. 1905)
(Click en el triángulo de play)

jueves, 4 de agosto de 2011

ACERCA DE LOS ALMACENEROS


"El almacén de la esquina" ( Congreso y Altolaguirre) - 1965
            Dos constantes de los almaceneros de antaño: la yapa y la libreta.   Yapa, en quechua, significa agregado, añadidura; y la yapa que solía dar el almacenero de barrio era, también, agregado o añadidura; una pequeña atención para con el cliente después de la compra; una inocente, y hasta ingenua, estrategia de marketing.
10 de enero de 1972
             Eran tiempos en los que el almacenero de la esquina sabía que la base del negocio estaba en la manera de tratar a su cliente: la sonrisa, el buen talante, el buen día, las buenas tardes, la discreción y hasta el chisme dosificado y oportuno… En síntesis, como diríamos ahora: buena onda.
            El almacenero era alguien que generaba confianza y que, además, fiaba. Eran los días de la libreta, precursora de las tarjetas de crédito. Tiempos en los que el dibujante Roberto Battaglia nos deleitaba, desde la última página de “Patoruzito”, con su personaje Don Pascual, un bondadoso almacenero de barrio que solía meterse en complejas y cómicas situaciones. Tiempos, en los que el Centro de Almaceneros (del que mi tío Luis era secretario), sacaba solicitadas en los diarios con títulos como éste: ¿Qué es más importante: el aumento del combustible o el de la mortadela? Tiempos, en los que los almaceneros  festejaban su día el 21 de septiembre. Un tiempo en el que, no sólo tenían una marcha, sino también un himno, aunque usted no lo crea. Un himno y una marcha, que ya los estoy invitando a escuchar (no se pierdan la letra):


"Himno de los almaceneros"
Música de F. Guillán - Letra de F. F. García - Arreglo de Orquestación: Daniel Lomuto
Orquesta: Félix Guillán - Canta: Carlos Mayel 

"Marcha de los almaceneros" 
Letra y Música de Eduardo B. Portas - Arreglo de Orquestación Daniel Lomuto
Orquesta: Félix Guillán - Canta: Carlos Mayel