jueves, 19 de julio de 2012

ACERCA DEL ALMA Y EL ESPÍRITU


     Dicen los que saben, o mejor dicho, los que han meditado larga y profundamente sobre las diferencias que existen entre alma y espíritu, que la primera es un “soplo”; es ser inmaterial que anima el cuerpo.
Es una sustancia simple, pasiva, que en unidad sustancial con el cuerpo constituye la esencia del hombre.
En cambio el espíritu, que etimológicamente es, también, un “soplo”, no anima necesariamente el cuerpo (Dios y los ángeles son puros espíritus).
El espíritu es activo, es acción, es hacer y, por tanto, es el principio del pensar.
El alma trasciende al cuerpo, y el espíritu al alma.
El alma es inmortal; el espíritu es eterno.
El alma puede pender de un hilo o se nos puede ir a los pies; al espíritu se lo puede levantar.

          El ejemplo de pasividad lo encontramos en el alma en pena; el de la acción en el espíritu de lucha.
Hay almas que se pueden romper (cada vez más); y hay espíritus inquebrantables (cada vez menos).
Hay almas caritativas y hay pobres de espíritu.
Hay almas piadosas y hay espíritus de contradicción.   
La palabra alma figura en los títulos de trescientos tangos; la palabra espíritu, en ninguno.
Si el vino (el bueno, por supuesto) tiene espíritu, de ahí lo de bebidas espirituosas, el tango, como ya dijimos, le da más cabida al alma.
          Y vayan estos ejemplos con la yapa de un vals: Almita herida; Alma en pena; Alma de bohemio y Desde el alma.


"Alma de bohemio" - tango de Roberto Firpo y Juan Andrés Caruso
Canta Alberto Castillo