jueves, 23 de febrero de 2012

ACERCA DE LA PEBETA DE CHICLANA

        Es sabido que muchas veces, a partir de una buena biografía se puede llegar a reconstruir una historia clínica. También en la literatura, en general, en tren de no dejar pasar por alto diagnóstico alguno, podemos encontrar referencias médicas, enfermedades y accidentes, que desde la urdimbre de un relato están abrumando a determinados personajes.
        La sífilis ejerció durante siglos una gran influencia sobre la literatura. Fue Gerónimo Fracastoro, médico, poeta, físico y astrónomo italiano, quien en 1524 escribió una novela en la que el personaje central, un pastorcillo llamado Syphilus, contraía esta enfermedad, sin pensar que con el tiempo se la llegaría a identificar con su nombre.
        Cuatrocientos años después, los porteños la llamarían “la millonaria”, “la chinche”, “la payasa”, “la interminable”. Claro que lo de “interminable” tenía vigencia antes del descubrimiento de la penicilina, cuando la sífilis significaba “estar una noche con Venus y veinte años con Mercurio”.
        Shakespeare se refirió a sus síntomas en Timón de Atenas, Rabelais ridiculizó en su obra el excesivo entusiasmo que despertaba el mercurio para su tratamiento, y Francisco Lomuto le puso música al Salvarsán* cuando, a los trece años, escribió su primer tango: “El 606”.
        Carlos de la Púa, el poeta de “La Crencha Engrasada”, en su poema “La pebeta de Chiclana”, menciona a esta enfermedad haciendo alusión correcta a su período de evolución, que es de 10 a 20 años.
                                “................................................................
                                Y bebió en diez años toda la alegría
                                y supo en diez años toda la crueldad,
                                cuando dio el remache de la fulería
                                la seña jodida de la enfermedad.
                                .................................................................”
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* También conocido como “606”, por ser el orden de pruebas de este compuesto sintético con que se trataba la sífilis antes del descubrimiento de la penicilina.

"La pebeta de Chiclana" letra de Carlos de la Púa, música de Daniel Melingo
Canta  Daniel Melingo

jueves, 16 de febrero de 2012

ACERCA DE ENRICO CARUSO EN VILLA URQUIZA*

Autocaricatura
Caruso y Felipe Galante, en Villa Urquiza
       El pintor Felipe Galante, uno de los primeros vecinos de nuestro barrio, nació el 11 de septiembre de 1872 en el pueblo de Sora, provincia de Caserta, Italia.
      Se radicó en nuestro país a fines del siglo XIX y se naturalizó argentino en 1916. Casado con Rosa Bernascchi, fue padre de cuatro hijos: Guillermo, Rosa Elisa, Lidia Élida y Lina. Falleció el 11 de febrero de 1953, a los ochenta años.
      El tenor Enrico Caruso fue padrino de dos de sus hijas, las que fueron bautizadas en la Parroquia del Carmen (la Junta de Estudios Históricos de Villa Urquiza posee copias autenticadas de ambas actas).
      La actriz Lidia Catalano, nieta de Galante, alguna vez nos dijo: “Mi mamá y mi tía Elisa eran ahijadas de Caruso, quien era muy amigo de mi abuelo. Era como si viviera con nosotros. La casa de mi abuelo quedaba en Villa Urquiza, en la calle Olazábal 4170. Caruso llegaba por Triunvirato y para llamarle la atención a mi abuelo tiraba latas arriba del techo de la cocina y gritaba ¡Ue! Mi abuelo era petisito, rubio, con ojitos celestes. Salía al techo y le contestaba: ‘Ma, che e questo?’ Y el otro improvisaba: -‘Sono io’. Y se ponían a cantar los dos” “Me contaron tanto cómo Caruso se sentaba al piano y cantaba arias con mi abuela que es como si lo hubiera visto”.
      Pero en aquellos días no todo fue canto. Caruso, que también pintaba, no perdió la oportunidad de recibir un par de clases de Galante. De Felipe Galante, el mismo que alguna vez se subió a un andamio y nos decoró el techo del cine “25 de Mayo”.

•    La Argentina fue el primer país de América que tuvo el privilegio de deleitarse con la voz de Caruso. Ello aconteció en seis oportunidades. Enrico Caruso convivió entre nosotros 546 días. (“Caruso en la Argentina”, de Pedro Eduardo Rivero

   Enrico Caruso - "O sole mio"
                            






jueves, 9 de febrero de 2012

ACERCA DE LOS CÍNICOS

"Diógenes"  Óleo de Jean-Léon Gérôme (1860)
      En Atenas, en el siglo IV antes de Cristo, Antístenes, discípulo de Sócrates, fundó la escuela cínica en la plaza del Perro ágil, de ahí lo de cínicos, que significa hombres-perros, nombre que se dio a sus adeptos y que éstos aceptaron con cierto orgullo. El más conocido de ellos fue el sucesor de Antístenes, llamado Diógenes, famoso por su vida extravagante y por su ingenio. Se dice de él que habitaba en un tonel y que no poseía más bienes que una capa, un bastón y una bolsa de pan. (¡Así no resultaba fácil quitarle la felicidad!)
Nunca supe su nombre. Hablaba de Sócrates y Platón
como si los hubiera conocido. Fue en noviembre de 1972,
en una esquina de Villa Urquiza.
           Los cínicos exageraron y extremaron la doctrina socrática de la felicidad, y no precisamente al estilo de Rodolfo Sciammarella con sus “cuatro días locos”, sino que llegaron a identificar a ésta con la suficiencia y la supresión de las necesidades básicas de la vida. Esto los llevó a tomar una actitud de renuncia voluntaria, conservando únicamente como valores estimables la no dependencia, el poder filosofar en plena calle y el no calentarse por nada. El resultado fue, naturalmente, que la Grecia de entonces no tardó en llenarse de mendigos.
           Una vez le preguntaron a Diógenes por qué la gente daba limosna a los pobres y no a los filósofos, a lo que respondió: “Porque piensan que pueden llegar a ser pobres, pero nunca a ser filósofos.”
           Pero... cínicos eran los de antes. Ahora solemos dar ese nombre a los que, si bien siguen sin calentarse y gustan de pronunciar discursos, no renuncian a nada.

"La canción del linyera" - de Antonio Lozzi e Ivo Pelay
Canta Antonio Tormo


jueves, 2 de febrero de 2012

ACERCA DE LA PALABRA CATRIEL



          La palabra catriela, con el significado de mujer, amante, querida o concubina, hace ya mucho tiempo que ha caído en desuso. Su masculino, catriel, también hoy un arcaísmo, proviene de una voz mapuche que significa aguilucho, y como tal le dio nombre a Cipriano Catriel. Este fue un cacique pampa nacido en 1838 y muerto en 1874; tercer hijo del cacique mayor Juan Catriel, el viejo, Comandante General de los pampas y fundador de la dinastía catrielera, con asiento en las puertas del Azul. Como su padre, Catriel pasó a ser un leal colaborador del Gobierno Nacional, al que prestó valiosos servicios. Durante el gobierno de Sarmiento fue nombrado cacique general y vistió uniforme de general de la Nación. En tiempos de paz, habitaba su casa en el Azul (casa que tuve oportunidad de visitar en 1984); dormía en cama con sábanas, vestía uniforme del ejército, usaba carruaje y tenía cuenta abierta en el Banco local. De él se dijo que era un hermoso tipo de indio; arrogante y voluminoso; tanto, que podía aplastar un caballo bajo su peso y despachar a un hombre con un golpe de lanza.
Sábado 28 / I / 1984 - Casa del cacique Catriel -Azul, Prov. de Bs. As.
           Sofocada la revolución de 1874, en la que Catriel defendía la causa del general Mitre, fue hecho prisionero y entregado a los indios que militaban en las filas adversarias, donde se encontraban sus hermanos.
           Su suerte estaba echada. Lanceado en el acto, sólo alcanzó a escupir la cara de su hermano Juan José, gritándole: ¡Cochino!. Éste remató la escena decapitándolo de un saque.
           Hoy ya nadie llama catriel a un concubino. Es sólo el nombre de un pasaje en Villa Urquiza.


"Malón de ausencia" - aire de malambo
de y por Edmundo Rivero