jueves, 27 de marzo de 2014

ACERCA DE UN POEMA DEDICADO A UN GALLO DE RIÑA


Gallos que cuidé de chico. Todos de exposición.
Criador: mi abuelo Luis 
      Cuentan que antes de la Guerra del Paraguay, el General Mitre obsequió al General López con dos hermosos gallos de riña, adornados con cintas argentinas, a los que había bautizado con los nombres de “General San Martín” y “General Belgrano”. De esos gallos se dice que murieron muy viejos y sin perder riñas.
Y un gallo que no se quedó atrás ha sido, seguramente, el que le inspiró estos versos a Celedonio Flores, versos que dedicó a su amigo y "gallero" Juan Manuel Díaz y que, posteriormente, fueron musicalizados (con el nombre de "Pobre gallo bataraz", tango -no confundir con el estilo) por Pedro Mafia : 

POBRE GALLO


"Calcuta", mi preferido, al que nunca
le hice faltar el afrecho y afrechillo que compraba en lo de Viviani
Pollo enclenque que cuidé
porque eras de raza fina,
hijo de aquella gallina
que de un amigo heredé;
tu buen padre un giro fue
Y "el bataraz", el más guapo de todos.
Al que más de una vez hice pelear, con "piqueras" y "guantes",
a espaldas de mi abuelo.
que de muchacho admiraba:
fuerte al pico, púa brava,
que a otros gallos de suceso
dándoles ventaja en peso
de guapo los basuriaba.

Vos saliste bataráz,
larguirucho y mocetón
pero a taita y rezongón
todos quedaban atrás,
no sé si recordarás
que la patrona ladina 
te echaba de la cocina
cuando andabas molestando,
y vos te ibas rezongando
tras de la última gallina...

Cuando grande te apronté
para llevarte a pelear
y me cansé de doblar
la plata que te jugué
por eso es que fama eché
de suertudo y buen gallero,
y es que en cualquier reñidero
a donde a pelear caímos
a la fija que salimos
con renombre y con dinero.

Hoy que te veo tristón
y que apagado te encuentro
siento una cosa por dentro
que me aprieta el corazón.
Vos sos la última ilusión
después que aquella se fue,
y en tu amor puse tal fe
que si vos me abandonás
yo para no sufrir más
tras tu cariño me iré...


"Pobre gallo bataraz" - estilo - Música: José Ricardo - Letra: Adolfo Herschel 

Canta: Carlos Gardel



Y va de yapa
esta lista de tangos cuyos títulos nos hablan de gallos y gallinas.
Lista que me facilitó el amigo Omar Granelli.

"Bajá el gallo" - de Ernesto de la Cruz y Manuel Alba
"Cacareando" - de Delmiro Pereyra y Rodolfo Sciammarella
"¿Dónde está mi gallo?" - de A. Díaz
"El gallo" - de J. Rica
"El gallito" - de Roberto Firpo
"El gallito" - de Salvador Dibenedetto
"El gall...to" - de Carlos Nasca
"El gallito malevo" - de Javier Mazzea y Joe Ríspoli
"En la cancha se ven los gallos" - de Antonio Corrado y Mariulo
"Gallo blanco" - de José Cáceres y Adolfo Cáceres
"Gallo ciego" - de Agustín Bardi
"Gallo de lata" - de Alberto Raval y Andrés Chinarro
"Gallo viejo" - de Juan Noli y Enrique Dizeo
"Gallo viejo" - de Francisco Bohigas y Enrique Cadícamo
"Gallo viejo" - de Manuel Campoamor
"Gallo viejo" - de E. Grimbercito
"Pobre gallo bataraz" - de Pedro Mafia y Celedonio Flores
"Quiero ser gallo" - de Juan Gabino Piñeyro
"Sin plumas y cacareando" - de Antonio Fizziani
"Ya canta el gallo" - de Ricardo Arancibia Rodríguez

"Caldo de gallina" - de Ángel Pastore
"Gallineta" - de César Zagnolli y Federico Silva
"Gallinita" - de Marcos Brizzio Córdoba
"Gallinito" - de Tomás De Bassi
"La gallina" - de Juan Mallada
"La gallina papanata" - de Anselmo Aieta
"La gallineta" - de Carlos Nasca
"La gallinita" - de Vicente Loduca
"Pucherito de gallina" - de Roberto Medina


jueves, 20 de marzo de 2014

ACERCA DE LA VEJEZ

 

            El mamífero humano es, tal vez, el que muestra más cambios espectaculares en la vejez. Con ella van apareciendo modificaciones físicas, morfológicas, estructurales, funcionales y bioquímicas.
            El filólogo Roque Barcia decía: Viejo se refiere a la edad. Anciano a cualidades del espíritu. El viejo tiene achaques; el anciano, experiencia. El viejo es gruñón, egoísta, excéntrico. El anciano es discreto, prudente, resignado. El viejo es censor de la juventud. El anciano es guía. Así decimos: las canas venerables del anciano, no del viejo. La vejez se teme. La ancianidad se respeta. Las Sagradas Escrituras hablan de consejos de ancianos, no de viejos.
            A nadie le gusta que lo llamen viejo, dado que viejos son los trapos.
            Ramón Gómez de La Serna solía decir que el viejo que se resiste a envejecer en vez de llegar a viejo llega a vieja. Y yo digo -la frase se me ocurrió un día en que estaba jugando a los dados-:que ‘el hombre comienza a envejecer cuando pide que le tachen la generala’.
            Al viejo se lo suele descalificar tempranamente llamándolo jovato, pudiendo pasar a ser, colesterol mediante, un viejo choto, un viejo chocho, un viejo gagá o, en el mejor de los casos un viejo verde.
            Y en este punto, sin pensar en paradojas, recordemos que, entre nosotros, esas mismas palabras, viejo y vieja, son las que adquieren una gran carga afectiva cuando con ellas nos referimos a nuestros padres.
            ¡Cosas del idioma!

LA RECOMPENSA

Meta yugo y estudio, sin bambolla,
como si no sintiese el amasijo.
Y al aportar para llenar la olla
demostraba también que era un buen hijo.

Y así, tras el noviazgo el casamiento.
Formó flor de familia, con pendejos
que crió con amor y a todo vento,
sin olvidarse nunca de sus viejos.

Después la vida lo levó a entregarse.
Llegó a una edad en que empezó a cuidarse
y le rajó a los fasos y al alcohol.

Pero igual, la vejez lo ató de manos.
Hoy lo llevaron al hogar de ancianos
sus cuatro hijos y el colesterol.
  
 Luis Alposta 
1981
"El jubilado" - tango de Luis Alposta y Edmundo Rivero
Canta Edmundo Rivero - Orquesta de Raúl Garello

jueves, 13 de marzo de 2014

ACERCA DE FRINÉ Y EL LUNFARDO

Friné, la musa de Praxíteles
Friné era una hermosa muchacha de Tespis, ciudad griega que fue arrasada por los tebanos en el año 372 antes de Cristo. Las calamidades de la guerra la obligaron a buscar fortuna en Atenas. Y la encontró. Allí conoció a Praxíteles, el gran escultor, y no tardó en pasar a ser no sólo su modelo sino también su amante, su hetaira, su compañera. Terminó heredándolo.
Su belleza era tal que él llegó a inmortalizarla en el mármol. Se asegura que fue ella la que posó para la Afrodita desnuda, considerada la obra más estimada del arte antiguo.
Friné ante el areópago (1861), obra de Jean-Léon Gérôme
 Y una anécdota que la pinta de cuerpo entero... sin ropas, por supuesto: acusada de impiedad, fue defendida por Hipérides, un émulo de Demóstenes, quien la hizo desnudar ante los jueces, dejando a éstos con la boca abierta y a ella en libertad.
Veinticuatro siglos después,                                 la poetisa Nyda Cuniberti la recordó así:



FRINÉ

Todo el que la embrocaba gritaba ¡Dequerusa!
porque sólo mirarla le quitaba el aliento
y si bien era un poco tirando a rantifusa
ninguna otra percanta acumuló más vento.

Porque fue mina rana además de papusa,
nada de mucho mimo o de amoroso acento,
al diablo con el pobre poeta contamusa,
venga el tipo de guita, que ya después te cuento.

Friné, budín beocio, de puro casquivana
los jueces carcamanes dispusieron tu cana
pero con tus encantos hiciste tabla rasa.

Los pobres viejos verdes al junar tu belleza
recordaron de golpe con dolor de cabeza 
los loros barranqueros que tenían en casa.

"Che papusa oí" - tango de Gerardo Matos Rodríguez y Enrique Cadícamo
Canta Carlos Gardel

jueves, 6 de marzo de 2014

ACERCA DEL NEGRO RAÚL

Se llamaba Raúl Grigeras. *
Una vieja crónica nos recuerda que nació en San Telmo, en 1886.  Aunque nunca se supo, en rigor de verdad, si tenía edad. Apareció en las calles de la ciudad como un muñeco negro perdido por una comparsa carnavalesca. En seguida lo adoptaron los patoteros; los niños bien. Esos niños que, vaciando sobre él sus guardarropas, lo convirtieron en un dandy de segunda mano.
Y otro, con igual título,
con música de Juan Polito y D. Lurbes (Dimas),
y letra de Luis Rubistein y Dante A. Linyera
Algunas veces, cuando las vacas perdían precio, lo olvidaban un poco y, entonces, el Negro vendía sus sombreros, sus trajes y sus botines amarillos y aparecía por las calles con pantalones de golfer y pantuflas. Era cuando los chicos se reían del Negro Raúl y lo corrían a pedradas, como si corrieran a vejigazos por la calle a un viejo y triste payaso de circo.
Vivía en la esquina de Corrientes y Esmeralda. En la vereda. Dormía no se sabe dónde o no dormía nunca, porque estaba siempre ocupado diciendo frases ingeniosas o paseando por la calle Florida del brazo de algún elegante gracioso.
Una vez lo llevaron a París y otra, lo encerraron en un ataúd y lo enviaron de regalo a sus amigotes de Mar del Plata. 
Cuando una nueva manera de vida barrió a los patoteros, el Negro Raúl no encontró una sola puerta que se le abriera a la urgencia humana del hambre, del frío y la soledad. Alguien que se había reído mucho con las cosas de Raúl Grigeras gestionó su alojamiento en una casa de salud, donde murió en 1955, en un mundo alucinado y fantasmagórico. No muy diferente de ese otro mundo en el que le tocó vivir. 

* Raúl Grigeras falleció el 9 de agosto de 1955 en la colonia psiquiátrica “Dr. Domingo Cabred”, de Open Door. Nadie reclamó sus restos, que fueron arrojados a una fosa común.

"El Negro Raúl", por Los gauchija - en Venecia