Del análisis del lenguaje críptico de la población carcelaria surge que muchos de sus vocablos están relacionados con la conducta sexual de los internos.  El “auto” o “autito” es el homosexual pasivo; el “coche” (activo) es el que tiene pareja en el mismo pabellón. El “formula uno” es el preso más apetecible para el resto de los detenidos, y el “quitamarido” es el que consigue que su “amante” deje a su pareja heterosexual. Al homosexual también se lo llama “maraca” o “maracaibo”. Sinónimos de travesti son “trabuco”, “travesaño” y “travieso”. “Violeta” y “violín” son los nombres que se les da al violador.