jueves, 25 de octubre de 2012

ACERCA DE LA MUFA Y LA PENICILINA

Dr. Alexander Flemming
Hay palabras que pueden tener vigencia conservando su sentido originario, y luego de un tiempo de uso entrar en un cono de olvido para resurgir más tarde con otro u otros significados. Tal es el caso de la palabra mufa.
            Muff, que en alemán significa moho, hongo, pasó después al italiano transformada en muffa y designando lo mismo.
Ha sido de este idioma que la heredamos y, desde entonces, la mufa entre nosotros hizo carrera cambiando muchas veces de sentido.
Placa de Petri
con hongo productor de Penicilina
Comenzamos utilizándola no sólo para designar el moho sino también un cierto estado anímico, un bajón, una depresión poco marcada. Con este sentido figurado -que tal vez provenga de la asociación de ideas entre moho y el hecho de enmohecerse- el término mufa se hizo popular.
A partir de 1960, aproximadamente, esta palabra experimentó un resurgimiento, por variación de significado, pasando a denotar enojo, malhumor, fastidio; luego comenzó a identificarse con el desgano, el tedio, el aburrimiento, para, después, terminar haciéndose equivalente de infortunio, mala suerte. Y en este sentido ha tenido buena suerte. La mufa se concretó en el mufa y terminó desplazando al yeta, al jettattore, al fúlmine y al semáforo, lo cual no es poco mérito.
Y así como el moho dio origen a la palabra mufa, recordemos que fue también el moho, el llamado Penicillium notatum, la fuente del primer antibiótico, cuyas propiedades fueron descubiertas en 1928 por Alexander Flemming.                                                   

"La mufa"  de y por Astor Piazzolla
Concierto en el Philharmonic Hall de New York