jueves, 28 de marzo de 2013

ACERCA DE TEMAS BÍBLICOS EN VERSOS LUNFARDOS

      Enrique Otero Pizarro fue abogado, juez, educador, ministro y, por si todo esto fuese poco, fue también pintor, poeta y boxeador.
            Su obra literaria no es abundante. Escribió cuentos, teatro y poesía. En Buenos Aires, en 1967, se estrenó su drama “El proceso de Don Juan”.
            Enrique Otero Pizarro, que había nacido en Córdoba en 1915, fue un hábil sonetista, como lo demostró, por ejemplo, al parafrasear a Lope de Vega, o al abordar temas tan especialmente delicados y hondos como el de ciertos pasajes bíblicos que se refieren a Jesucristo, cuya desacralización no resulta en modo alguno irreverente; aunque sí grotesca por la conjunción de gracia y patetismo que alcanza.
Acostumbraba a firmar sus sonetos, que quedaron inéditos, con el seudónimo de Lope de Boedo.
           Y hoy quiero recordar éste (dado a conocer en mi "Antología del Soneto Lunfardo" y, posteriormente, grabado por Edmundo Rivero, grabación que, más abajo, podrán ustedes escuchar): 

         DOS LADRONES

Cristo entre los dos ladrones* 
(El lanzazo) - Rubens
Hay tres cruces y tres crucificados.
En la más alta, al diome, el Nazareno.
En la de un güin lloraba el grata bueno
mangándole el perdón de sus pecados.

Escracho torvo, dientes apretados,
mascaba el otro lunfa el duro freno
del odio y gargajeaba su veneno
con el estrilo de los rejugados.

¿No sos hijo de Dios? ¡Dale salvate!
¿Sos el rey de los moishes? ¡Descolgate!
¿Por qué no te bajás? ¡Andá, che, guiso!...

Jesús ni se mosqueó. Minga de bola...
Y le dijo al buen chorro: estate piola,
que hoy zarparás conmigo al Paraíso.



*           Dimas (el buen ladrón - a la derecha de Jesús) era de origen galileo y poseía una posada. Atracaba a los ricos, pero a los pobres les favorecía. Aun siendo ladrón, se parecía a Tobías, pues solía dar sepultura a los muertos. Se dedicaba a saquear a la turba de los judíos; robó los libros de la ley en Jerusalén, dejó desnuda a la hija de Caifás, que era a la sazón sacerdotisa del santuario, y substrajo incluso el depósito secreto colocado por Salomón. Tales eran sus fechorías.
       Gestas (el mal ladrón - a la izquierda de Jesús) solía dar muerte de espada a algunos viandantes, mientras que a otros les dejaba desnudos y colgaba a las mujeres de los tobillos cabeza abajo para cortarles después los pechos; tenía predilección por beber la sangre de los miembros infantiles; nunca conoció a Dios; no obedecía a las leyes y venía ejecutando tales acciones, violento como era, desde el principio de su vida.

"Dos ladrones" (versión no lunfarda)
Musicalizada y grabada por Edmundo Rivero 

jueves, 21 de marzo de 2013

ACERCA DE LA VERGÜENZA


La vergüenza, llamada antiguamente vergüeña, y que proviene del latín verecundia, es esa turbación del ánimo que suele encendernos el color del rostro cuando giramos en descubierto al cometer una falta o alguna acción deshonrosa y humillante. Falta o acción deshonrosa y humillante que no necesariamente debe ser la nuestra. También puede ser la cometida por otro y, en este caso, proyección mediante, es cuando uno dice que siente vergüenza ajena.
La vergüenza, la nuestra, la que suele nacer del miedo a la deshonra y el ridículo, es ese pundonor, embarazo o cortedad; ese sentimiento penoso de la propia indignidad, que, frente a determinadas circunstancias, nos hace sonrojar, ruborizar o, lo que es lo mismo, nos hace poner colorados.
Y como, por lo general, el rubor también es causado por el calor, metafóricamente esta palabra, dicha al derecho o al revés, se lunfardizó y pasó a ser sinónimo de vergüenza. Y de calor, y de lorca, por asociación con la estación anual de los bochornos, es que uno puede llegar a pasar un verano bárbaro o sentirse abochornado, que es lo mismo.
           Y a propósito, ya que hablamos de calor y de bochornos, digamos que un error conceptual es llamar “tufaradas de calor” a los sofocos de la menopausia, dado que tufarada significa olor fuerte y repentino. Algo que, si bien no es para avergonzarse, es para corregirlo. 

"Venganza" - letra y música : Lupicinho Rodríguez
Versión castellana: Augusto Roa Bastos
Arreglo y canto:  Alberto Marino

jueves, 14 de marzo de 2013

ACERCA DEL TORTONI


      El Tortoni, paradigma del café porteño, abrió sus puertas en 1858. Fue en la esquina de Defensa y Moreno. Su propietario, un inmigrante francés de apellido Touan, tomó prestado el nombre de un centenario café parisino.
            Dos décadas después, el Tortoni fue trasladado a la calle Esmeralda, justo frente al local de la Asistencia Pública, domicilio éste, en el que permaneció otros veinte años.
            Su última dirección, Rivadavia 832 (posteriormente su entrada principal pasó a ser la de Av de Mayo 829), coincidió con un cambio de dueño. Ahora el nuevo propietario, también francés, era monsieur Celestin Curuchet.
            El 25 de mayo de 1926, un grupo de intelectuales y artistas, capitaneados por Quinquela Martín, reunidos en la “Bodega” del ya legendario Café, firmaron el acta constitutiva de la Peña Asociación de Gente de Arte y Letras.
            Desde entonces, el tango, parte innegable de la cultura de Buenos Aires, estuvo y sigue estando presente en el Tortoni.
            La actuación, suficientemente documentada,  de Carlos Gardel en la famosa Peña, fue en junio de 1927, en ocasión de brindársele un homenaje a Luigi Pirandello. Aquella noche, acompañado por sus guitarristas Guillermo Barbieri y José Ricardo, nuestro zorzal deslumbró al ilustre visitante.
            Con el tiempo pasaron innumerables voces y orquestas tangueras por la Bodega y por el Palco del salón principal del café.
            Y recordemos ahora un hecho de importancia en la historia del Tango, ocurrido también en el ámbito del Tortoni: en su subsuelo, a principios de 1932 debutó la “Orquesta Porteña” de Juan de Dios Filiberto. Y el tango con el que inició su actuación, fue Malevaje

"Viejo Tortoni" (tango) Música: Eladia Blázquez - Letra: Héctor Negro
Canta: Eladia Blázquez

jueves, 7 de marzo de 2013

ACERCA DE LA DERECHA Y LA IZQUIERDA


Hablando de derecha e izquierda,
¿podés verla girar en ambos sentidos?
      EFrancia,  el  5  de  mayo  de  1789,  en  vísperas  de  la  Revolución,  Luis  XVI,  instalado  en  Versalles,  llamó  a  una  asamblea  de  representantes  de  los  tres  sectores  sociales  que  sustentaban  su  autoridad.  La  nobleza  y  el  clero  se  ubicaron  a  su  derecha  y  la  burguesía  plebeya,  en  minoría,  a  su  izquierda.
 Desde  entonces,  las  palabras  derecha  e  izquierda  pasaron  a  tener  una  connotación  política.    
 En el lenguaje del escolaso, “estar por derecha” es una expresión típica del monte con puerta. Cuando la “banca” o tallador no dispone de mucho dinero para afrontar las paradas, conviene con los puntos en que quienes jueguen “arriba”, es decir, a las cartas que se colocan en la parte superior, cobrarán por derecha, según el orden riguroso en que estén ubicados en la mesa, hasta que la plata se acabe. Con las cartas de abajo, si es que así se convino, se procederá a la inversa: se ganará o se perderá, cobrando o no  por la izquierda.
            La expresión popular por derecha, ir por derecha, significa actuar legalmente, con corrección, proceder rectamente, de acuerdo con las normas vigentes. Ir por izquierda, en cambio, llevando el estigma de lo siniestro, significa actuar al margen de la ley.
            Y a propósito, alguna vez escuché a alguien decir que el colmo de un  zurdo, es ser, además, un tipo siniestro, tener ideas de extrema izquierda y ser cardíaco.


"Zurdo" - tango de  Armando Pontier y Fedederico Silva
Canta Roberto Goyeneche