sábado, 30 de abril de 2011

ACERCA DE ERNESTO SABATO…

            El Viejo Almacén, por iniciativa de Edmundo Rivero y mía, en la primavera de 1983 decidió galardonar con el premio “Pedro de Mendoza” a los más destacados artistas, deportistas y científicos del país.
            Dicho galardón, destinado a convertirse en referente y verdadero acontecimiento para la comunidad cultural, deportiva y científica de Buenos Aires, consistió en una escultura, obra del artista Néstor Muzzopappa, en la que se representa a Pedro de Mendoza.
            El 26 de septiembre de 1983, uno de sus acreedores fue el maestro Ernesto Sabato, quien acaba de fallecer a la edad de 99 años.
Entrega de los premios “Pedro de Mendoza”. De pie: Luis Alposta y Edmundo Rivero. Sentados: Ireneo Leguisamo, Ernesto Sabato, Sigfredo Pastor, Rosita Quiroga y Joaquín Gómez Bas
            Ernesto Sabato, escritor, ensayista, físico y pintor, autor de tres novelas célebres, El Túnel; Abbadón, el exterminador y Sobre héroes y tumbasera de 1911, como Edmundo Rivero, Juan Manuel Fangio y mi padre.
            Cuando en 1979, la topadora municipal arremetió contra una parte del edificio del Viejo Almacén, uno de los presentes, el más enojado, fue, precisamente, Ernesto Sabato, quien no por casualidad se encontraba allí.
            Más tarde, Rivero manifestaría su reconocimiento en estos términos: -Con tremendo esfuerzo, el Viejo Almacén volvió a levantarse. Todavía no me explico cómo pude hacerlo, pero pienso que Sabato fue uno de los que me dio coraje.

"Amigos que yo quiero" 
Letra y música de Hugo Gutiérrez
Canta Edmundo Rivero
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jueves, 28 de abril de 2011

CON - Y SIN - CÉSAR TIEMPO EN BRUSELAS


Fue saliendo de la Biblioteca Albertina, en Bruselas, “ciudad con olor a ceniza, a plumas recién arrancadas, a vientos veleidosos”, cuando conocí a César Tiempo. Nos presentó su hijo. Los alfileretazos de una imprevista lluvia nos obligaron a buscar refugio en un café. 
Recuerdo que inició el diálogo con una pregunta: -¿Sabe Ud. qué significa Bruselas? Le dije que no y me respondió: -Proviene de la voz Brüoscella que quiere decir “morada en los pantanos”, nombre éste que viene de los tiempos del Duque Carlos de la Baja Lorena y que nada tiene que ver con el Manneken-pis, ese pibe de bronce que está en diuresis continua desde el siglo XVll. 
De mediana estatura y tórax de tenor, la figura de César Tiempo remataba en una cabeza taurina con sonrisa de fauno y ojos con anteojos que remarcaban una mirada mágica y circular. Su voz, pausada y segura, era de una gravedad cálida. Su talento y sentido del humor, inagotables. 
En aquellos días, dos noticias procedentes de la Argentina daban testimonio de la existencia de nuestro país: el rapto de Eichmann y la elección de Norma Nolan como Miss Universo. Cuando lo comenté, se limitó a decir irónicamente: -La Bella y la Bestia hubiese sido un buen titular.
En otra oportunidad, después de haberme mostrado la casa en que residió Roberto J. Payró -avenida Brugmann esquina Termidor-, hablando sobre la teoría de la relatividad, me dijo que creía más en la relatividad de las teorías y pasó al tema de los vinos franceses. Un tema que vino a cuento en el momento del brindis, dado que, a esa altura de la conversación, y creo no haberlo dicho, ya estábamos almorzando. 
Con Blanca y César Tiempo,
en casa de éste (Rosario 563) - Año 1971
Y de los cepajes pasamos a la onomástica. Así supe que a Bianchi le gustó tanto la región de Borgoña, que hasta le tomó el nombre y comenzó a firmar con dos apellidos. 
Dialogamos mucho. Además de una cultura universal, Tiempo poseía el don de saber escuchar. Me contó de sus entrevistas con Moravia y Bernard Shaw y de su amistad entrañable con Amadeo Nazzari y el torero Mario Cabré. Yo le hablé de mi estada en París, de mis versos y de los poetas surrealistas que acababa de conocer. Cuando le dije de mi encuentro con Bretón, me preguntó si los “cadáveres exquisitos” olían bien, y me siguió escuchando.
Después, durante algún tiempo -viajes y vigilias por medio- dejamos de vernos. Hasta que, un día entre los días, nos reencontramos en Buenos Aires. A partir de entonces, durante casi veinte años ininterrumpidos, pasé a ser su cofrade en la Academia Porteña del Lunfardo, el médico de Rebeca -su lúcida y nonagenaria madre- y me honré con su filadélfica amistad.

Querido César: 
Si la corriente del recuerdo me ha llevado hasta el dique, es porque en él está implícita mi admiración; y en esta breve historia, que responde a una sentencia socrática que Ud. no desconocía, va mi homenaje. 
Y así como no hay verdadero homenaje sin admiración, tampoco lo hay sin afecto, y ambos sentimientos son en estas líneas una constante.

Me gustaría que la amenidad, y su decoro, también lo fueran (y lo fuesen). 
24 de octubre de 1990


 "Palabras a mamá" - en la voz de César Tiempo 

ACERCA DE “EL IRLANDÉS”

Brendan Behan nació en Dublin el 9 de febrero de 1923.
Dramaturgo, poeta y escritor irlandés.
Militante activo del IRA, a los dieciséis años fue arrestado en Liverpool y sentenciado a tres años de prisión por intentar volar un buque de guerra inglés.
Ya en Irlanda, en 1942, fue sentenciado a otros catorce años de cárcel por el intento de asesinato de dos detectives en el funeral de unos compañeros del IRA. Al salir del penal se le encarga la misión de rescatar a un compañero de armas de una cárcel inglesa y, en 1947, lo encontramos en la prisión de Manchester, cumpliendo nueva condena. Las experiencias de la prisión fueron la principal fuente de inspiración de su obra literaria, y es, precisamente, en esa cárcel donde empieza a escribir poesía, cuentos, teatro, novela. También comienza a beber desaforadamente, un hábito que lo acompañará el resto de sus días.
Amado y vituperado; sus libros están llenos de canciones, de risas, de borracheras, de pubs, de viejas poesías irlandesas, de tradiciones.
Behan muere el 20 de marzo de 1964, a los cuarenta y un años de edad, en un hospital de Dublin, enfermo de cirrosis.
Cuanto se ha dicho acerca de él me motivó a escribir estos versos, a los que el “Tata” Cedrón les puso música.

EL IRLANDÉS
Me llamo Brendan Behan
el último de los malditos
que aunque somos pocos
somos los más prohibidos.
Nos leen en velatorios y bodas
y en todos los presbiterios,
y los libreros a escondidas;
no corréis ningún peligro.

A su memoria.
En viejos bodegones
su recuerdo pervive.
Fue un poeta ocurrente,
un hablador sublime
de voz ronca y pastosa,
cantor sentimental…
Siempre dispuesto al trago
y proclive a pelear.

Juerguista y generoso.
Gastaba su dinero
como al estar de alcohol
lo gasta un marinero.
Despreciaba a la yuta,
y hoy al brindar por él,
están los que comentan
que escribía muy bien.

Pero también hay otros
-personas respetables-
que dicen con desprecio
que era un ser deleznable.
Que era sólo un desecho,
una lacra social;
un bufón sin talento,
rico en obscenidad.

Se fue entre whisky y whisky
mientras armaba un faso....
Pero están los que cuentan
que ya puesto en la mira
murió a manos de un tira
que le metió un balazo.

Las dos versiones son válidas.

                                                                                                                                                 Luis Alposta 
                                                                                                                                                  8 / II / 2006

"El Irlandés" - Letra: Luis Alposta
Música: Juan Carlos "Tata" Cedrón 
Canta el "Tata" Cedrón 
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ACERCA DE CARLITOS CHAPLÍN

La vida es una tragedia si la ves de cerca, pero una comedia si la miras con distancia”, decía Charles Chaplin, uno de los mayores genios de la cinematografía y el humor de todos los tiempos.
Luis y Haydée Alposta - Carnavales de 1946
Procedente de una familia paupérrima, la infancia de Chaplín, propia de los más desesperanzadores relatos de Dickens, fue retratada por él de manera indirecta y genial en la película “El Pibe”. 
La figura de “Carlitos”, el célebre vagabundo de bigote, galera y bastón, ícono del cine y de la cultura popular del siglo XX, representó el anhelo de millones de personas de todo el mundo, en su constante búsqueda de la felicidad y en su aspiración a tener una vida digna y justa. Es por eso que Carlitos Chaplín fue un artista universal. Con un solo gesto, con una mirada, con su caminar “de pato” y sus piruetas, expresaba sentimientos y emociones que no hacían sino humanizarlo. Definirlo a Chaplin es definir la ternura: la semilla de una sonrisa que da el fruto de una lágrima.
Alguien dijo que, al crear a Chaplin, Dios estaba en muy buena forma, y que necesitará un par de siglos más para hacer otro genio de ese calibre. 
"Las palabras son escasas. Lo más grande que puedes decir con ellas es -elefante-" –ironizaba-, y yo, ahora, que me esfuerzo por dar con las palabras justas, siento que mi mejor homenaje es el que le rindió aquel pibe que fui. El pibe de ocho años que, en los carnavales de 1946, disfrazado de Carlitos Chaplín, se mostró feliz en el corso de la calle Bauness. 

Video de Carlitos Chaplín
(hacer click en el triángulo de play):

ACERCA DE CARMENCITA CALDERÓN

Palabras que pronuncié cuando Carmencita Calderón cumplió 100 años
Fue en el Museo Histórico de Buenos Aires “Cornelio de Saavedra”,
donde la homenajeamos el domingo 13 de febrero de 2005

El hombre es el único ser vivo que tiene que elegir su futuro, y Carmen Riso de Cancelieri supo elegir el suyo. Así fue cómo un día, guardando su título de maestra, pasó a ser la primera mujer con nombre y apellido entre las bailarinas de tango. Hoy, con sus cien años recién cumplidos, seguimos viendo en ella a la misma mujer menuda y ágil, de mirada tierna y sonrisa fácil, a la que su hermano Eduardo, entre mate y vitrola, le enseñara una tarde los primeros pasos.
Al procedimiento criollo aconsejado por Juan Filloy para alcanzar la longevidad: comer la mitad, caminar el doble y reír el cuádruple, Carmencita Calderón le agregó: bailar el quíntuple.
Nacida en Boedo el 10 de febrero de 1905, vino pronto a Villa Urquiza (calle Zado 3268), barrio en el que nació al tango en 1932. Y eso fue en el club Sin Rumbo. Los amigos, haciéndole rueda, le pidieron que bailara con José Giambuzzi, un mentado bailarín conocido por el nombre de Tarila, y ella, que sólo había bailado hasta entonces con su hermano Eduardo en el patio de su casa, aceptó.
Desde ese momento habría de formar pareja de baile con él, hasta que el mismo Tarila, una noche, le presentó a Ovidio José Bianquet, el Cachafaz.
Aquel primer encuentro frente a frente con el Cacha, se celebró en un lugar que el bailarín llamaba “su oficina”: el estaño de Talcahuano y Corrientes.
Nació esta nueva pareja en 1933 y, de ahí en más, despertó el entusiasmo enfervorizado de todos los públicos, aun de aquellos que solían mirar al tango de reojo.
Después de la muerte del Cachafaz, ocurrida el 7 de febrero de 1942, Carmencita Calderón siguió ofreciéndonos su arte y su creatividad bailando con casi todos los grandes bailarines que en el tango han sido. 
Su último compañero fue Juancito Averna, el prototipo del bailarín apasionado, un maestro en el arte “de llevar”, que se lucía haciendo lucir a su compañera.
Verla bailar en el “Mare d’ argento”, en el viejo “Filicudi”, en “El Abrojito”, en el club “Sin Rumbo”, en reuniones familiares y de amigos, y en el Teatro Colón, en el que fue homenajeada en marzo de 2002, como también lo fuera meses antes en el Salón Dorado de la Legislatura Porteña, nos ha producido siempre un goce estético que agradecemos.
En enero de 1965, hace cuarenta años, Eduardo Riso, mi primer amigo del colegio nacional, me invitó a su casa una tarde para presentarme a su tía. Y la tía resultó ser Carmencita Calderón.
Nació entonces una amistad que se prolongó hasta ahora. Una amistad que, unida a la profunda admiración que le profeso, justifica mi presencia aquí, esta noche.
La Junta de Estudios Históricos de Villa Urquiza, barrio de sus amores, es una institución que se honra en tenerla por madrina, y es, en su nombre, que le hago entrega de esta plaqueta. 
            ¡Felices cien años Carmencita!

Video: "Cuando Carmencita cumplió 100 años, bailando con Alfredo Alonso"
(Click en el triángulo de play).




ACERCA DE CELIA GÁMEZ

Fue el 12 de noviembre de 1984, en Madrid, en el teatro La Latina. Y allí estaba ella: ¡Celia Gámez! La porteña más mimada en España. La de los chotis, que ella cantaba e interpretaba como nadie: Tabaco y cerillas, Las taquimecas, La Lola y tantos otros. La que, sin perder el acento porteño, supo convertirse en una de las más populares intérpretes del alma de Madrid. La que, a poco de debutar en el teatro Romea de la calle de Carretas, cantó junto a Carlos Gardel y, desde entonces, supo del éxito constante a lo largo de toda su vida artística. 
Aquella noche de 1984, después de un largo retiro, la vimos reaparecer en un espectáculo titulado Nostalgia. Fue Sara Montiel quien la contrató junto a Olga Guillot y a Manolo Otero.
Recuerdo que ese día remató la función cantando dos tangos que había grabado y popularizado en la década del veinte. A media luz -con el que, se dice, “embobaba” a Alfonso XIII- y Araca corazón
Se estaba despidiendo de España. 
Poco tiempo después, decidió fijar definitivamente su residencia en Buenos Aires -ciudad en la que nació- y pasar los últimos años de su vida con su familia. Falleció a los 87 años. Pero ni la muerte quiso apagar el fulgor de una estrella que, todavía, es capaz de deslumbrarnos con lo mejor de su legado: sus canciones y su recuerdo.

Fue el 12 de noviembre de 1984, en Madrid, en el teatro La Latina -Vicky y yo recién nos habíamos casado-, que nos cantó a capela en su camerino los primeros versos de Bandoneón arrabalero. 









Audio: "Bandoneón arrabalero"
Tango de Pascual Contursi y Juan Bautista Deambrogio (Bachicha)
Canta Celia Gámez.
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ACERCA DE CÉSAR TIEMPO

Alguien ha dicho que no se van los que dejan su presencia en lo que aman. Y César Tiempo, que amaba lo que hacía, dejó la suya en el tono de muchas páginas impregnadas de una porteñidad esencial y no adjetiva. 
Alguna vez le oí decir:

No me importan los desaires 
con que me trate la suerte. 
 He nacido en Ekaterinoslav.
¡Argentino hasta la muerte!

¡Y lo fue! Este “hermano de raza y de mudanzas de Alberto Gerchunoff y de Jacobo Fijman”, tan ucraniano como Tatiana Pavlova y Berta Singerman, completó su metamorfosis porteña precozmente, cuando a los ocho años comenzó a trabajar en la imprenta de los hermanos Porter, sus tíos, y en el almacén de al lado lo conoció a Betinoti y a Enrique Banch.
Después, con los años, y no muchos, Israel Zeitlin, aquel joven alegre, en cuya cabeza bullían los versos de una mujer triste, pensando, seguramente, que eso era mucho menos nocivo que ser un joven triste que pierde la cabeza por una mujer alegre, se despidió de Clara Beter y pasó a ser César Tiempo para siempre.
Un Tiempo que, en 1930, con su Libro para la Pausa del Sábado, ganó el Primer Premio Municipal de Poesía y nos mostró el camino hacia el huerto imaginario de la descansada Vida, en el que, al menos por un día, se puede conversar mano a mano con el Hacedor. 
Desde entonces, su presencia no ha sido la de un poeta ornamental que se pavonea como un compadre en el pórtico de la Literatura. 
Con su humor, con su ironía sin maldad, con su ternura y su tristeza, ha sido siempre un hombre ajeno a las conveniencias inmediatas o de superficie.
Fue un auténtico poeta y punto.
Fue la suya un alma popular de las que transitan por su humano destino sin más bagajes que el talento y una máquina de escribir.
El sentido ampliamente humanista de sus poemas, nutridos de una vasta cultura, tenían resabios de una antiquísima tradición. Sin duda, los auténticos mayores de César Tiempo han sido los antiguos profetas de Israel, aquellos profetas de la legua que, como Elías, el irascible y tremendo vagabundo; Isaías, el omnividente o Jeremías y demás compañeros del éxodo y del llanto, nunca tuvieron que recurrir a más fogosidad que la del celo cardíaco que los alimentaba. 
Su poesía es la que parte de una realidad concreta: la de la injusticia y la de los hombres que padecen.
En 1937, cuando Aníbal Troilo debutaba con su orquesta en el Marabú, al día siguiente de haber pegado yo mi primer berrido, nuestro amigo festejaba el Premio Nacional de Teatro que acababa de recibir por su obra Pan Criollo
Otros días y otras voces. Se dio el lujo de estrenar con Camila Quiroga, Enrique Muiño, Elías Alippi, Luis Arata, Raúl Rossi, Luis Sandrini, Pierina Dealessi y otros grandes. 
En Los Catorce con el Tango formó dupla autoral con Enrique Delfino y nos dejó su tango “Como nadie”. 
Se la pudo piyar y no lo hizo. 
Alguna vez, cuando alguien confundió su nombre con el de su amigo César
Bruto, aclarando el error se limitó a decir: - La diferencia está en que el tiempo pasa y los brutos quedan.

"Autobiografía" - en la voz de César Tiempo
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ACERCA DE CÓMO LOS JAPONESES CONOCIERON A ROSITA QUIROGA

Junzaburo Mori, bien puede ser considerado, junto con el barón Megata, su amigo, el primer gran difusor del tango argentino en Japón. Autor de innumerables artículos sobre el tema y de libros tan importantes como Tango (primer libro de autor japonés que abordó este tema), editado en Tokio en 1930, y El baile argentino (un método para bailar el tango), publicado en la misma ciudad en 1933.
Rosita en casa de Alposta con Yoshihiro Oiwa y Sra. - 21 de agosto de 1983
Y ahora, en relación a la importación de discos argentinos por parte de los japoneses a comienzos de la década del treinta, quiero rescatar una anécdota de la que el mismo Mori fuera protagonista.
Por especial solicitud a la compañía grabadora Victor-Japón, él había conseguido que le importaran discos de tangos argentinos, totalmente instrumentales, ya que los quería para su difusión bailable.
En uno de los envíos le llegó, por error de despacho, el que sería el primer disco de folklore enviado a Japón: una ranchera y un gato de don Andrés Chazarreta, y una placa de Rosita Quiroga interpretando los tangos Julián y Negro.
Según me relató el señor Mori, a quien tuve oportunidad de visitar en 1976, el particular estilo de Rosita Quiroga lo emocionó tan profundamente que fue el factor determinante para que cuatro años más tarde, conjuntamente con Tadao Takahashi, al editar el primer álbum de tangos en Japón, la incluyera con Vieja Guitarra. Y ese fue el tema que sirvió para hacer conocer a Rosita en el país nipón.

Audio: "Japonesita" (fox - trot) - Canta Rosita Quiroga - año 1927
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ACERCA DE DISCÉPOLO

Hablar de Enrique Santos Discépolo es hablar del autor que mejor ha expresado la angustia y el desamparo del hombre de su tiempo. Es hablar del vate que nos transmitió una filosofía escéptica y una desencantada concepción de la vida. Y es hablar, también, de uno de los raros letristas del tango en los que se advierten instancias religiosas, tan exaltadas como para asumir matices de vituperio, aunque sin llegar a la blasfemia.
Caricatura de E. S. Discépolo realizada "a máquina" por Yoyi Kanematz, dedicada a su amigo Luis Alposta
Es por eso que, a la hora de expresar la orfandad o la impotencia ante las injusticias sociales o el desamor; recurrimos a sus letras y podemos, a través de ellas, dar cabal expresión a las circunstancias adversas que nos han tocado y nos siguen tocando vivir.
Con sus letras, buceando en la psicología del hombre de la ciudad, Discépolo nos dejó una metafísica del espíritu porteño y una síntesis dramática de la realidad.
La suya es una poesía de rechazo del mundo corrupto, rechazo sostenido por un único testigo: el puro, el inocente, el desprotegido, el “apartado”. Todos ellos parecieran ser la proyección de la imagen ideal del poeta mismo, que se convierte así en el personaje central, testigo, pero a la vez víctima del proceso de la corrupción.
La secreta luminosidad de sus tangos sigue siendo un refugio de privilegio para la fraternidad de los solitarios que tiende a incluirnos a todos, ya que el destino final del hombre de hoy parece ser la soledad. 
A ciento diez años de su nacimiento (27 de marzo de 1901) así lo seguimos recordando: profundo y filosófico, sarcástico y tierno. 

"Yira Yira"  de Enrique Santos Discépolo
Canta Carlos Gardel

ACERCA DE "CAMBALACHE"

Enrique Santos Discépolo supo captar como nadie no sólo los conflictos íntimos sino también laproblemática social del hombre de su tiempo, y lo hizo con letras que aún se siguen cantando como si hubieran sido escritas hoy a la mañana.
Discépolo se convirtió, así, en portavoz del hombre de la calle, del hombre anónimo, del que ve pasar la vida sin orden ni destino, llevando en su memoria el tango “Cambalache” como un estigma. Un tango que, si bien sintetiza el panorama social de la llamada Década Infame, terminó radiografiando y ecografiando todas las que vinieron después, aquí y afuera. 
Un tango que nos habla de un mundo cada vez más envilecido; un mundo que cada vez sigue perdiendo la fe en más cosas y que asiste, desorientado, al derrumbe de todos los valores.
Desde que fue escrito, la crisis no ha dejado de morder “y ya no hay quien niegue / que el siglo XX es un despliegue / de maldad insolente.”
Los náufragos ya ni encuentran una ballenita a la que aferrarse, y hasta la misma vidriera en la que veíamos “llorar la Biblia contra un calefón”, ha tenido que bajar la cortina. 
¡Cambalache! Un testimonio triste que se canta.

"Cambalache" de E. S. Discépolo
Canta Tita Merello
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lunes, 25 de abril de 2011

ACERCA DE OLGA GUILLOT

Fue el 12 de noviembre de 1984, en Madrid, en el teatro La Latina, en el espectáculo llamado Nostalgia, en el que actuó junto a Sara Montiel y Celia Gámez. 
Esa noche, la Reina del Bolero, cantó, entre otros temas, Contigo en la distanciaTú me acostumbrasteSiboneyEsta tarde vi llover... y, sobre todo, su santo y seña, Miénteme. Y lo hizo -como siempre- con su especial sensualidad, dramatismo y aterciopelada voz. 
Cantó y contó con orgullo: 
- A los 20, cuando todavía me consideraba “una niña”, tuve la oportunidad de cantar con la gran Edith Piaf en Cannes, pero a mi regreso a Cuba nadie me creyó. Hasta se rieron de mí. Sin embargo, dos años más tarde la diva francesa visitó un escenario de La Habana y, en medio del espectáculo, interrumpió su presentación y me saludó. Y ahí sí me creyeron. 
Olga Guillot, la que comenzó cantando tangos a los nueve años; la que después convirtió en éxitos aquellas melodías de la bohemia habanera; la que terminó con el mito de que las mujeres no vendían discos; la que fue figura máxima del bolero por más de seis décadas, tenía, además, mucho sentido escénico. Sabía cómo poner de pie al público. 
"El bolero es mi escuela, mi género, mi estilo", decía siempre. "El bolero es poesía y existirá mientras haya poetas". 
Y aquella noche, en la que al finalizar la función Vicky y yo fuimos a saludarla a su camerino, terminó su actuación cantado un tema en el que hay un presente irreemplazable: Adoro, de Armando Manzanero. 

"ADORO" - de Armando Manzanero - canta Olga Guillot
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ACERCA DE PALABRAS Y AIRES LUNFARDOS EN POESÍA

A la hora de ponerse uno a escribir, mucho más que en la prosapia de las palabras, lo que importa es indagar en el color y el calor que puedan ellas proporcionarnos para lo que se quiere expresar. Es por eso que el lunfardo no es únicamente una cuestión de términos, sino también una cuestión de tono y de intencionalidad. 
Digamos, además, que no se trata de un vocabulario independiente, dado que ya vive dentro de nuestra lengua sirviéndose de su fonética, su sintaxis y buena parte de su léxico. Aparte de su valor críptico o esotérico, preferentemente dentro del ámbito carcelario y delictivo, el lunfardo es, esencialmente, un conjunto de voces de muy diversos orígenes que se introducen en la conversación familiar de todas las clases sociales con fines expresivos, irónicos o humorísticos. 
Se ha dicho que el mecanismo del lenguaje popular es esencialmente metafórico y que “al pueblo, por instinto artístico, le place el uso de palabras con acepción figurada”. De ahí que haya sido precisamente en la poesía donde el lunfardo ha venido a encontrar un mejor destino literario. 
Sé bien que el hecho de “escribir en lunfardo” implica un riesgo. Se puede caer en el puro alarde y en el mero virtuosismo de manejar palabras sacadas de un diccionario, olvidando así que la poesía, como la literatura en general, no es un simple juego de malabares, sino una propuesta de mensaje y comunicación. 
Y sé, también, que es mediante nuestro lenguaje de todos los días -el de entrecasa- que podemos encontrar el valor permanente del mensaje, comunicar lo que creemos importante comunicar y aspirar a que permanezca.

"POEMA NÚMERO CERO" de Luis Alposta y Edmundo Rivero
Canta Edmundo Rivero
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ACERCA DE LA GUITARRA DE JOSÉ BETINOTI

Tumba de Betinoti, en la Chacarita
Muchas veces, el límite entre la realidad y la leyenda se nos desdibuja. Y eso ocurrió cuando nos dijeron que en el mismo momento en que José Betinoti moría, una cuerda de su guitarra se cortó en forma inesperada.
Pero fue así. 
María, su mujer, se lo contó al periodista Manuel Castro de esta manera:

- Aquella madrugada, cerca de las cinco, Pepe vino con un fuerte dolor de cabeza y se durmió con sueño intranquilo, quejumbroso. A la mañana, cuando le dejé para atender mi tarea en el taller, parecía calmado; pero, a la tarde me llamaron con urgencia. “¡Ataque cerebral!” - sollozó mi cuñada Ángela, al comunicarme el diagnóstico médico. Ella y yo, los hermanos de Pepe: Juan, Ernesto y Enrique, y el payador Ambrosio Río, velamos su agonía aquella noche interminable. Al día siguiente llegó su madre y tuvo que retirarse, indispuesta y con la pena de que Pepe no la reconociera. Anocheció de nuevo, sin esperanzas... Uno de sus hermanos, que procuraba contarle el pulso, se irguió de pronto, diciéndome: “¡Coraje, María!”... Y en el mismo instante sentimos una leve queja, metálica, vibrante, larga... Al rato, después de tranquilizarnos, Río, con seguro instinto de músico y poeta, abrió la caja de la guitarra, de esa guitarra de la cual alguna vez sentí celos, y nos la mostró en silencio: a la altura de la boca, siempre abierta en asombro, siempre dispuesta a cantar, la prima se había cortado... 

Y así fue como la guitarra del último payador lloró su muerte.



"Pobre mi madre querida", por José Betinoti
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ACERCA DE LA METEMPSICOSIS Y GABINO EZEIZA

La metempsicosis es una creencia de origen oriental, según la cual el alma, después de la muerte, transmigra a otros cuerpos más o menos perfectos, conforme a los méritos alcanzados en la existencia anterior. Sería algo así, como un gradual ascenso en un escalafón de almas.
Entre los antiguos griegos, la metempsicosis o transmigración del alma era una doctrina asociada en forma estrecha a los discípulos de Pitágoras. Para ellos, el alma sobrevivía a la muerte física, purificándose en una serie de renacimientos en otros cuerpos, hasta quedar libre para siempre de las reencarnaciones. 
Entre nosotros, el 15 de mayo de 1897, en el teatro Progreso de Lomas de Zamora, en un memorable encuentro entre los payadores Gabino Ezeiza y Pablo Vázquez, alguien del público, queriéndolo poner a Gabino en un aprieto, le propuso el tema de “la metempsicosis”. 
Gabino, al recibir el pedido, hizo un prolongado preludio en su guitarra, como queriendo adivinar qué “diablos” significaba esa palabra. 
Los segundos parecían horas, la guitarra seguía sonando y algunas “tosesitas” lo volvieron a la realidad. Fue entonces cuando no lo pensó más, trató de individualizar entre el público a quien lo había metido en tal brete y respondió:

                                                          “Al que me mete en psicosis...
                                                           Al que me mete en psicosis
                                                           le digo en estilo vario...
                                                           por qué al mandarme el temita
                                                           no me mandó el diccionario.”

"Endecha", por Gabino Ezeiza (grabación del año1913)
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ACERCA DE ALGUNAS VOCES DE ORIGEN GUARANÍ

Los primeros conquistadores españoles que llegaron a nuestras tierras, hablaban, como se sabe, el viejo idioma de Castilla, y quienes aquí habitaban, sin entrar en detalles geográficos ni dialectales, hablaban el quichua, el guaraní o el mapuche.
De ese encuentro entre los dos idiomas, el español y el aborigen, como lógica respuesta al intercambio, han pasado al uso popular y coloquial algunas voces. Aunque, en este aspecto, del guaraní debemos decir que casi no ha dejado rastros. Apenas un par de palabras. Y vayan como ejemplo algunas de ellas:
Bataraz = pop. Pinto, plomizo y blanco. Bombachas batarazas // Gallinas batarazas || Antiguo billete de cincuenta pesos (por el color). Del guaraní mbatar.
Catinga = adj. Del guaraní catí, olor desagradable y muy fuerte, en especial de origen corporal.
Caracú = sust. El tuétano de los huesos de las patas del animal. // El meollo de un asunto.
Gurí = sust. masc. Varón joven en su infancia o mocedad. Del guaraní ngiri: muchacho. Ámbito: NE de Argentina, Paraguay y Uruguay.
Caburé = sust. masc. Ave carnicera que con su chillido aturde y paraliza a otros pájaros al acercarse para devorarlos. Del guaraní kaburé. Le atribuyen la propiedad de atraer fortuna al que logra domesticar un caburé -cosa bien difícil- o conservar ocultas sus plumas. con el mismo significado // Hombre que resulta irresistible para las mujeres.
            Y en este punto, bien viene a cuento recordar el tango “El caburé”, de Arturo De Bassi, y que Carlos Gardel, en el tango “Los Indios”, de Canaro y Caruso, en guaraní, le canta a una kuñataî como un auténtico kuimba'e.

 Gardel en guaraní - Tango "Los Indios"
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ACERCA DE ALGUNAS EXPRESIONES NACIDAS EN EL HIPÓDROMO

Entre las muchas expresiones que han trascendido el ámbito turfístico, popularizándose, extraigo unas pocas, y son éstas: 
Poner el número, es una expresión que deriva de la colocación de los resultados en las pizarras de los hipódromos, y que se utiliza como sinónimo de éxito o triunfo.
Cuando se dice que un caballo es número puesto, se da por sobreentendido que no puede perder. 
Salir de perdedor es ganar su primera carrera un caballo, y pasa a significar, fuera del turf, dejar de tener mala suerte en cualquier empresa o actividad.
La colorada, disco de llegada en los hipódromos, es de todos conocida en el sentido de bandera, especialmente bajo la forma primero en la colorada, o sea, primero en llegar. 
Largar parado que es quedarse detenido un caballo en el momento de la partida, pasa a significar fracaso; iniciar mal una cosa o quedar descolocado en una competencia. 
Aprontar, en el leguaje del turf, es ejercitar un caballo para mantener o recobrar su buen estado físico, y apronte es la carrera de ensayo. En cuanto a irse en aprontes, se emplea mucho en el sentido de perder el tiempo en preparativos. Y por último, no correr, usado preferentemente en tercera persona del presente, se aplica a quienes no participan en algo o que no tienen posibilidades de éxito.
Y de yapa vaya una para iniciados: correr de atrás quiere decir contener el caballo en una carrera manteniéndolo detrás de los punteros, para poco antes de la llegada ganar de atropellada. Algo así como ser escondedor, que le dicen.

 "Leguisamo solo", de Modesto Papavero - Canta Carlos Gardel
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ACERCA DE ADÁN Y EVA Y EL TANGO "DESDÉN"

       El poeta John Milton, en “El Paraíso perdido”, nos cuenta que Eva probó del fruto prohibido, y buscó más tarde, llorando, que Adán hiciese lo mismo.
            Aunque la belleza de Eva lo embelesaba, Adán luchó durante tres horas contra la tentación de comer y hacerse igual a ella; mientras tanto, tenía la manzana en la mano.
            Por fin dijo: “Eva, prefiero morir a sobrevivirte”. 
            Hasta aquí, lo dicho por Milton.

            Y, agrego, de haber existido entonces el tango “Desdén”, de Gardel y Battistella, Adán no hubiese dejado de recordar estos versos:
 
                                                     “Sin embargo ante el Eterno
                                                      será el mismo mi desdén...
                                                      En mi amor profundo y tierno
                                                      por seguirte hasta el infierno
                                                      ¡yo despreciaré el Edén!”

            Después, probó el fruto.
            Y Dios castigó a Eva por haber causado la Caída del Hombre. Y los mitógrafos también aportaron lo suyo, haciendo que se formara de una costilla de Adán, anécdota que se basa, al parecer, en la palabra hebrea tsela, que significa “costilla”, y también “infortunio”. ¡Y vaya si lo fue!
            Una vez expulsados del Paraíso, Adán, “aullando entre relámpagos, perdido en la tormenta de su noche interminable” (como diría Discépolo), rogó el perdón de Dios e hizo penitencia en un caudaloso río durante siete semanas. Y aquí, una vez más, nuestro primer padre bien pudo habérsele anticipado a Battistella con estas palabras:
 
                                                     “...Puede ser que el Dios piadoso
                                                          quiera darme su perdón.”


Audio: "Desdén". Tango de Gardel y Battistella, por Carlos Gardel.

Video: "La Creación"

jueves, 21 de abril de 2011

ACERCA DE TEMAS BÍBLICOS EN VERSOS LUNFARDOS

      Enrique Otero Pizarro fue abogado, juez, educador, ministro y, por si todo esto fuese poco, fue también pintor, poeta y boxeador.
            Su obra literaria no es abundante. Escribió cuentos, teatro y poesía. En Buenos Aires, en 1967, se estrenó su drama “El proceso de Don Juan”.
            Enrique Otero Pizarro, que había nacido en Córdoba en 1915, fue un hábil sonetista, como lo demostró, por ejemplo, al parafrasear a Lope de Vega, o al abordar temas tan especialmente delicados y hondos como el de ciertos pasajes bíblicos que se refieren a Jesucristo, cuya desacralización no resulta en modo alguno irreverente; aunque sí grotesca por la conjunción de gracia y patetismo que alcanza.
Acostumbraba a firmar sus sonetos, que quedaron inéditos, con el seudónimo de Lope de Boedo.
           Y hoy quiero recordar éste (dado a conocer en mi "Antología del Soneto Lunfardo" y, posteriormente, grabado por Edmundo Rivero, grabación que, más abajo, podrán ustedes escuchar): 

                                                                  DOS LADRONES

Cristo entre los dos ladrones* (El lanazazo) - Rubens
Hay tres cruces y tres crucificados.
En la más alta, al diome, el Nazareno.
En la de un güin lloraba el grata bueno
mangándole el perdón de sus pecados.

Escracho torvo, dientes apretados,
mascaba el otro lunfa el duro freno
del odio y gargajeaba su veneno
con el estrilo de los rejugados.

¿No sos hijo de Dios? ¡Dale salvate!
¿Sos el rey de los moishes? ¡Descolgate!
¿Por qué no te bajás? ¡Andá, che, guiso!...

Jesús ni se mosqueó. Minga de bola...
Y le dijo al buen chorro: estate piola,
que hoy zarparás conmigo al Paraíso.

*           Dimas (el buen ladrón - a la derecha de Jesús) era de origen galileo y poseía una posada. Atracaba a los ricos, pero a los pobres les favorecía. Aun siendo ladrón, se parecía a Tobías, pues solía dar sepultura a los muertos. Se dedicaba a saquear a la turba de los judíos; robó los libros de la ley en Jerusalén, dejó desnuda a la hija de Caifás, que era a la sazón sacerdotisa del santuario, y substrajo incluso el depósito secreto colocado por Salomón. Tales eran sus fechorías.
       Gestas (el mal ladrón - a la izquierda de Jesús) solía dar muerte de espada a algunos viandantes, mientras que a otros les dejaba desnudos y colgaba a las mujeres de los tobillos cabeza abajo para cortarles después los pechos; tenía predilección por beber la sangre de los miembros infantiles; nunca conoció a Dios; no obedecía a las leyes y venía ejecutando tales acciones, violento como era, desde el principio de su vida.

"Dos ladrones" (versión no lunfarda)
Musicalizada y grabada por Edmundo Rivero 

martes, 19 de abril de 2011

ACERCA DE BENVENUTO CELLINI

Benvenuto Cellini nació en Florencia, en el 1500, y se inició como aprendiz de orfebre a la edad de 15 años. Fue discípulo de Miguel Ángel durante corto tiempo y llegó a ser un destacado escultor y uno de los grabadores y orfebres más importantes del Renacimiento italiano. 
A los 16 años tuvo que exiliarse en Siena a consecuencia de su apasionado temperamento que lo llevaba a involucrarse continuamente en duelos y peleas. Sus Memorias no sólo ofrecen un retrato valioso de la vida política, social y eclesiástica del siglo XVl, sino también un ameno relato de sus huidas, aventuras e intrigas.
Considerado como un prototipo del hombre del Renacimiento, Benvenuto Cellini fue alguien que, al mejor estilo de los cuchilleros de Borges, supo cargar sobre sus espaldas más de una muerte. Tenía su taller de orfebrería en el Ponte Vecchio, sobre el río Arno. 
Por sus aires lunfardos y a falta de un tango que lo recuerde, valga este soneto que escribí en Florencia en 1975:

A una sombra del 1500

                                                         En la ciudad en que la flor del lirio
                                                         es emblema y el Arno la atraviesa,
                                                         creo ver una inmensa fortaleza
                                                         concebida entre el arte y el delirio.

                                                         Allí perdió el infierno su secreto
                                                         y Boccaccio escribió el Decamerón.
                                                         Y sabe Dios al pie de qué balcón
                                                         Petrarca a Laura le leyó un soneto.

                                                         Es en esa ciudad, cuando oscurece,
                                                         que sobre el Ponte Vecchio me parece
                                                         ver entre sombras la crispada mano.

                                                         Pero el día me vuelve a la certeza.
                                                         El buril o el cincel ya no interesa
                                                         y hay un puñal que está aguardando en vano.

Ob. de la ópera "BENVENUTO CELLINI", de HÉCTOR BERLIOZ
Sinf. de Montral
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Busto de Benvenuto Cellini en el Ponte Vecchio





ACERCA DE BARRIOS Y "CASTILLOS"

El Diccionario de la Lengua Española nos dice, sin más trámite, que barrio es cada una de las partes en que se dividen los pueblos grandes o sus distritos. Pero en nuestra parla cotidiana y en nuestro sentir, ¡para nosotros!, hay algo en ello mucho más abarcativo y profundo. El barrio -en el que nos aquerenciamos-, en todo el tiro de su significado es un sentimiento y es expresión de una tradición cultural; expresión de una persistencia histórica de elementos que lo caracterizan, que lo identifican y lo diferencian. Es un espacio en el que se convive. Es el lugar en el que se conoce (o debiera conocerse) a todo el mundo.
La identidad barrial es la que se construye (o debiera construirse) a través de las relaciones e interacciones entre vecinos. El barrio es concebido (o debiera serlo) desde la pertenencia y la identidad, tanto individual como colectivamente. 
Un barrio, es mucho más que un caserío y un conjunto de calles que lo delimitan. Es cuanto llevó a Carlos A. Petit y Rodolfo Sciammarella a escribir Los cien barrios porteños, aquel vals que popularizara Alberto Castillo y que diera origen a la no menos popular expresión: -¡De qué barrio sos que Castillo no te nombra!  
Y fue así que, después… siempre el después… en nombre de la inseguridad y de una supuesta “mejor calidad de vida”, rejas y country o barrio privado mediante, se ha llegado a poder invertir los términos de la expresión citada: -¡De qué “castillo” sos, que el barrio no te nombra!



"Así se baila el tango" y "Los cien barrios porteños" - Canta Alberto Castillo
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