jueves, 5 de enero de 2017

ACERCA DEL DÍA QUE FUNDAMOS LA REAL ACADEMIA DE LOS MENDIGOS DEL OCIO

ACTA FUNDACIONAL
LA REAL ACADEMIA DE LOS MENDIGOS DEL OCIO inició su desperezo el 21 de mayo de 1972.
Rafael Jijena Sánchez y
Luis Alposta
         Inspirados en los artículos 24 y 27 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre nos reunimos aquel día Rafael Jijena Sánchez, Jorge Alberto Bossio, Arturo López Peña, Juan Oscar Ponferrada y yo. 
         Después de discutir el proyecto de crear una entidad, con el propósito de propender al cultivo del ocio y el sano humor, se dio por fundada la nueva Academia.
         Más tarde, se incorporaron a ella Manuel Augusto Domínguez y César Tiempo, siendo este último elegido presidente.
Jorge Alberto Bossio
         Luego de aceptar su inclusión como miembro fundador y sugerirnos adoptar como lema: Chi ha Umore, ha Sapore, procediendo como un auténtico maestro, nos ha brindado siempre el sano ejemplo de no concurrir nunca, a ninguna de las muchas reuniones que jamás hemos realizado.
César Tiempo

         Aquella tarde de mayo uno de nosotros recordó que en Francia, en junio de 1936, el gobierno de León Blum había creado una Subsecretaría de Estado de los Ocios. Pensamos entonces que no resultaría ocioso poner bajo su advocación la silla de nuestro presidente. Así lo hicimos y nos abocamos de inmediato, a la tarea de repartirnos unos bizcochitos con grasa y redactar los estatutos.
Arturo López Peña

         En ellos, en el primer artículo, al hablar de la Naturaleza y Realeza, de los Fines y Confines de la Academia, dijimos:

1)    Invocando los manes de Jean Batista Basile, y los desmanes de Don Francisco de Quevedo y Villegas, créase, o no, la Academia de los Mendigos del Ocio, cuya naturaleza es real y cuya realeza es natural.
2)    Son fines de la Academia, dar por finalizado desde su comienzo todos los actos conducentes a:
Juan Oscar Ponferrada
a.    ponderarse, promocionarse, postularse, enajenarse y proclamarse.
b.    creerse, imponerse, promoverse, enloquecerse y proponerse.
c.     difundirse, atribuirse, exhibirse, confundirse y engrupirse.
3)    Son sus confines las agrias limitaciones de la vigilia oficiosa, con sus opciones, portones, paredones y demás odiosos circunloquios.
Manuel Augusto Domínguez
En el artículo segundo, al tratar sobre el afincamiento de la Academia, pensamos que, al no ser necesaria al ocio radicación alguna, podríamos presumir nuestro domicilio en cualquier estancia imprevisible.
Finalmente, en el artículo tercero, resolvimos que la Academia no podría tener más bienes que aquellos derivados de la legítima ociosidad de sus componentes. A saber: horas baldías, bostezos llenos, sueños empedernidos, desperezos metafísicos, nostalgias bochornosas, gran dignidad jubilatoria y piojos respetuosos de los derechos del hombre. 
Todo ello perezosamente acumulado. 
                                                                                                  Luis Alposta

Y ahora, ¡qué mejor que este tango! ¡Y por Pugliese!