jueves, 5 de mayo de 2011

ACERCA DE LA CAPILLA Y EL MANTO SAGRADO

Quien se convirtiera en el primer santo no mártir posterior a la oficialización del cristianismo, nació en Panonia, actual Hungría, en el año 316 después de Cristo. Su nombre era Martín. De él se sabe que a los 15 años ingresó al ejército romano y se dice que hallándose en pleno invierno con su legión en una zona de la Galia, se encontró con un harapiento y como no tenía nada para darle, tomó su espada, cortó su capa y le entregó la mitad.
Centurión pidiendo documentos
            Una noble tradición nos dice que en Tours, Francia, existía un pequeño templo que habría guardado la mitad de aquella capa. Capa pequeña o capita, en latín se denomina “capella”. Y de ese nombre, “capella”, deriva el término “capilla” que es el que reciben las iglesias más o menos chicas, en memoria de aquella que guardaba la media capa de quien sería más tarde San Martín de Tours, patrono de la Ciudad de Buenos Aires.

Con respecto al manto de Jesús, los centuriones se lo jugaron a los dados pero entero. En el salmo 22.19 leemos: ”se repartieron mis ropas y echaron suerte sobre mi vestimenta”.
Veinte siglos después, Enrique Santos Discépolo, en Yira Yira; lo dirá de esta forma:


              “Cuando manyés que a tu lao
                 se prueban la ropa
                 que vas a dejar... “

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