martes, 31 de mayo de 2011

ACERCA DEL ELEFANTE

Un elefantólogo amigo solía decir que cada elefante tiene su frase según el color o el lugar en que se encuentra. Y tenía razón. 
En el jardín del hotel - Nueva Delhi - marzo de 1981
La expresión “elefante blanco” alude a cosa muy cara, a cosa que cuesta mucho mantener; a posesiones que tienen un costo de manutención mayor que los beneficios que aportan. 
 En cambio, recurrir a la imagen de “un elefante en un bazar” es hacer referencia a un botarate; a la manifiesta torpeza de alguien que puede ser lesivo en determinado lugar o circunstancia. Y cosa muy distinta es hablar de “pata de elefante”, que es como popularmente se llamaban a los pantalones Oxford, aquellos que estuvieron de moda en los años 60. 
En cuanto al elefante como amuleto, recordemos que tiene una procedencia hindú que surge de la leyenda de Ganesha, el dios con cabeza de elefante, hijo del dios Siva y la diosa Parvati. Un dios al que solían invocar no sólo mercaderes y comerciantes sino, también, literatos y poetas en busca de inspiración. 
Durante la primera mitad del siglo XX el elefante “de la buena suerte” adquirió fama en el mundo occidental, representándoselo en posición de marcha y con la trompa levantada y doblada hacia atrás, como impidiendo que la buena suerte se escapara. 
 Y tener “memoria de elefante” es recordar, entre otras muchas cosas, los versos de El elefante Trompita, la popular canción infantil de Tito Alberti compuesta en 1947. Y es, también, recordar aquellos versos del tango “En un corsito de barrio, de Yiso y Aznar, que dicen:       

                                                             Cuando la vi peligrosa
                                                             le dije en tono galante:
                                                             -Mañana, mi sol brillante,
                                                             ¿dónde la puedo encontrar?
                                                             -¿Mañana? En el Shangri-La.
                                                             ¡Soy la mujer elefante!
       


"El paso del elefante" (danzón) - baila Cantinflas
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lunes, 30 de mayo de 2011

ACERCA DEL AZUL

Parece ser que en la antigüedad no existía una palabra para designar con precisión al azul, un color que provocó siempre cierto rechazo hasta que la Virgen, como observó Michel Pastoureau, fue en su ayuda. 
“Agapantos” (pastel)
Luis Alposta - 1982

En la Grecia antigua, ese color no se usaba para describir ni el cielo ni el mar, y el término glaukos, con el que se lo aludía, tanto podía ser el verde, el gris o el amarillo. 

Para los romanos, el cielo era rojo, asociado al blanco y al oro, pero nunca azul. La actitud de los ciudadanos de Roma frente a este color oscilaba entre la indiferencia y la hostilidad. Nadie se vestía de azul: era el color de la muerte, del duelo y los infiernos. A los varones que se atrevían a llevarlo se los consideraba afeminados; en el teatro era el color con que se representaba a los locos, y el tener ojos como los de la Pulpera de Santa Lucía, se consideraba una desgracia física. 

A partir del año 1000, aproximadamente, los pintores más destacados de entonces comenzaron a darle ese color al manto de la Virgen, y el azul pasó, no sólo a expresar una nueva concepción del cielo y de la luz, sino también a ser uno de los colores preferidos. 

Mucho después, y ya entre nosotros, asociado al romanticismo y la bohemia, con azul de la ropa mediante, habría de darle color a un cuartito en el que Mario Battistella y Marianito Mores compusieron un famoso tango. Era un Cuartito azul que estaba ubicado en Terrada 2410. 


"Cuartito azul" - tango de Mario Battistella y Mariano Mores
Canta Argentino Ledesma acompañado por la orquesta de Jorge Dragone
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ACERCA DEL BARÓN MEGATA

En 1920 un aristócrata japonés, el barón Tsunayoshi Megata, viaja a París con la intención de someterse a una operación para hacer desaparecer, así, una mancha (un hemangioma) que, de nacimiento, tenía en el rostro. 
Al poco tiempo de su llegada ve actuar en El Garrón a la orquesta de Manuel Pizarro. Fascinado por el tango, contrata los servicios de un profesor, hasta llegar a convertirse en un eximio bailarín, olvidándose para siempre de la operación. 
Seis años después, llevando consigo un álbum de discos grabados por Pizarro y por Bianco-Bachicha, regresa a Tokio e instala una academia de baile, gratuita, en la que enseña a bailar el tango a la aristocracia japonesa. A pesar de que no daba clases profesionalmente, quienes lo conocieron me han contado que Megata era muy estricto en la enseñanza del baile y en todo lo referente a urbanidad. 
Personalmente, su figura siempre me interesó, de modo que cuando viajé a Japón emprendí una investigación sobre su persona. Tuve la suerte de conocer a varios de sus discípulos y, entre ellos, fue la duquesa de Okuma la que me contó que Megata era muy aficionado a los deportes. Piloto de avión, después de las lecciones solía conversar sobre aviación en prolongadas charlas que se prolongaban hasta la madrugada. Fue, además, el primer japonés que importó una motocicleta -una Harley –Davidson- de los Estados Unidos. 
Megata fue el verdadero introductor del tango en Japón
 Cuando regresé de aquel viaje le dediqué un tango. Le envié la letra a Edmundo Rivero que, en esos días, se encontraba veraneando en Mar del Plata, y una semana después me lo cantó por teléfono. Le había puesto música. 

"A LO MEGATA " - tango de Luis Alposta y Edmundo Rivero -
Canta Edmundo Rivero - Orquesta de Leopoldo Federico.
 

"A LO MEGATA" - canta Ikuo Abo - Orquesta de José Colángelo

ACERCA DE UNA ESTAMPILLA PARA GARDEL


Placa en Mausoleo de Carlos Gardel
 
El 6 de mayo de 1840 Gran Bretaña emitió la primera serie oficial de sellos postales adhesivos al precio de un penique, el que pasó a ser conocido con el nombre de Penique Negro, y es el que nos muestra el retrato de la reina Victoria. Esa fue la primera estampilla. 

Yoyi Kanematz, Luis Alposta, Enrique Cadícamo,
José Basso y Edmundo Rivero
Mausoleo de Carlos Gardel  - 24 de junio de 1985
Tras el éxito obtenido, numerosos países comenzaron a crear las suyas, contribuyendo así a su uso generalizado. 
El primer sello argentino fue emitido en Corrientes, en agosto de 1856. Llevaba impresa una imagen de la diosa Ceres sobre papel barrilete ordinario de distintos colores. Al igual que el Penique Negro era sin dentar. Cada una de ellas fue hecha a mano y circuló, con diferentes valores, hasta 1880. 
Desde entonces, el coleccionismo y estudio de los sellos o timbres postales recibe el nombre de filatelia (palabra griega que significa literalmente ‘amor hacia lo que es gratis o está libre de impuestos’). 
El 12 de octubre de 1892, con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América, fue la República Argentina la que emitió los primeros sellos conmemorativos, dando origen, así, a la primera y a la más importante rama de la filatelia: “la filatelia temática”, de la que se realizó la primera exposición mundial, también en nuestro país, en 1961. 

En junio de 1984, Enrique Cadícamo, Edmundo Rivero y yo, retomando una iniciativa de nuestro común amigo Yoyi Kanematz, gestionamos ante la Comisión Nacional Asesora para la Emisión de Sellos Postales Conmemorativos, la emisión de una serie postal alusiva a Carlos Gardel.
¡Y lo logramos! Gardel, tuvo su primera estampilla entre nosotros, el 15 de Junio de 1985. 


"ANCLAO EN PARÍS" - de Enrique Cadicamo y Guillermo Barbieri
Canta: Carlos Gardel
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jueves, 26 de mayo de 2011

ACERCA DE FRANKENSTEIN

Boris Karloff como La Criatura  
en el film “El Dr. Frankenstein” (1931)

E


 n la novela Frankenstein, escrita en 1816, cuando la Criatura le pide a su creador que le haga una novia, lo hace con estas palabras: -Estoy terriblemente solo, nadie quiere compartir mi vida; es imposible que nos separemos sin que prometáis concederme lo que os pida. Sólo una mujer tan monstruosa y deforme como yo estaría dispuesta a concederme su amor; una mujer que fuera en todo semejante a mí, que poseyera incluso mis defectos.
            Si aceptáis otorgarme lo que os suplico, nunca, ni vos ni cualquier otro ser humano, volveréis a verme. Me estableceré en las enormes tierras deshabitadas de América del Sur. (“Frankenstein”, de Mary Shelley - cap. XVII) 

O sea que, si la Criatura, a la que solemos llamar Frankenstein, le echó el ojo a la Patagonia, bien pudo haber cantado estos versos:

 

FRANKENSTEIN

(tango)

                                                              Entre el horror y el espanto
                                                              hago de mi grito un canto:

                                                              Mi drama es no tener madre
                                                              y ser engendro de un padre
                                                              que ahora reniega de mí,
                                                              y aunque sin nacer nací
                                                              sin tener siquiera un nombre
                                                              soy sólo un remedo de hombre,
                                                              un muñeco desdichado,
                                                              y si fui galvanizado
                                                              por mi padre Frankenstéin,
                                                              en tangótico vaivén,
                                                              hoy lo que más me subleva
                                                              es ser un Adán sin Eva,
                                                              tener prohibido el nosotros
                                                              y ver amarse a los otros.
                                                              ¡Ver cómo comen perdices
                                                              y yo con mis cicatrices!
                                                              Es por mi figura horrible
                                                              que nunca seré querible;
                                                              y hago de mi grito un canto
                                                              entre el horror y el espanto:

                                                              Mi drama es no tener madre
                                                              ¡Compadre!
                                                                                                          Letra: Luis Alposta
                                                                                                          Música: Acho Estol

"Frankenstein" - Grab. por La Chicana - canta: Dolores Solá 
(mis hijos Virginia y Emilio, participan en este video)
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ACERCA DE TIEMPOS Y MODOS VERBALES

A mi maestra de tercer grado, María Iole Fornoni de Gallo,
que me enseñó a conjugar con-jugando.
 
Con - jugando 
            milonga

Año 1946
Con Iole y mi hijo Luis - 1989
Yo he
Yo hube
Yo había
Yo cantaba
Yo canté
Yo canto
Yo cantaré
y yo feliz cantaría
y yo feliz cantaría
si a mi me escuchase Usted.

Pretéritos y futuros...
presente... condicional...
imperfectos o perfectos...
siempre los conjugué mal.

Y hoy en primera persona
quiero decirle cantando
que aprendí tiempos y modos
conjugando... conjugando.

Yo soy
Yo era
Yo fui
Yo sería
Yo seré
Yo sea
Yo fuera o fuese
el que conjugando canta
el que conjugando canta 

si la que escucha es Usted.


Letra: Luis Alposta
Música: Aldo Videla 
Canta A. Videla - Guitarras A. Videla y Carlos César

ACERCA DE ROSALÍA DE CASTRO

Rosalía de Castro fue una poeta gallega cuya obra supuso, junto con la de Gustavo Adolfo Bécquer, el inicio de la poesía española moderna. Nacida en 1837 en Santiago de Compostela, a los veinte años publicó su primer libro. Su nodriza fue la que le enseñó la lengua gallega y le hizo conocer la poesía popular en esa lengua. De ahí que muchos de sus poemas, con notables innovaciones métricas, tengan reminiscencias de la antigua lírica gallego-portuguesa, especialmente de la popular.
En sus últimos años, siempre que su salud se resentía, volvía a su casona de Padrón, en la Coruña, casona en la que falleció el 15 de julio de 1885 a los 48 años de edad. Casona en cuyo jardín, en el verano de 1974, colaboré en la poda de su parral; casona que recorrí más de una vez llevado de la mano de Maruja Villanueva, su cuidadora, que había vivido muchos años en Buenos Aires.
Creo que a Rosalía le hubiese gustado que la recordaran en lunfardo: 

En casa de Rosalía, con mi esposa Vicky y Maruja
Noviembre de 1984
¡Araca Rosalía!
que canta el gallo
y comPadrón el viento
viene silbando.

La gilada rema en tierra
desde Santiago a Belén.
Desde Belén a Santiago
un ángel rema también.

En barco de plata y piedra
navega el alma yoyega.
Van arribeño sus penas
y el perfume de sus yerbas.
Yerbas que empilchan tu suelo
y de tu pelo se nutren;
pelo color negro cielo,
cufa de mar y de nubes.

¡Araca amiga mía!
que canta el gallo
y comPadrón el viento
viene silbando.

Luis Alposta.


"A ROSALÍA" Música y canto: Juan Carlos "Tata" Cedrón
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ACERCA DE RIVERO Y LA AMISTAD


Quienes lo conocíamos sabíamos bien que nunca hizo derroches de palabras, ni habló de sí más de lo necesario, ni siquiera cuando lo comenzó a acompañar el éxito. 
Tenía una particular manera de conversar. 
En él no había palabras fuera de lugar. Hablaba como cantaba. Llamaba a las cosas por su nombre y, cada vez que afirmaba algo, en realidad era una sentencia. Tenía la valoración exacta que hacía de sus palabras, de sus gestos, de las inflexiones de su voz, la síntesis de algo que no abunda: humanidad. 
Con Rivero en la quinta de Osvaldo Pojati, en Batán
Domingo 27 / V / 1984 
Su sobriedad (otro de los rasgos que lo caracterizaba), el pudor con que manejó siempre su vida, el rigor casi místico que le impuso a su carrera, bastarían para darnos el perfil de un hombre que sabía convertir sus repentinos silencios en el dato más elocuente. Rivero prefirió siempre que se lo conociese por la rectitud de su conducta, por su música y su canto. La única elocuencia que le interesaba. 
Esa reserva y esa hombría de bien lo situaban en un plano de dignidad muy alejado de la mediocridad y de las mezquindades, y hacían de él un amigo noble y leal. 
“Yo tengo muchos amigos, pero a todos los trato de usted. Músicos, poetas o quien sea. Yo soy así.” -me confió una tarde, agregando luego: 
-Tuve amigos de toda clase y con todos me llevé bien. 
Fue amigo de sus amigos, y a tal punto, que hasta los lugares comunes de la amistad ya le eran propios: a carta cabal, sin dobleces, sin renuncios.  
Rivero fue un amigo de los que no se empardan.

"Amigos que yo quiero" - Letra y música de Hugo Gutiérrez
Canta Edmundo Rivero
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ACERCA DE RAFAEL JIJENA SÁNCHEZ

Fue en la década del setenta. Se trataba de un grupo de amigos que, periódicamente, se reunían para hablar de poesía y literatura. Quien presidía “El Laberinto”, tal el nombre adoptado por los contertulios, era el poeta Rafael Jijena Sánchez. 
Alguien dijo que “el despliegue de la dramática humana bajo la pluma de un gran escritor -en este caso de un poeta- toca siempre puntos esenciales de la subjetividad”. Y eso en Rafael, se daba plenamente. 

A RAFAEL JIJENA SÁNCHEZ

Llegaba
como  un  poeta  y  un  duende
mensajero  de  la  amistad  y  la  alegría.
Cuando  lo  sorprendíamos  con  alguna  novedad,
En la Academia Porteña del Lunfardo
Septiembre de 1972
solía  contestar  con  su  admirativo  más  en  uso:
¡Qué  curioso!
Un  modo  de  iniciar  su  plática,
de  la  que  luego  brotaban  los  recuerdos,
las  anécdotas,
las  observaciones  y  reflexiones  intencionadas,
la  cita  oportuna
o  el  retruécano  regocijante.
Siempre  la  palabra  sobria  y  el  adjetivo  único,
el  que  no  podía  ser  otro.
Todo  en  él  era  una  mezcla  mágica
de  hidalgo  español  y  jefe  indio.
Su  voz  era  sonora  y  bien  modulada.
Su  dicción  perfecta.
Era  serio  y  vehemente,
sin  dejar  de  ser  jocundo  y  parsimonioso.
También  era  proclive  a  lo  jocoserio,
y  era  entonces  cuando  reía.
Reía  e  incitaba  a  reír,
pensando  con  Rabelais
que  la  risa  es  lo  propio  del  hombre.
Fue  siempre  el  buen  amigo
y  el  cacique  del  grupo.
Fue  esencialmente  un  romántico
y  un  ser  piadoso
en  el  que  vibraban  en  yunta
lo  sacro  y  lo  profano.
El  suyo  fue  un  romanticismo  superior,
lleno  del  sentimiento  de  lo  infinito,
Con Rafael Jijena Sánchez
Marzo de 1974
de  lo  trascendente,
de  lo  espiritual  y  lo  inefable.
Era  un  buscador  de  belleza.
En  su  último  libro
-tan  último  que  ha  sido  póstumo-,
sin  olvidar  las  coplas,
ni  a  su  Virgen  del  Valle,
escribió  sus  poemas
con  aparente  desaliño
y  versos  no  sujetos  a  medida.
Son  versos  conversados
que  sin  embargo  cantan.
Vivía  rodeado  de  libros
y  de  objetos  primitivos
en  los  que  siempre  venían  a  cuento
lo  ancestral  y  lo  mágico.
La  imagen  del  misterio.
Fue  un  iniciado
en  antiguos  rituales  de  la  tierra
y  supo  ser  también  un  frecuentador
de  los  santuarios  laicos
de  los  cafés  y  las  peñas.
Todo  en  él  era  una  mezcla  esencial
de  hidalgo  español  y  jefe  indio.

Fue  un  poeta
y  vivió  como  un  poeta.

Luis Alposta
24 de abril de 1999

Rafael Jijena Sánchez nos dice su poema "Plaza de Santa Marta" 
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ACERCA DE PUENTE ALSINA

   

Lo  que  comenzó  siendo  un  vado  terminó  siendo  un  puente.  Y  un  puente  con  historia.  Se  sabe  que  en  la  segunda  invasión  inglesa  las  tropas  enemigas  cruzaron  el  Riachuelo  por  el  paso  de  Burgos.  Y  con  respecto  al  origen  de  este  nombre  existen  tres  versiones:  una  es  la  que  dice  que  a  comienzos  del  siglo  XVII  el  escribano  español  Francisco  López  de  Burgos  era  el  propietario  de  las  tierras  linderas  al  mencionado  paso;  otra,  cuenta  que  a  mediados  del  siglo  XVIII,  el  propietario  de  las  mismas  era  el  alférez  Bartolomé  Burgos;  y,  finalmente,  una  tercera,  refiere  que  dicho  nombre  proviene  de  un  humilde  botero  llamado  Burgos,  quien  se  encargaba  de  trasladar  pasajeros  de  una  orilla  a  otra.
En  1855,  y  aquí  es  donde  comienza  esta  historia,  el  señor  Enrique  Ochoa,  inmigrante  español,  dueño  de  un  saladero,  se  presentó  ante  las  autoridades  provinciales  solicitando  autorización  para  construir  un  puente.  Se  le  otorgó;  lo  construyó  por  su  cuenta  y  riesgo  y  al  poco  tiempo  se  lo  llevó  el  agua.  Insistió,  y  al  año  siguiente  construyó  un  segundo  puente,  que  terminó  corriendo  igual  suerte.  Finalmente,  en  1859  inauguró  el  tercero  y  a  la  hora  del  brindis  Ochoa  les  propuso  a  los  presentes  bautizarlo  con  el  nombre  de  su  amigo,  el  ex  gobernador  de  la  Provincia  de  Buenos  Aires,  Valentín  Alsina.  Este  puente  recién  fue  reemplazado  por  otro  de  hierro  en  1910,  el  que  a  su  vez  sirvió  de  base  para  el  que,  con  reminiscencias  de  muralla  china,  se  reinauguró  en  1938  y  pasó  a  llamarse  puente  Uriburu.  Ahora,  puente  Alsina  volvió  a  ser  puente  Alsina  (julio  de  2002),  el  mismo  al  que,  en  1926,  con  versos  de  Benjamín  Tagle  Lara,  le  cantó  Rosita  Quiroga.         

"Puente Alsina" - tango de Benjamín Tagle Lara
Canta Rosita Quiroga
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ACERCA DE UN JAPONÉS ENAMORADO DEL TANGO


En casa de los Kanematsu, Tokio, 1976

(Del libro "EL Tango en Japón", de L. A. - Ed. Corregidor, Buenos Aires, 1987)

    A 
pocas  horas  de  mi  llegada  a  Japón,  en  1976,  tuvo  lugar  mi  primer  encuentro  con  un  personaje  tanto  o  más  peculiar  que  el  barón  Megata,  japonés  de  nacimiento  pero  porteño  por  vocación,  que  luego  se  conviviría  en  mi  amigo  entrañable  y  fiel  corresponsal.  Me  refiero  a  Yoyi  Kanematsu,  al  que  tuve  la  suerte  de  conocer  por  intermedio  de  una  amiga  común:  Rosita  Quiroga.

Yoyi  -tal  vez  el  hombre  que  más  sabe  de  tango  en  Japón-  nació  en  Yokohama  el  6  de  febrero  de  1927.  Menudo,  vivaz,  de  mirada  inteligente  y  exquisita  cortesía,  licenciado  en  filosofía  y  letras,  políglota,  dibujante,  periodista  y  alto  ejecutivo  de  Pola  Cosmetics  -una  de  las  principales  firmas  de  cosméticos  de  su  país-,  es  el  anfitrión  obligado  de  todo  tanguero  que  pase  por  Japón.  Su  número  telefónico  figura  en  las  agendas  de  todos  los  músicos  argentinos  que  han  actuado  en  aquellos  pagos  desde  1954  hasta  la  fecha,  y  a  todos  los  ha  recibido  en  su  casa,  agasajándolos  con  una  costosísima  comida,  rara  y  muy  escasa  en  Japón:  un  auténtico  asado  criollo,  en  cuya  preparación  se  alterna  con  su  socio  y  amigo  Yoshio  Nakanishi.  Mi  caso  no  fue  la  excepción:  apenas  me  conoció,  Yoyi  me  abrió  las  puertas  de  su  hogar,  al  que  llegué  por  primera  vez  una  tarde,  a  tomar  el  té.  Un  té  japonés;  verde  y  sin  azúcar.

Un  curioso  detalle  llamó  mi  atención  en  mi  primera  visita  a  la  casa  de  Yoyi.  En  la  sala  de  estar,  sobre  el  televisor,  había  un  portarretratos  en  el  que  yo,  por  supuesto,  esperaba  ver  la  foto  de  su  esposa  Setsuko,  o  de  sus  hijas,  Misato  y  Kaore.  Sin  embargo,  menuda  sorpresa  me  llevé  cuando,  al  acercarme,  me  encontré  con  un  Carlos  Gardel  más  sonriente  que  nunca…  Luego  me  enteré  de  que  Yoyi  había  viajado  en  dos  oportunidades  a  la  Argentina  para  visitar  la  tumba  de  Gardel  y  rendirle  homenaje  a  nuestro  cantor.  La  primera  fue  en  1963.  La  segunda,  en  1975,  cuando  se  cumplieron  cuarenta  años  de  la  muerte  del  Zorzal;  en  esa  ocasión,  Yoyi  colocó  una  placa  recordatoria  en  el  lugar  donde  se  guardan  sus  restos.

Entre  las  múltiples  iniciativas  de  mi  amigo  en  favor  de  la  difusión  del  tango  en  su  país,  una  de  las  más  importantes  fue  la  creación  de  la  revista  mensual  La  música  iberoamericana,  en  la  que  nuestra  música  ciudadana  tiene  un  lugar  preferencial.  Ya  en  el  primer  número,  aparecido  el  5  de  mayo  de  1952  y  del  que  se  imprimieron  mil  ejemplares,  la  temática  del  tango  ocupaba  cuarenta  y  siete  páginas  sobre  un  total  de  cincuenta  y  dos,  y  hoy,  con  el  nombre  de  Latina,  cuando  cada  ejemplar  consta  de  ciento  setenta  y  cuatro  páginas  y  se  editan  once  mil  ejemplares,  la  proporción  sigue  siendo  bastante  similar.

Yoyi  Kanematsu  es,  además,  el  actual  presidente  de  la  Sociedad  del  Estudio  de  la  Música  Iberoamericana  (SEMI)  (Chunambei  Ongaku  Kenkyukai),  una  de  las  primeras  peñas  tangueras  del Japón,  fundada  el  1ª  de  octubre  de  1940  y  cuyo  presidente  honorario  fue,  hasta  su  muerte,  el  señor  Tadeo  Takahashi.

La  pasión  de  Yoyi  por  el  tango  lo  ha  llevado  a  reunir,  con  el  paso  de  los  años,  una  discoteca  de  incalculable  valor  y  a  almacenar  en  su  memoria  infinidad  de  letras,  que  suelen  acudir  espontáneamente  a  sus  labios  en  las  ocasiones  más diversas.  Siempre  recuerdo  aquella  noche  de  1980,  en  su  lujoso  escritorio  de  la  calle  7-7  Ginza 1-Chome,  en  la  que  pasamos  varias  horas  fotocopiando  programas  de  las  actuaciones  en  Japón    de  distintas  orquestas  tangueras  y  tomando  algunas  de  las  fotos  que  incluyo  en  este  libro.  En  un  momento  necesitamos  un  trípode  para  hacer  ciertas  tomas.  Yoyi,  sin  inmutarse,  abrió  entonces  el  armario  donde  guardaba  su  nutrido  equipo  fotográfico  y  sacó  el  instrumento  requerido,  mientras  canturreaba,  inconscientemente,  aquello  de  “…  hay  de  todo  en  la  casita…  “

Y  cómo  no  mencionar  que  Yoyi  llegó  a  oficiar  de  secretario  de  Jorge  Luis  Borges  cuando  éste  visitó  el  Japón  en  1980.  Cuenta  mi  amigo  que  el  escritor  le  pidió  que  lo  llamara  Luis  en  vez  de  Jorge,  porque  “el  nombre  Luis  es  más fácil  de  pronunciar  en  japonés  que  el  de  Jorge”.  Muy  risueñamente  rememora  también  Yoyi  las  repetidas  veces  que  el  autor  de  Ficciones  le  solicitó  que  lo  llevara  al  zoológico  de  Tokio,  pedido  al  que  él,  por  compromisos  previos,  nunca  podía  acceder.  Fue  así  como  un  día,  al  pasar  a  buscar  a  Borges  por  su  hotel,  el  conserje  le  comunicó  que  “se  había  ido  solo  a  visitar  el  jardín  zoológico”.

Una  noche,  mientras  comíamos  tempura  -langostinos,  hongos  fritos,  arroz  y  caldo,  acompañados  con  té  japonés-  le  pregunté  a  Yoyi  por  qué  el  tango  gustaba  tanto  en  su  país.  La  respuesta  no  se  hizo  esperar.  Deteniendo  a  medio  camino  los  palillos  -que  gracias  a  él  también  yo  había  aprendido  a  manejar-  me  dijo:

-Porque  su  música  nos  llega  fácilmente  al  corazón.

Yoyi Kanematsu falleció en Buenos Aires el 31 de marzo del 2001. 

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Yoyi Kanematsu  en 1970, al enterarse de la próxima visita de Rosita Quiroga a su país, y sin conocerla personalmente, le escribió esta carta: 


Muy estimada amiga: 
Me tomo la libertad de aprovechar la presente para comunicarle que me siento más feliz que nunca al enterarme por intermedio de Oiwa de que usted está gozando de buena salud, y de que piensa realizar una visita mi patria en 1971. 
Como gran admirador suyo desde hace treinta años, esta noticia me causó gran alegría. 
Me acuerdo de que en los últimos días de la guerra pasada, bajo los bombardeos aéreos americanos, me refugiaba todos los días en el foso antiaéreo con mis discos bajo el brazo, los discos que usted grababa para el sello Victor: "Vieja guitarra", "Sentimiento malevo", "Viejo coche", "Negro", me acompañaban siempre. 
De noche, ante los reproches de la gente ignorante del pueblo que temía que el avión enemigo recogiera el sonido de la música, yo solía escuchar tangos con el fonógrafo cubierto con una manta. 
Pero, lamentablemente, el 29 de mayo de 1945, cuando sólo se encontraba allí mi madre enferma, cayó en mi casa una bomba incendiaria que redujo todo a cenizas, incluyendo los discos que yo tanto quería. 
Después de la guerra, buscando por todos lados con mucha dificultad, conseguí, de segunda mano, algunos discos suyos para reponer mi colección perdida. 
Usted ya sabe, por intermedio de Oiwa, cómo la admiraban los hinchas japoneses del tango antes de la última guerra. Hoy, los que han sobrevivido a ella siempre llevan en el recuerdo la voz y la imagen de la gran intérprete del tango que es usted. Hoy, la nueva generación, gracias a algunos tangos regrabados en LP, puede compartir la alegría de conocer el alma del tango por usted interpretado. 
Sabrá usted disculpar mi atrevimiento de escribirle, pero mi emoción no sabe de fronteras ni de etiqueta. Nuestro país se encuentra muy lejano al suyo en la distancia, pero muy cercano en el sentimiento. 
Le envío esta carta por intermedio del señor Armando Husso, violinista de la orquesta de José Basso. 
El señor Husso, al escuchar el tango "Vieja guitarra" interpretado por usted, se emocionó tanto que lo grabó en cinta y se lo llevó a Buenos Aires. 
El amigo Oiwa me enseñó unas fotografías suyas con la señora Mercedes Simone, a quien igualmente admiro mucho, y me contó de los momentos que él pasó con usted. 
La felicito de todo corazón y ruego a Dios que la dicha sea su compañera inseparable en muchos años por venir. 
La saluda muy respetuosamente su amigo y admirador en el lejano Japón.

Yoyi Kanematsu

Carta de Yoyi llevada a la historieta por Guillermo Guerrero 
(Revista "LUPIN" N° 437 - febrero del 2002) 
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“Vieja guitarra” – tango - Letra y música : Omar Javier Menvielle
Canta Rosita Quiroga