jueves, 16 de febrero de 2017

ACERCA DE JACK THE RIPPER

Los crímenes atribuidos a Jack the ripper ocurrieron en el corto período que va desde el 31 de agosto al 9 de noviembre de 1888, y eso le bastó para ser uno de los asesinos con más prensa durante todo el siglo XX.
Los hechos ocurrieron en un barrio londinense de clase baja con notables índices de pobreza, violencia, alcoholismo y prostitución.
Las víctimas eran prostitutas y, según los riperólogos, que los hay, no fueron más de cinco, quienes presentaban cortes en la garganta, evisceración abdominal  y desfiguración del rostro, tal el modus operandi del Destripador, quien después de cometer sus crímenes enviaba  burlonas cartas a  la Scotland Yard.

Extrañas e ingeniosas teorías tendientes a esclarecer el enigma de la identidad de Jack the ripper o Jack el destripador, terminan diluyéndose entre las brumas londinenses y las de nuestro Riachuelo, dado que hay quienes sostienen que el mencionado asesino serial vino a terminar sus días entre nosotros. En todo caso no ha sido el único, ya que la "criatura" del Dr. Frankenstein también barajó la posibilidad de autoexiliarse en estas latitudes.

JACK THE RIPPER

Soy fino, pulcro y muy ordenado.
Visto de oscuro y salgo los martes.
Sólo Picasso me ha interpretado:
yo a las mujeres las quiero en partes.

Mi gran orgullo es mi maestría
(que no se dio por casualidad).
Yo fui ayudante de anatomía.
¡Lo mejorcito en la Facultad!

Por lo que sigue no se me asuste. 
Soy Jack the Ripper pa´ lo que guste.
Ya pasó un siglo y de cuando en cuando

si vuelvo al yeite de destripar,
es porque busco seguir zafando
y hacerle un corte a la Scotland Yard.


jueves, 9 de febrero de 2017

ACERCA DEL EXTRAÑO CASO DEL DR. JECKYLL Y MR. HYDE

El inmortal libro de Stevenson, escrito a fines de 1885, es una alegoría moral narrada como historia de misterio, en la que los dos extremos, el bien y el mal, se unen en una sola persona. En la de un médico que descubre una sustancia química capaz de transformarlo, primero a voluntad y después incontroladamente, en un monstruo. En un monstruo o una sombra que no es más que su otro yo y que termina por destruirlo. Una sombra que asume todo lo oculto y abominable de su alma.
            La atracción de este pequeño libro está en esa conciencia dubitativa y vacilante del lector. Cada uno de nosotros es el Dr. Jeckyll. Y, también, cada uno de nosotros es mister Hyde.
            Y ahora repasemos esa historia en los catorce versos de un soneto:



EL EXTRAÑO CASO...

Luis Alposta y Daniel Melingo - 24 -XII - 1998
Entre alambiques juntó experiencia
y halló el brebaje del bien y el mal.
Hoy a babuchas de su conciencia
va el homo sapiens y el animal.

Ya no es el mismo su consultorio.
Ya no hay pacientes que visitar.
Ahora es adicto al laboratorio
y hay un cadáver en el placard.

Su yo y su sombra se han separado.
Es el galeno o el depravado.
Son los dos puntos que lleva adentro

sin darse bola y ese es el guay.
Y en la constante del desencuentro
va el doctor Jekyll con mister Hyde.

Luis  Alposta
11 / XI / 98
Musicalizado  y  grabado  por  Daniel  Melingo, 
en  diciembre  de  2004,  en París.

"El extraño caso..." - interpretado por Daniel Melingo
 Este video fue filmado en el Colegio Nacional Buenos Aires.

jueves, 2 de febrero de 2017

A MI MAESTRA DE TERCER GRADO

    A María Iole Fornoni de Gallo, 

que nos enseñaba a conjugar tiempos y modos verbales "como jugando".  

Con - jugando 
            milonga

Año 1945
Fila del medio, de izq. a derecha el 3º
Año 1989 

Yo he
Yo hube
Yo había
Yo cantaba
Yo canté
Yo canto
Yo cantaré
y yo feliz cantaría
y yo feliz cantaría
si a mi me escuchase Usted.

Pretéritos y futuros...
presente... condicional...
imperfectos o perfectos...
siempre los conjugué mal.

Y hoy en primera persona
quiero decirle cantando
que aprendí tiempos y modos
conjugando... conjugando.

Yo soy
Yo era
Yo fui
Yo sería
Yo seré
Yo sea
Yo fuera o fuese
el que conjugando canta
el que conjugando canta 
si la que escucha es Usted.

Letra: Luis Alposta 
Música: Aldo Videla  

Canta Aldo Videla - Guitarras A. Videla y Carlos César