jueves, 8 de diciembre de 2011

ACERCA DE LA NADA


  La nada es ninguna cosa o la negación absoluta de las cosas. La nada es nada. Es el no ser o la carencia total de todo ser. La nada es una entelequia. Es algo que tiene principio y fin en sí mismo. Es la rigurosa ausencia del todo y, en cuanto es, ya es algo. Por lo tanto, la nada como tal no existe. Nada, también significa poco o muy poco de algo, y lograr algo con un cacho de nada, siempre es mucho más importante que querer hacerlo todo, amodorrarse en la intención y no hacer nada.
De ahí la creación, con poco y nada, de dos populares expresiones, tan simples como frutales, que mucho tienen que ver con la palabra que nos ocupa: ¡no pasa naranja!, en lugar de decir ¡no pasa nada! y largar durazno a alguien, con el significado de no darle nada. 
Otro ejemplo de lunfardización de la palabra nada, esta vez recurriendo a un término de origen vasco, lo encontramos en quien no dice esta boca es mía, en quien se calla y no dice nada, o sea, en aquél que no dice ni mus.
 Pero entre todas las expresiones populares que aluden a la nada, tal vez la más próxima a su real sentido sea la que da forma al adverbio de negación no tener ni medio. Sobre todo, cuando se la dice durante los treinta días del mes. 



"El jubilado" - tango de Luis Alposta y Edmundo Rivero
Canta Edmundo Rivero - Orquesta de Raúl Garello
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jueves, 24 de noviembre de 2011

ACERCA DE LO NEGRO



 Según la mitología griega, el dios Apolo se había casado en secreto con una muchacha de Tesalia llamada Coronis. No pudiendo ella revelar su secreto, se vio después forzada por su padre a casarse con su primo.

 Cuando Apolo recibió la noticia de tal casamiento, que le llevó su espía, el cuervo, lo primero que hizo en el arrebato de su cólera divina fue tomar venganza en el portador de la mala nueva, a quien, de blanco que siempre había sido, lo volvió negro y, desde entonces, el negro es el color del duelo.

Apolo y el cuervo


     El negro, es también el color que asociamos a lo sumamente triste y melancólico, a lo infeliz, a lo infausto y desventurado. Negros pueden ser el porvenir, el alma, los pensamientos, los presentimientos o los nubarrones. Negro, llamamos al autor anónimo de un trabajo literario que firma otro.

Trabajar como negro, es trabajar de sol a sol. En negro, es la parte del sueldo que no figura en la planilla. Lista negra, es la que identifica a un grupo de personas a las que se las considera vitandas.

Negra, es la pistola 45 empavonada; negras, son las uñas cuando están sucias, y negra, era la tapa de la antigua libreta del almacenero.

Pero negro y negra, son también voces de cariño y no ajenas al lenguaje del amor. Sobre todo cuando se les antepone el mi.

"Negro" (tango) - Canta Rosita Quiroga
Letra de Víctor Soliño -Música de Adolfo Antonio Mondino



jueves, 17 de noviembre de 2011

ACERCA DE LA POESÍA


      Alguna vez, hablando de poesía, Borges me dijo: “yo no sé si puede definirse. Es algo tan elemental. Y además yo no creo que necesitemos una definición. Su definición va a ser siempre más vaga que la palabra poesía, que todos sentimos. Creo, además, que para juzgar un poema mejor es juzgarlo inmediatamente. Digamos que la comprensión viene después... y quizás no importe mucho. Pero sí, que usted siente que algo poético lo ha sido inmediatamente.”
            Yo creo que todos sentimos eso. Es como la música. Uno sabe inmediatamente si una pieza de música lo conmueve a uno o no.
            Un poeta inglés dijo que la poesía es aquello que modifica inmediatamente al lector. Que cuando se lee, uno siente que la sangre circula de otro modo, y que la voz de uno se eleva ante la necesidad de repetir aquello en voz alta.
            Eso es poesía. Y si eso no ocurre, el resto es “pura literatura”, como diría Verlaine.
            La poesía es algo que se siente, y punto. Pero en tren de buscar una aproximación, digamos que es el sentimiento puesto a escoger y capturar palabras, para luego liberarlas en el poema y emocionarnos. Es hacer letra de una emoción.
            O dicho de otra forma: la poesía es una emoción que busca expresarse “como para regalo”. 

 
L. A. - año 1950


    INSPIRACIÓN             

    El patio y la mesa bajo el parral. 
    El pibe que he sido escribe un poema.
    Algo me impulsa a dictarle unos versos.
    Él no puede oírme, pero los escribe.
    Recuerdo ahora una lejana mañana.
    El patio y la mesa bajo el parral,
    y yo escribiendo unos versos
    como si alguien me los dictara.

    L. A.
    23 / IX /2011




Borges por él mismo - "Fundación mítica de Buenos Aires"
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jueves, 10 de noviembre de 2011

ACERCA DEL “CINCO Y CINCO”



El "5" es un número cuyo nombre en español "cinco", tiene tantas letras como el propio número indica. Pero, vayamos ahora a la terminología de la quiniela, en la que "5" es "gato", término que se nos pegó de los españoles con el significado de ladrón, de ratero que entra subrepticiamente en una casa o comercio y se escabulle hasta encontrar la ocasión propicia para robar. Y ya que estamos, recordemos un “modus operandi” mucho más “finoli”: el “cinco y cinco”.
El aficionado a dichas prácticas (timo del cambio) entraba a un comercio y compraba algo que valiera, por ejemplo, 5 pesos. Seguidamente pagaba con un billete de 10 pesos. Una vez que recibía el vuelto, con aire distendido y hablando sobre cualquier tema, “encontraba” casualmente el “cambio” en otro bolsillo. Entonces le decía al desprevenido comerciante: -“Espere, espere. ¡Acá tengo cambio, tome! Y deme nomás los 10 pesos”. Si todo andaba bien, efectivamente le era devuelto el billete grande pero él no devolvía lo que había recibido antes como “vuelto”. Hecho eso, le había timado 5 pesos a su víctima.

Juan Carlos La Madrid
Una tarde, el poeta Juan Carlos La Madrid, en un café de Cabildo y Congreso, llamado “El violín del diablo”, me presentó a dos amigos que habían ido a visitarlo. Se trataba de dos simpáticos malandras recién llegados de Europa, donde vivían en una casa rodante y hacían el “cinco y cinco” en los casinos. ¡Toda una especialidad!
  
  • Estimado Luis, esto me hace recordar cuando fuimos a la casa de los punguistas "a comer un asado". ¿Te acordás de la casa cómo era? Y cómo estaba sentado La Madrid en un sillón de mimbre y pegado detrás, en la pared, bajo una galería un afiche de Carlitos en el Gran Dictador?. Aquello, más que una cena fue una larga charla con el Negro y los jubilados punguistas. Contado así parece una cosa normal; personalmente no conozco a nadie que tuviera una experiencia semejante , donde viejos punguistas hablaban también sobre viejos métodos para punguear. Nos contaban cómo hacían el “cinco y cinco” que, después, supimos que salían a hacerlo para comprarle al Negro los remedios que vos le recetabas. ¿Te acordás? ¡Qué tiempos! Nuevamente gracias por el correo. 
                  Un fuerte abrazo.
                  Carlos 

De la película "Nueve reinas" (comienzo)
Cuando el actor Gastón Pauls hace el "5 y 5"

jueves, 3 de noviembre de 2011

ACERCA DEL DÓLAR


      El dólar, que es la unidad monetaria de los Estados Unidos de Norte América, curiosamente, no es una palabra de origen inglés sino alemán.
             En el siglo XVI, en el valle de San Joaquín, en la región de la Bohemia (hoy República Checa), se acuñaron monedas de plata llamadas Joachines Thaler o, simplemente, Thaler, con el significado de del valle.
            Este nombre dio origen a la voz del bajo alemán daler, de la que derivaron el flamenco daelder y la palabra inglesa dollar.
            La moneda fue llevada a España por el emperador Carlos V y circuló por toda Europa.
            En 1792, por ley del 2 de abril, se instituyó en América del Norte la moneda Dollar, tomando como modelo de valor el peso duro español en uso en las colonias.
            Entre nosotros, muchos años después, propensos a llamar a los distintos valores del papel moneda haciendo referencia a sus respectivos colores, el dólar derivó en verde, mientras nuestros “colorados” eran condenados al horno.
            Luego, inflación y superinflación mediante, pasó a ser común oír hablar de palos verdes.
            Y en este punto, creo oportuno recordar que también existe una plata negra, la que sólo puede perder su condición de tal mediante un “blanqueo”. 
            Especie de tablero de damas es éste, en el que los que mueven hábilmente las fichas suelen ser, precisamente, los que tienen billetes de todos los colores.

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jueves, 27 de octubre de 2011

ACERCA DEL REVUELTO GRAMAJO Y EL TANGO MALENA

Caricatura del Cnl. Artemio Gramajo
hecha por Cao  en 1901
        Nos dice Félix Luna, en su libro Soy Roca, que el coronel Artemio Gramajo, edecán de campaña del General Roca en su incursión a la Patagonia, fue quien inventó de apuro y con lo que tenía a mano para resolver una cena de camaradería, el “revuelto Gramajo”, bautizado así a partir de su apellido. 
            Y hablando de este plato, Acho Manzi nos cuenta que estando en ”El Guindado” de Acevedo (hoy República de la India) y Avenida del Libertador, compartiendo "un revuelto" con Lucio Demare, éste le dijo: 
 
La noche en que Acho Manzi y yo
comimos un "revuelto "Gramajo"
 
-¿Ves este revuelto Gramajo? Bueno, yo había pedido uno como éste, en este mismo lugar. Fue cerca del fin de año de 1941. Eran las cuatro de la mañana y yo venía de trabajar en el boliche. Era una noche hermosa y paré a comer aquí. Me senté frente a esta misma mesa.
-Estaban por traerme la comida cuando noté que en el bolsillo interno de mi saco traía una carta. La había puesto allí al salir de casa y no me había acordado de abrirla. Era una carta de tu padre.     ¡Era la letra de Malena! Al final de la carta me decía: “Si hay que hacerle algún cambio, cuando regrese la termino.”

-Empecé a leerla, y empezó a venir la música; corrí mi plato para escribir la melodía al dorso del poema, me levanté y me fui a casa para terminarla. ¡No tuve que tocarle nada! ¡Ni una letra! Tampoco toqué la comida.

¡Nunca me comí ese revuelto Gramajo!* 

                                                --- 0 ---

Va de yapa:

* Ingredientes:

  • Huevos c/n
  • Arvejas c/n
  • Jamón cocido c/n
  •  Aceite c/n
  • Papas pay c/n
 Procedimiento:

Mezclar los huevos con las arvejas y el jamón cocido.
Colocar una sartén sobre el fuego con un hilo de aceite, colocar el huevo batido y agregar inmediatamente las papas pay. Revolver y servir.

                                                            --- 0 ---

"Malena" - tango de Homero Manzi y Lucio Demare
Orq. de Aníbal Troilo - canta Francisco Fiorentino












jueves, 13 de octubre de 2011

ACERCA DEL ORIGEN DE LA PALABRA MAFIA


Una definición de mafia es la que se refiere a una red de asociaciones secretas dispuestas a tomarse la justicia por mano propia y a impedir el ejercicio de la justicia oficial por medio de un silencio concertado; y es también la que habla de una organización clandestina de criminales que, unidos en ocasiones por pactos de sangre y juramentos secretos, se apoyan entre sí para promover el recíproco interés. *
Charles "Lucky" Luciano - (Sicilia 1897 - Nápoles 1962)  
Considerado el padre del crimen organizado.

La mafia, como reacción de los desposeídos contra los poderosos, autodenominada Cosa Nostra, comenzó a actuar en Sicilia en el medioevo.

En cuanto a la palabra mafia, algunos la hacen derivar de la acepción toscana “maffia”, que significa miseria. Para otros derivaría de “maufe”, con la cual los caballeros templarios designaban los poderes ocultos de una especie de dios del mal.
Otra versión, es la que dice que en 1382, un soldado francés de la guardia de un príncipe argelino que gobernaba en Sicilia, violó y mató a una muchacha que se dirigía a la iglesia de Palermo para contraer matrimonio. El novio persiguió al soldado y se arrojó sobre él, gritando: “Morte alla Francia”, pero sólo consiguió encontrar su propia muerte. Al conocer esta noticia, todo el pueblo se levantó en armas y los soldados franceses fueron pasados a cuchillo. Aquel grito se convirtió en “Morte alla Francia, Italia anhela”, cuyas iniciales conforman, precisamente, la palabra M.A.F.I.A.

Frank Costello - (Calabria 1891 - 1973) -Mafioso italoestadounidense
conocido como el "primer ministro del bajo mundo''.

Más aceptable es la hipótesis que nos remite al término árabe mu'afah, de igual pronunciación, que significa “refugio, lugar de protección" (recordemos que los árabes ocuparon Sicilia entre los años 965 y 1072).
A todo esto, preguntarle a un mafioso cuál es la versión auténtica, no nos conduciría a nada. Su respuesta sería siempre la misma: “ Io non saccio niente”.

        Según Roberto Saviano, gran conocedor de la mafia napolitana o Camorra, las organizaciones criminales empiezan a utilizar el término "padrino", por una traslación a partir de la película "El Padrino" de Coppola que se basa en la novela de Mario Puzo. Según él, en Italia, ni en Sicilia ni en la Campania, nadie había utilizado jamás este término, que es una traducción del inglés "godfather". La palabra para designar a un capofamiglia es compare (compadre). Es después de la película cuando las familias mafiosas de origen italiano y afincadas en los Estados Unidos empiezan a utilizar el término padrino en sustitución de compare y compariello. Fue tanta la influencia del filme en el ideario de los jóvenes italoestadounidenses vinculados a las organizaciones mafiosas que éstos empezaron a imitar a los personajes de la película incorporando las gafas oscuras, los trajes a rayas, y hasta los gestos y expresiones.

*  El 18 de enero de 1885, en el barrio porteño de La Boca, apareció el cadáver de Donato Tuttolobronco. Le habían clavado un papel en el pecho que decía: "muerto por traidor". Fue el primer crimen mafioso en la Argentina, perpetrado por sicilianos.

"El Padrino" - vals de Nino Rota
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Y por venir a cuento, vaya éste que escribí en 1978.

        De mi libro  “13 HISTORIAS A MUERTE” – Para leer de un saque
        Ed. La Casona de Iván Grondona, 1era edición - 1978
        2da edición, Ed. El Lunfa, Bs. As. 1982 

     E
L ARTE DE SIMULAR
   

        Todos sabían que Giácomo, por haber ido a ver una película de Buster Keaton, había perdido su barco. Todos sabían también que ese había sido el paso decisivo de su destino para que se radicara en Detroit. Durante más de treinta años lo vieron trabajar como lavacopas en el mismo bar, donde solía ser el blanco de las bromas de peor gusto. Aquella mañana, en que cayó de una estantería la botella que habría de causarle la muerte, llegaron al extremo de comentar el hecho jocosamente. 
        Lo que nunca supieron, es que poco tiempo después, habiendo sido trasladado su cadáver a un pueblito cercano a Messina (Sicilia), un grupo de hombres llorando, despedía los restos del “capo di tutti i capi”.
 Los Soprano

jueves, 29 de septiembre de 2011

ACERCA DE BOLSILLOS Y PUNGAS



Decimos bolsillo e inmediatamente pensamos en esas aberturas que llevamos en nuestras ropas y que se prolongan hacia adentro mediante un saquito de tela. Algo que cada vez sirve menos para llevar dinero y más para meter las manos y sacar sólo pelusa. Y así como en el lenguaje corriente la palabra bolsillo no hace distinciones de tamaño o ubicación, en el lunfardo nos encontramos con que éste, metiendo mano en más de un idioma, entra a sacar palabras y le asigna a cada bolsillo la suya.
Fue así como al bolsillo lateral del pantalón se lo llamó grilo; culata al de la parte trasera, y chiquilín al que está adelante, preferentemente del lado derecho, a la altura de la cintura.
Cabalete es el bolsillo superior del saco; sotala o sotana el bolsillo interior, y se les da el nombre de camisulín a los del chaleco.
Shuca, que también significa bolsillo, es el nombre del maniquí con cascabeles que utilizan, o utilizaban, los punguistas para ejercitarse.
Y por último, la palabra punga, que proviene de una voz italiana que significa bolsillo, y que nosotros tanto utilizamos para designar al punguista como al hecho mismo de meter la mano en un bolsillo ajeno.
            Y aquí, los primeros versos del tango “Las diez de última”, de José Pagano y Edmundo Rivero:

                                                Excursioné con los chogan por shucas y cabaletes
                                                de grilos y de culata yo laburé el más piolin.
                                                Hice bolsa con la tela engrillada en el pebete
                                                y hasta solfié la sotana que tiene el camisulín.
                                                En filomishios y en pecas laburé de inteligencia
                                                en cinchas y escamoteos bronqué como tallador.

                                                Qué tapuer, qué jonca o robu no me rindió revencia
                                                cuando laburé de escruche al paso de monseñor.

                                                ...........................................................................

"Las diez de última" - Canta Edmundo Rivero
Tango - Letra: José Pagano - Música: Edmundo Rivero
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jueves, 22 de septiembre de 2011

ACERCA DE FRANCISCO GARCÍA JIMÉNEZ AUTOR DE LA CANCIÓN DEL ESTUDIANTE


Francisco García Jiménez, Luis Alposta y Rosita Quiroga, el día del homenaje

Con el inicio de la primavera, cada 21 de septiembre se celebra El Día del Estudiante, y si hay una canción que simboliza su espíritu, esa es la que escribió Francisco García Jiménez con música de Ernesto Galeano y Carlos Guastavino. 
"La Canción del Estudiante", la que cantábamos en el patio del Colegio; la que el viernes 18 de septiembre de 1981, cuando la Junta de Estudios Históricos de Villa Urquiza le rindió homenaje público a su autor, fue cantada por el coro estudiantil del Colegio Nacional "Reconquista". 
Aquel día se incluyó en el programa, también de su autoría, el vals “Palomita blanca” y “La última cita”, cantado este último por Jorge Casal.   

Francisco García Jiménez (1899 - 1983) sigue vivo en las letras de sus tangos (“Suerte loca”, “Barrio pobre”, “Alma en pena”, “Farolito de papel”, “Siga el corso”, “Bajo Belgrano”, “Lunes”, “Mariposita”, “Prisionero” ¡y tantos otros!); en la voz de Carlos Gardel a través del milagro del disco; en memorables melodías de Anselmo Aieta y… ¡en La Canción del Estudiante

 "La Canción del Estudiante"Letra: Francisco García Jiménez -Música: E. C. Galeano y C. Guastavino - con FOTOS tomadas el día del homenaje

 "La última cita" tango de Francisco García Jiménez y Agustín Bardi  Con la Orquesta de Florindo Sassone, canta Jorge Casal (Click en triángulo de play)

jueves, 1 de septiembre de 2011

ACERCA DE LAS MUCHAS COSAS QUE SE PUEDEN TOMAR


En casa de Enrique Cadícamo - Octubre de 1981

A la hora de “tomar”, no sólo se trata de beber o de tomar a alguien de la mano. En este caso, es importante tomar en consideración los distintos sentidos, significados o acepciones del verbo en cuestión.
 Repasemos algunos y veamos cómo los no confianzudos y los abstemios, sin proponérselo, pueden llegar, también, a tomárselo todo: uno se puede tomar las cosas a pecho o se las puede tomar a risa. También se puede tomar la vida en solfa o tomársela en serio, así como se puede tomar el tiempo, tomar el toro por las astas o tomar el rábano por las hojas. Se puede tomar de gil; tomar de otario; tomar de punto; tomar el pelo; tomar para el churrete; tomar para el fideo; tomar para la chacota; tomar en joda; tomar para la farra, tomar para la derecha, tomar para el lado de los tomates o tomarse un resuello.
Centurión escanciando vino de Pompeya
Uno podrá, también, tomar frío, tomar aire, tomar distancia, tomar asiento, tomar envión o tomar un taxi; tomarse el olivo, tomarse el aceite, tomarse el piro, tomarse el espiante, tomarse el raje, tomarse el buque, tomarse el Conte Rosso, tomarse las de Villadiego o, simplemente, tomárselas.
En resumen: evitar tomar una cosa por otra.
Y si aquí hay un cuento que viene a cuento ese es Casa tomada, de Cortázar; pero si hablamos de tango, el que se impone es Tomo y obligo

   
"Tomo y obligo" - Tango -  Canta Carlos Gardel 
Letra: Manuel Romero - Música: Carlos Gardel
Escena de la película  "Luces de Buenos Aires"
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jueves, 25 de agosto de 2011

ACERCA DE BELLAS, FEAS Y DESASTRES

Venus de Willendorf


        La belleza, en general, es un conjunto de cualidades cuya manifestación sensible produce un deleite espiritual, un sentimiento de admiración, un goce estético. Y una mujer nos parecerá físicamente bella siempre y cuando responda al ideal de formas vinculado a la especie. Pero no por eso la belleza es menos subjetiva. Suele variar de acuerdo con la inclinación de los que la aprecian. Para todos, Andrómaca era más corpulenta que lo normal y sólo Héctor decía que era proporcionada. La que fue el mono loco y el chimpancé del tango Justo el 31, bien pudo haber sido, después, la que le despertó una pasión otoñal al protagonista del tango La última.
Venus de Milo
           En el lunfardo, la belleza de una mujer, y esto dentro de un margen de subjetividades, también puede ser pasible de una clasificación zoológica.
            Leona y pantera, son sinónimos que se utilizan indistintamente para designar a la mujer atractiva y provocadora. Potra y potranca aluden a la mujer joven y deseable. Una bestia puede ser una mujer exuberante y sensual; y una gata es la que, además de tener sus encantos, es mimosa.
            Y en el otro extremo, en el de lo feo, la animalidad sólo se limita a los bichos, a los bagres y a los loros.
            Claro que, cuando la fealdad sobrepasa todos los límites, el ingenio popular puede recurrir hasta a una referencia histórica. Tal el caso de aquellas hermanas que, por lo extremadamente feas, eran conocidas en el barrio como Vilcapugio y Ayohuma.


"Se dice de mi" - milonga (1943) de F. Canaro e Ivo Pelay 
Canta Tita Merello
Escena de la película "Mercado de Abasto"

jueves, 18 de agosto de 2011

ACERCA DE LA FLAUTA


           En el siglo XV, en Andalucía, ya se cantaban estos versos que aluden al instrumento que hoy nos ocupa:
 “Bartolo tenía una flauta
con un agujero solo
y su madre le decía:
tocá la flauta, Bartolo”.

            Y ahora, vayamos al “rescate” de don Pedro de Miranda.  
            Este español, que acompañó a Valdivia a Chile y pasó por el noroeste argentino procedente de Perú, fue el primer flautista que recuerdan los anales de estas tierras.
            En el año 1541, prisionero de los indios y a punto de ser ejecutado, comenzó a tocar la flauta, y lo hizo de tal manera que, el propio cacique, llamado Andequín y su hija María Lamanchaca, decidieron salvarle la vida por sus habilidades musicales. Terminó enseñándoles a tocar dicho instrumento.
            Es en el Libro de pasajeros a India que leemos: “en ese lugar vivía un español llamado Francisco de Gasco, quien, meses atrás, había venido a Chile con otros trece compañeros. Éstos fueron muertos por los indios al llegar al valle de Copiapó. Solamente se salvó Francisco de Gasco, quien rápidamente supo integrarse en la comunidad india, casándose con unas nativas. Pues bien, en uno de sus paseos por el pueblo el asturiano Miranda encontró en una caja dos flautas que uno de los compañeros de Gasco había traído. Tomando una de ellas, comenzó a tocar, que lo sabía hacer, y como los principales indios lo vieron, les dio tanto contento esa música, que le rogaron les enseñase a tocar ese instrumento, y no lo matarían.” Y así fue.
            Ahora, a la memoria de Bartolo y de Pedro de Miranda, vaya esta milonga:

A  LA  FLAUTA 
(aire de milonga)
Letra de Luis Alposta 
Música de Juan Carlos "Tata" Cedrón 
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Pan enseñando a Dafnis a tocar la flauta
Mármol, copia romana de un original helénico
¡Ah  la  flauta!
¡La  gran  flauta!

“Bartolo  tenía  una  flauta
con  un  aujerito  sólo…  “

Cuidá  la  flauta  Bartolo
“que  la  serenata  es  larga.”

Estas  son  las  expresiones
a  las  que  daba  sus  sones
una  negra  que  cantaba
y  al  punto  reflexionaba:
-Si  fue  invento  del  dios  Pan
no  es  de  extrañar  que  haya  un  pan
al  que  se  lo  llama  flauta.

(Y  esto  ya  nos  da  la  pauta
de  que  esa  mujer  oscura
a  más  de  oscura  era  cauta
pues  pudo  hablar  de  la  flauta
sin  hablar  de  fioritura).

 ¡Fioritura!…  ¡fioritura!
... y yo itentando "encantar" a una cobra
Agra (India), marzo de 1981
Eso  que  el  “tano”  Vicente
le  puso  al  tango  incipiente
sin  precisar  partitura.

¡Ah  la  flauta!
¡La  gran  flauta!

Y  recordemos  así
lo  que  esta  historia  demanda:

Primero  en  tañerla  aquí
fue  don  Pedro  de  Miranda
al  que  una  flauta  servida
 le  vino  a  salvar  la  vida.

Prisionero  de  la  indiada,
la  dejó  paralizada
a  un  paso  del  linchamiento.
Ya  lo  iban  a  matar,
pero  él  se  puso  a  tocar
y  lo  salvó  su  instrumento.

¡Ah  la  flauta!
¡La  gran  flauta!

                         Luis  Alposta

                                                                                                                      

miércoles, 17 de agosto de 2011

HOMENAJE A EDMUNDO RIVERO EN EL REGIMIENTO DE GRANADEROS

 

HOMENAJE A EDMUNDO RIVERO EN EL REGIMIENTO DE GRANADEROS

                                                                 Luis Alposta 

                                                                                     Martes, 7 de abril de 2009

Edmundo Rivero a los 20 años, vistiendo el uniforme de granadero

Hoy, que Edmundo Rivero ya no está físicamente entre nosotros, pero que por haber sido quien fue, sigue y seguirá estando en nuestro recuerdo y, esencialmente, en su canto, nos enfrentamos una vez más al malón de su ausencia en este homenaje. El homenaje al hombre, al cantor, al amigo.

Siempre festejaré la feliz circunstancia que me ha acercado a su persona. Fue en 1968, en una comida presidida de oficio por el inefable Barquina, con el fondo tanguero de la orquesta de José Basso. Después, no hubo de pasar mucho tiempo para que pudiese comprobar que hasta los lugares comunes de la amistad eran, en él, algo común: a carta cabal, sin dobleces, sin renuncios, de las que no se empardan.

         Quienes lo conocimos supimos bien que Rivero nunca hizo derroches de palabras, ni habló de sí más de lo necesario, ni siquiera cuando el éxito comenzó a acompañarlo.

         Tenía una particular manera de conversar.

         En él no había palabras fuera de lugar. Hablaba como cantaba. Llamaba a las cosas por su nombre y, cada vez que afirmaba algo, en realidad era una sentencia. Tenía la valoración exacta que hacía de sus palabras, de sus gestos, de las inflexiones de su voz, la síntesis de algo que no abunda: humanidad. Era un hombre bueno y, tal vez, allí estaba el secreto de Rivero: en su bondad. No había palabras duras en él, salvo cuando hablaba de música.

Su sobriedad, el pudor con que manejó siempre su vida, el rigor casi místico que le impuso a su carrera, bastarían para darnos el perfil de un hombre que sabía convertir sus repentinos silencios en el dato más elocuente. Rivero prefirió siempre que se lo conociese por su música y su canto -la única elocuencia que le interesaba- y por la rectitud de su conducta”.

Esa reserva y esa hombría de bien lo situaban en un plano de dignidad muy alejado de la mediocridad y de las mezquindades y hacían de él un amigo noble y leal.

         -Yo tengo muchos amigos, pero a todos los trato de usted. Músicos, poetas o quien sea. Yo soy así, me confió una tarde, agregando luego:

-Tengo amigos de toda clase y con todos me llevo bien.

         Es que para Rivero la amistad era una palabra mayor y, por lo tanto, algo que se brinda y se acepta sin condicionamientos ni abandonos.

         Fácil me es ahora, sintetizar en pocas líneas el valor de su obra, con sólo recordar que la verdadera clave de su vida ha consistido siempre en una auténtica vocación. Una vocación de amor hacia la música y el canto. Y para felicidad de todos nosotros, de un canto que ya nos pertenece por habernos ganado el corazón.

Proveniente de una familia en la que viola y canción iban de mano en mano y de boca en boca con la naturalidad de un mate, Rivero aprendió los primeros tonos en la guitarra junto a su tío Alberto, iniciando más tarde sus estudios formales en el Conservatorio Nacional con el maestro Urizar.

De ahí en más, se fue gestando en él un estilo rigurosamente personal, siendo su voz la de un hombre que amaba y sentía a Buenos Aires, y la de alguien que ha sabido llegar a ser portaestandarte de su ciudad y de su tiempo.

Así como el lenguaje es lo más simbólico que tenemos, la voz es lo más espiritual. La voz, como el poema, no es portadora de sonidos sino transmisora de emociones; y no es el timbre de una voz lo que más vale, sino la vibración de espíritu que nos transmite.

El hecho de apuntar hacia un registro de bajo, no le impidió a Rivero cumplir con el servicio militar en el Regimiento de Granaderos a Caballo.

"En Granaderos - me dijo- aprendía a andar a caballo, cosa que yo sabía, si bien ignoraba las destrezas que allí se enseñan: volteos simple, volteos doble, 'tijeras', carreras y lanceos en pelo, salto de valla parado en los estribos o sentado al revés. Claro está que, hasta que aprendí todo eso, me llevé más de un porrazo y buenos revolcones."

De esa época conservaba buenos recuerdos y buenos amigos.

 En 1935, se incorpora a la orquesta de los hermanos De Caro, y luego a la de Humberto Canaro y a la de Horacio Salgán, hasta llegar a la de Aníbal Troilo en 1947, con la que habría de darse una de las más felices coyunturas musicales de la década del cuarenta.

Desde entonces, la amistad entre Pichuco y Rivero fue inquebrantable y se nutrió siempre del respeto mutuo, entre largas horas de ensayos y trabajos compartidos.

En 1950, después de aquel “¡Buena suerte Gaucho!” el debutar como solista en Radio Belgrano y la libertad de cantar lo que quisiera lo llevarían definitivamente a la experiencia del éxito continuo. Un éxito que, para afirmarse, no necesitó nunca de las consabidas banderolas publicitarias.

Pero, lo que más quiero resaltar, es que en la personalidad de Edmundo Rivero convivían armoniosamente no sólo el cantor con dimensión de músico e intérprete, sino también el inspirado compositor y letrista. Temas como “Malón de ausencia”; “No, mi amor”; “Quién sino tú”; “Yo soy el mismo”; “La toalla mojada” y muchísimos más, que integran ya, como él, la nómina de los llamados a perdurar.

Otro hecho importante y digno también de ser destacado, es que desde los lejanos días de “El ciruja”, de “Audacia” y de “Margot”, Rivero no ha dejado nunca de incluir composiciones lunfardas en su repertorio. Él ha sido, sin lugar a dudas, quien más ha contribuido a la difusión de la poesía lunfardesca, yendo de nuestros queridos clásicos a los poetas noveles, en un afán de búsqueda y de renovación permanente.

Fue por ese camino que llegó a musicalizar y grabar varios de mis poemas, y a unir, definitivamente, al tango con el soneto, creando así, en armónica simbiosis, una nueva modalidad.

Dije que no había palabras duras en él, salvo cuando hablaba de música. Y así era. Su parquedad se transformaba en verbo apasionado y categórico cuando de música se trataba. Una vez le oí decir: “El argentino al que le gusta la música y no le gusta ni el tango ni el folklore, no tiene derecho a sentirse argentino. El tango no morirá porque es como si se muriese el país. Y porque el tango es la forma real y acabada de pintar a la Argentina.”

“Lo que se hereda no se hurta” sentencia la sabiduría popular, y así a de ser, porque Rivero, que cuando pibe gastaba más cuerdas que zapatillas, nació, como ya dije, en el seno de una familia de cantores y guitarreros. Su madre solía tocar la guitarra y cantar estilos y vidalitas, a menudo, a dúo con su esposo, en las reuniones familiares, y de ellas recibió el pequeño Edmundo las primeras enseñanzas musicales.

Fue también de su madre de quien heredó antiguas canciones que con el tiempo pasarían a integrar su repertorio; entre ellas, la conocida “Milonga en negro”.

Su padre, por aquella época jefe de estación de ferrocarril, también gustaba de cantar, acompañándose, y muy bien, con la guitarra.

          “Mi padre nos daba todas las noches de Dios, su serenata, mientras mi madre le cebaba unos matecitos”, - solía evocar Rivero-

Pero las raíces de la pasión de los Rivero por la música deben buscarse aún más lejos: en la abuela paterna, Catalina Ferrando, quien tocaba la guitarra en los ratos libres que le dejaba su profesión de ayudar a traer niños al mundo, o aún en el “Tata Viejo”, el bisabuelo paterno, que solía llorar mientras pulsaba las cuerdas frente a un espejo, curiosa actitud en la que lo sorprendió la muerte cerca de los noventa años.

Tampoco faltaba en la familia el músico profesional. Su tío Alberto, quien integraba entonces un conjunto compuesto por bandoneón, violín y guitarra. Con él aprendió las primeras notas y los primeros acordes, iniciando más tarde sus estudios formales en el Conservatorio Nacional.

Y así, guitarra y canto pasaron a ser en él una pasión, la que con el tiempo habría de convertirse en la auténtica pasión de su vida.

Después vendría el dúo y el trío con sus hermanos, Aníbal y Lidia Eva.

La guitarra dejó de tener secretos para él. El noble instrumento pulsado con maestría, vibraba al compás de la voluntad y el sentimiento del ejecutante, quien aprendió a sacarle sin dificultad los sones más escondidos. Rivero y la guitarra formarían siempre una unidad indisoluble, que no desaparecería ni siquiera cuando, años más tarde, llegó a cantar y grabar con importantes orquestas: en gran parte de sus discos figuran temas con acompañamiento de guitarra, a menudo realizado por él mismo. “La guitarra es un instrumento que se toca pegado al corazón... trasmite mejor las emociones del que la toca”, afirmaba Rivero para explicar ese amor suyo por la viola.

La voz de Rivero marcó un hito en la música porteña, que hasta él había sido cultivada sólo por tenores y barítonos. Su timbre profundo y personal, que lo individualizaba sin posibilidad de error indujo un cambio en el gusto del público y en la forma de apreciar la música tanguera que no hizo sino enriquecerla.

Como intérprete, su forma de traducir los matices expresivos de las letras, fue también un rasgo que lo diferenció de los demás cantores. “Me importa interpretar los textos”, decía, y esta afirmación implicaba que su arte no sólo consistía en cantar un texto sino en darle a cada una de las palabras de éste un sentido cabal, ligando íntimamente la expresividad del lenguaje y la del sonido. No por nada varios poetas han escrito temas especialmente para él; entre otros, Homero Manzi y Discépolo: “Sur”, “El último organito”, “Ché, bandoneón”, el primero, y “Cafetín de Buenos Aires” y “Fangal”, el segundo.

Más de un crítico ha coincidido en que la aparición de la figura de Rivero tuvo gran influencia en el tango, tanto con respecto al canto como a las letras, pues no sólo le abrió el camino a bajos y barítonos con tendencia a bajos, sino que también propició una identificación de la literatura tanguera con sus fuentes y sus cauces auténticos, alejándola de la influencia del bolero y acercándola al lunfardo. Por otra parte, su capacidad de alternar, con idéntico acierto, el tango más rantifuso y compadre con la canción más delicada y de interpretar con virtuosismo los más difíciles solos de guitarra, es una prueba más de que, por encima del género que abordara Rivero era un artista notable, uno de los más grandes y completos que ha dado nuestro arte popular.

         La suya fue la voz grave de un hombre sano, la gruesa voz de un fino espíritu, la voz de alguien que noche tras noche, y sin dejar de emocionarnos, se podía dar el lujo (en El Viejo Almacén) de cantar “Sur mirando hacia el Oeste.

Por todo esto, pienso que con este homenaje, más allá de lo personal, no hacemos más que corroborar una de las tantas cosas buenas de Buenos Aires: 

La de no arrojar al olvido a quien fuera su cantor.