jueves, 27 de septiembre de 2018

CUANDO EL BANDONEÓN LLEGÓ A BUENOS AIRES

El bandoneón tuvo su cuna en Alemania. Su nombre deriva de uno de sus probables creadores o al menos de su principal difusor: Heinrich Band; y en cuanto al sufijo pospuesto a su apellido hay quienes dicen que éste alude a la cooperativa que se formó para solventar su construcción, dando así origen al término band-union
Con respecto a su  llegada a nuestro país, todos coinciden en decir que fue un marinero de ultramar quien lo introdujo.
 Augusto P. Berto sostenía que ese marinero fue Thomas Moore, “El Inglés”. Otros, en cambio, argumentan que fue un brasileño conocido como “Bartolo”, allá por 1870. Y están también los que dicen que en 1865 José Santa Cruz fue a la Guerra de la Triple Alianza llevando un "bandoneón pequeño" (concertina) .
  Pero lo que sí es seguro, es que en 1890 ya sonaban en Buenos Aires varios bandoneones, que dieron origen a la primera generación de bandoneonistas, encabezada por el legendario Sebastián Ramos Mejía, recordado como “El Pardo Sebastián”. 
Después, en las primitivas formaciones instrumentales del tango, partiendo de los primeros tríos, ha sido la flauta la que le cedió al bandoneón su lugar. Y desde entonces, "el fueye", aunque haya tenido cuna en Sajonia, llegó a consustanciarse con nuestra música en poco tiempo, al extremo de constituirse en su más genuina expresión. 

29 / VI / 1972 - Junto al pintor José María Mieravilla,
Ernesto De La Cruz y Carmen Mendizábal (hija de Rosendo)
Collage con estatuillas - A mi amigo Mamoru Yamagata, que no deja pasar un solo día sin escuchar tangos. ¡Y en Japón!


"Bandoneón arrabalero" - tango de Pascual Contursi y
Juan Bautista Deambrogio (Bachicha) por Troilo - Goyeneche
 

"Fueye" - tango - Música: Charlo - Letra: Homero Manzi 
Orquesta de  Aníbal Troilo - Canta: Francisco  Fiorentino

jueves, 20 de septiembre de 2018

SARAMARÍA DUHART, LA DE LOS "MIL Y UN SONETOS"


Saramaría Duhart - (Buenos Aires, 3/4/34 - 19/5/94) 
1001 Sonetos, de un solo autor, libro sin precedentes en habla española ni en ninguna otra lengua.


     La recuerdo como a una mujer nacida para la poesía. Como a la querida amiga y poetisa que fue. La que alguna vez nos confesó haber sido triste desde siempre, no obstante haber estado habitada por el júbilo de la palabra. 
         Inquieta y sensible, tímida y melancólica; luminosidad y gozo poético. 
        ¡Hablo de Saramaría Duhart! 
        La que en las dos anécdotas -la primera realmente conmovedora- que paso a relatar, en ternura y pasión la vemos tal cual era
         A fines de la década del sesenta Saramaría se presenta a un importante concurso literario, a realizarse en España.
         Resultado: lo gana un autor español, cuyo nombre le es desconocido. En esos días Saramaría viaja a Europa en compañia de su madre, y decide, al llegar a Madrid, retirar las copias que enviara a dicho certamen. Tan es así que se presenta en la Institución donde es recibida por su secretaria. Se da a conocer y le explica el motivo de la visita. La mujer palidece y con el rostro desencajado se pone a llorar desconsoladamente; no había forma de consolarla dado que ignoraban el motivo. Sigue llorando, cubriéndose el rostro, y comienza a balbucear palabras incomprensibles.
         Saramaría le pide por favor que se calme, que iría por ayuda. La mujer reacciona y le pide por favor que no lo haga que iba a explicarlo todo.
         Y este es el relato increíble. Le dice: -Yo recibí su libro y me gustó tanto que borré sus datos y puse los de mi padre que padece una enfermedad terminal y quería de alguna manera darle una alegría si ganaba el premio. Y sucedió lo impensado: ganó el Primer Premio.
         Saramaría no salía de su asombro; la mujer suplicaba casi de rodillas que no la denunciara porque no sólo la despedirían sino, también, el papelón que eso significaría para los organizadores del concurso y las consecuencias que sufriría su padre.
         Saramaría Duhart no dudó: -Quédese tranquila que no comentaré nunca lo sucedido. Podrá vivir tranquila usted y su padre.
         La mujer no paraba de agradecerle.
         A raíz de estos hechos Saramaría Duhart (ganadora de tres Premios Municipales y del Gran Premio Literario “Olivetti”) decidió no intervenir más en concursos de poesía.

   
     Y esto sucedió en la Feria del Libro de 1985.
         Saramaría Duhart firmaba ejemplares de su libro "1001 Sonetos" en el stand de Hachette.
         Cartel mediante, y bajo el lema "UN POETA ESCRIBE PARA UD.“, se prestaba a escribir, a la vista del público, "Su soneto personal" a todo aquel que lo solicitara. 
Este inédito hecho, incluía dos partes. Quien la acompañaba, solicitaba a los interesados que contestaran un sencillo cuestionario, como ser: nombre, apodo, profesión, hobby, etc., que le era entregado a Saramaría. El soneto en cuestión lo escribía en 4 o 5 minutos. No más.
         Entre las personas que recibieron el ‘soneto personal’, hubo una turista mexicana, casada con un argentino. Y este es el soneto: 


A CARMEN HERNANDEZ CROPERA 

A Carmen, mexicana y convencida, 
que ha encontrado el amor esplendoroso. 
A Carmen que es la esposa del esposo 
amante del amor y de la vida. 

A aquella la viajera repetida 
que juega el corazón a cualquier gozo 
a la dulce mujer que es un esbozo 
de la Virgen cristiana y concebida. 

Le dedico este libro dulcemente 
que es un poco mi vida de inocente 
en un franco milagro de poesía 

y le doy mi amistad más verdadera 
para que haga con él lo que ella quiera. 
Y lo firmo nomás: Saramaría.                            Saramaría Duhart  
             

  
    Uno de sus tangos preferidos    

jueves, 6 de septiembre de 2018

A UNA SOMBRA DEL 1500 (la de BENVENUTO CELLINI)


     Benvenuto Cellini nació en Florencia, en el 1500, y se inició como aprendiz de orfebre a la edad de 15 años. Fue discípulo de Miguel Ángel durante corto tiempo y llegó a ser un destacado escultor y uno de los grabadores y orfebres más importantes del Renacimiento italiano.
         A los 16 años tuvo que exiliarse en Siena a consecuencia de su apasionado temperamento que lo llevaba a involucrarse continuamente en duelos y peleas. Sus Memorias no sólo ofrecen un retrato valioso de la vida política, social y eclesiástica del siglo XVl, sino también un ameno relato de sus huidas, aventuras e intrigas.
         Considerado como un prototipo del hombre del Renacimiento, Benvenuto Cellini fue alguien que, al mejor estilo de los cuchilleros de Borges, supo cargar sobre sus espaldas más de una muerte. Tenía su taller de orfebrería en el Ponte Vecchio, sobre el río Arno.
         Y fue precisamente allí, una tarde de 1975, que me inspiró este soneto:

Busto de Benvenuto Cellini, 
de Raffaello Romanelli (1901), en el Ponte Vecchio,
A una sombra del 1500
    (la de Benvenuto Cellini)

En la ciudad en que la flor del lirio
es emblema y el Arno la atraviesa,
creo ver una inmensa fortaleza
concebida entre el arte y el delirio.

Allí perdió el Infierno su secreto
y Boccaccio escribió el Decamerón.
Y sabe Dios al pie de qué balcón
Petrarca a Laura le leyó un soneto.

Es en esa ciudad, cuando oscurece,
que sobre el Ponte Vecchio me parece
ver entre sombras su crispada mano.

Pero el día me vuelve a la certeza.
El buril o el cincel ya no interesa
y hay un puñal que está aguardando en vano.