jueves, 1 de octubre de 2026

VILLA URQUIZA SUS ORÍGENES

                      FUNDACIÓN DE VILLA CATALINAS

            Las dos fechas que abarcan la vida de Francisco Seeber, considerado fundador del barrio Las Catalinas, son el 15 de noviembre de 1841 y el 13 de diciembre de 1913.

            Hijo de alemanes, nació y murió en Buenos Aires. Cursó estudios en Alemania; actuó en la guerra del Paraguay, alcanzando el grado de capitán, y fue intendente municipal de nuestra Ciudad entre los años 1889 y 1890.

            Dedicado con éxito al comercio, fue fundador y presidente de la empresa Muelles y Depósitos Las Catalinas S. A., situada en el entonces Paseo de Julio, a la altura de la calle Paraguay. Como este lugar era bajo y se hacía necesario rellenarlo, a fin de poder reconstruir los depósitos aduaneros perdidos durante un incendio, la mencionada empresa compró a Francisco Cayol un predio situado en el Cuartel Quinto del pueblo de Belgrano, partido del mismo nombre, paraje conocido como Lomas Altas, cuyo punto más alto estaba ubicado a 39 metros sobre el nivel del mar.

            En un informe remitido al Directorio de la sociedad, Francisco Seeber certificaba dicha compra, la que luego habría de documentar en su libro Importancia económica y financiera de la República Argentina en el año 1888, donde en pág. 320, entre otras cosas, manifiesta: “La Empresa es, por otra parte, propietaria de 30 manzanas de tierra en la localidad de Belgrano”.

            Y fue en esta propiedad donde se comenzó a extraer la tierra para el relleno de la zona portuaria; tierra con la que, también, se habrían de fabricar ladrillos para las nuevas construcciones.

            La población inicial de la Villa, junto a los pocos habitantes de los predios rurales de la zona, estaba integrada por un contingente de 120 obreros – la mayoría, de nacionalidad italiana -, que habrían sido traídos al lugar por la empresa Las Catalinas. Estos terminaron afincándose, y trabajando, gran parte de ellos, en hornos destinados a la fabricación de ladrillos, con los que, además, llegaron a construir sus propias viviendas.

            Una vez cumplidos sus propósitos, Seeber decidió vender los terrenos que tanta utilidad le habían aportado, comisionando al arquitecto Emilio Agrelo (su cuñado) para realizar las subdivisiones correspondientes antes de proceder al loteo.

            El resultado fue el nacimiento del barrio Villa Catalinas, el que, según plano original de 1887, estaba formado por 30 manzanas.

            Poco después, un segundo plano (en el que se anexan terrenos de Francisco Chas) nos habrá de mostrar un barrio de 66 manzanas, delimitado (en parte), por caminos ya existentes: Álvarez Thomas hasta Avenida de los Constituyentes, entre las vías del ferrocarril y Congreso. 

Las Catalinas

Cuando se nombran los muelles de Buenos Aires se evoca el de la Aduana de Taylor y el de Pasajeros, pero el de “Las Catalinas” suele pasar inadvertido, quizás porque su construcción fue más tardía y porque no atrajo la lente de los fotógrafos.

Depósito y muelle de las Catalinas

Este muelle se construyó hacia finales de la década de 1870 por orden de Francisco Seeber, que más tarde sería el cuarto intendente de Buenos Aires. La idea detrás de este proyecto era la de convertir la zona de Las Catalinas (llamada así por su proximidad con la iglesia de Santa Catalina) en un polo aduanero que absorbiera parte del incesante flujo comercial, dado que la capacidad de la Aduana Nueva estaba casi desbordada.

El proyecto fue un éxito rotundo y pronto la empresa se encontró comprando terrenos en La Boca para construir depósitos. Esa zona estaba en pleno auge comercial y se estaba volviendo el principal foco portuario gracias a las obras del Riachuelo, a cargo del ingeniero Huergo. Así fue como nació la distinción entre Catalinas Norte –los primeros terrenos comprados por Seeber en Retiro– y Catalinas Sur, que utilizamos hasta hoy.

Quizás el evento más importante para este muelle haya ocurrido el 28 de mayo de 1880, cuando el humilde vapor “Telita” desembarcó los restos del General San Martín que llegaban desde Francia, en lo que fue su último viaje, de camino a la cripta que lo esperaba en la Catedral Metropolitana.


  EL MÁSTIL: Por iniciativa de los docentes de las escuelas de la zona, el alumnado contribuyó con el bronce para la ornamentación del mástil de la bandera destinado a la plaza Echeverría. Dicho mástil fue fabricado en los talleres de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, en 1935, y se colocó un año después.

        En 1942, a raíz de la inauguración del monumento que actualmente se levanta en la plaza, ese mástil fue trasladado a la plazoleta vecina, ubicada entre las calles Tomás A. Le Breton, Bauness y Triunvirato
 
NOMBRES ANTERIORES

    Paraje conocido como Las Lomas. Desde 1887 hasta 1901, Villa Catalinas. Posteriormente, una fracción de la misma fue llamada Villa Modelo (catorce manzanas, con tan sólo doce casas, cuyos límites estaban dados por las actuales Avenida Triunvirato hasta Bucarelli, entre Olazábal y La Pampa). Esta denominación no prosperó.
Ha sido por deseo y gestión de uno de sus vecinos, Félix Bardi, que, a partir del 18 de octubre de 1901, pasó a llamarse Villa General Urquiza. He aquí el decreto correspondiente:

Buenos Aires, octubre 16 de 1901.


    Visto la solicitud presentada por numerosos vecinos del barrio límite oeste, conocido por Catalinas, y erigido en la Parroquia por la Curia Eclesiástica Metropolitana con el nombre de Nuestra Señora del Carmen, y considerando el artículo 5º del Decreto de Diciembre 29 de 1900, al determinar que en los documentos oficiales se designará cada punto del territorio de la Capital con el nombre de Barrio y sección que le corresponda, declara también facultativo agregar el de la parroquia con que coincida.

Artículo 1º - Desde el día 18 del corriente mes, centenario del General don Justo José de Urquiza, el barrio Catalinas llevará el nombre de General Urquiza.


Julio A. ROCA.
Joaquín V. González.

    La estación del ferrocarril, como consecuencia, también cambió el nombre, por decreto del 17 de octubre de 1902.