FUNDACIÓN DE VILLA CATALINAS
Las dos
fechas que abarcan la vida de Francisco Seeber, considerado fundador del barrio
Las Catalinas, son el 15 de noviembre
de 1841 y el 13 de diciembre de 1913.
Hijo de
alemanes, nació y murió en Buenos Aires. Cursó estudios en Alemania; actuó en
la guerra del Paraguay, alcanzando el grado de capitán, y fue intendente
municipal de nuestra Ciudad entre los años 1889 y 1890.
Dedicado
con éxito al comercio, fue fundador y presidente de la empresa Muelles y
Depósitos Las Catalinas S. A., situada en el entonces Paseo de Julio, a la
altura de la calle Paraguay. Como este lugar era bajo y se hacía necesario
rellenarlo, a fin de poder reconstruir los depósitos aduaneros perdidos durante
un incendio, la mencionada empresa compró a Francisco Cayol un predio situado
en el Cuartel Quinto del pueblo de Belgrano, partido del mismo nombre, paraje
conocido como Lomas Altas, cuyo punto
más alto estaba ubicado a
En un
informe remitido al Directorio de la sociedad, Francisco Seeber certificaba
dicha compra, la que luego habría de documentar en su libro Importancia económica y financiera de
Y fue en
esta propiedad donde se comenzó a extraer la tierra para el relleno de la zona
portuaria; tierra con la que, también, se habrían de fabricar ladrillos para
las nuevas construcciones.
La
población inicial de la Villa, junto a los pocos habitantes de los predios
rurales de la zona, estaba integrada por un contingente de 120 obreros – la
mayoría, de nacionalidad italiana -, que habrían sido traídos al lugar por la
empresa Las Catalinas. Estos
terminaron afincándose, y trabajando, gran parte de ellos, en hornos destinados
a la fabricación de ladrillos, con los que, además, llegaron a construir sus
propias viviendas.
Una vez
cumplidos sus propósitos, Seeber decidió vender los terrenos que tanta utilidad
le habían aportado, comisionando al arquitecto Emilio Agrelo (su cuñado) para
realizar las subdivisiones correspondientes antes de proceder al loteo.
El resultado fue el nacimiento del barrio Villa Catalinas, el que, según plano original de 1887, estaba formado por 30 manzanas.
Poco
después, un segundo plano (en el que se anexan terrenos de Francisco Chas) nos
habrá de mostrar un barrio de 66 manzanas, delimitado (en parte), por caminos ya
existentes: Álvarez Thomas hasta Avenida de los Constituyentes, entre las vías
del ferrocarril y Congreso.
Las Catalinas
Cuando se nombran los muelles de Buenos Aires se evoca el de la Aduana de Taylor y el de Pasajeros, pero el de “Las Catalinas” suele pasar inadvertido, quizás porque su construcción fue más tardía y porque no atrajo la lente de los fotógrafos.
Depósito y muelle de las Catalinas
Este muelle se construyó hacia finales de la década de 1870 por orden de Francisco Seeber, que más tarde sería el cuarto intendente de Buenos Aires. La idea detrás de este proyecto era la de convertir la zona de Las Catalinas (llamada así por su proximidad con la iglesia de Santa Catalina) en un polo aduanero que absorbiera parte del incesante flujo comercial, dado que la capacidad de la Aduana Nueva estaba casi desbordada.
El proyecto fue un éxito rotundo y pronto la empresa se encontró comprando terrenos en La Boca para construir depósitos. Esa zona estaba en pleno auge comercial y se estaba volviendo el principal foco portuario gracias a las obras del Riachuelo, a cargo del ingeniero Huergo. Así fue como nació la distinción entre Catalinas Norte –los primeros terrenos comprados por Seeber en Retiro– y Catalinas Sur, que utilizamos hasta hoy.
Quizás el evento más
importante para este muelle haya ocurrido el 28 de mayo de 1880, cuando el
humilde vapor “Telita” desembarcó los restos del General San Martín que
llegaban desde Francia, en lo que fue su último viaje, de camino a la cripta
que lo esperaba en la Catedral Metropolitana.
EL MÁSTIL: Por iniciativa de los docentes de las
escuelas de la zona, el alumnado contribuyó con el bronce para la ornamentación
del mástil de la bandera destinado a la plaza Echeverría. Dicho mástil fue fabricado
en los talleres de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, en 1935, y se
colocó un año después.
NOMBRES ANTERIORES
Ha sido por deseo y gestión de uno de sus vecinos, Félix Bardi, que, a partir del 18 de octubre de 1901, pasó a llamarse Villa General Urquiza. He aquí el decreto correspondiente:
Buenos Aires, octubre 16 de 1901.
Artículo 1º - Desde el día 18 del corriente mes, centenario del General don Justo José de Urquiza, el barrio Catalinas llevará el nombre de General Urquiza.
Julio A. ROCA.
Joaquín V. González.
La estación del ferrocarril,
como consecuencia, también cambió el nombre, por decreto del 17 de octubre de
1902.