Hoy, seis del seis, digamos que este es uno
de los números perfectos, ya que descompuesto en sus divisores primos y sumados
estos, 1 + 2 + 3, nos da 6. Esto explica la continua búsqueda de la armonía y
perfección del seis como expresión extrema del equilibrio de las partes.
Seis es el número que
significa la preparación para cualquier logro: el mundo fue creado en seis
días; una viña tenía que podarse durante un sexenio y la tierra debía ser arada
durante seis años.
En China, es el número del
cielo y, entre nosotros, en el lenguaje de la quiniela, el seis es el perro y
el sesenta y seis, las lombrices. En la ruleta, la suma de sus treinta y seis
números da 666.
Por otra parte,
Exégetas, teólogos y comentaristas bíblicos
han interpretado este número como el símbolo del diablo, llegando, también, a
identificarlo con el «anticristo», encarnación apocalíptica del propio demonio.
Cuando el evangelista Juan escribía en la
isla de Patmos su «Revelación» (Apocalipsis) no sospechaba, ni siquiera
remotamente, las intrincadas cábalas e interpretaciones a que sería sometido su
texto veinte siglos después.
Aunque, a decir verdad, en los tiempos que
corren, y sin tener que recurrir a método esotérico alguno, el Día de