jueves, 30 de mayo de 2019

13 MICROHISTORIAS SIN VUELTAS DE HOJA





13 Microhistorias sin vueltas de hoja

                                                          Luis Alposta

El cuento más breve del mundo
  
Corregía tanto que, invariablemente, terminaba corrigiendo lo corregido.
Un buen día decidió darle fin al cuento y le cambió el título. Lo llamó
“Versión definitiva”. Estuvo a punto de enviarlo a un concurso de microrrelatos, pero cambió de idea y se dijo a sí mismo: -¡Terminemos con esto!
Su frase predilecta era: “Pienso, luego desisto”.
En realidad, lo que él quería era llegar a ser el autor del cuento más breve del mundo. Era su obsesión.
Fue entonces cuando escribió O… y lo tituló “Alternativa”.
No conforme, pensó en escribir otro mucho más breve, tan breve que le permitiese prescindir hasta de las palabras. 
         Se quedó en la intención y lo logró.

Lo que Dios quiera

Reflexionaba sobre la impuntualidad del remordimiento, la indiferencia del tiempo y la eternidad del plástico… con el comodín del azar en la manga.

El pintor

Cansado de que rechazaran sus cuadros decidió exponer por su cuenta y tituló a la muestra: “Pinturas en tela de juicio”.

En aquella casa

En aquella casa todo era brilloso. En aquella casa la yerba y sus infusiones estaban prohibidas. En aquella casa nadie jugaba al ajedrez. En aquella casa, su dueño había adiestrado a un doberman, de tal manera… que toda vez que oía la palabra “mate”, obedecía. 

Vecinos

Ella vivía en el quinto piso. Él, en el tercero. Al encontrarse a solas en el cuarto...  se acostaron.

Aritmomanía

A su primer hijo, como correspondía, lo llamó Primo.
Al segundo, Segundo. Al tercero, Tercio.
El problema fue con el cuarto. Como no hallaba el nombre apropiado, lo llamó Marco (después de todo un marco tiene cuatro lados, pensó).
El quinto fue Quintín. El sexto Sixto. Y el lobizón Septimio.
Fue entonces cuando Octavia, su mujer, le confesó que el verdadero padre de sus siete hijos… era el Nono.

La guillotina del párpado

Evitaba  parpadear para no echarla de menos.
Dejó de hacerlo y ella ya no estaba.

Abandono

No se sacaba el pijama ni para ir a dormir.

El colmo

Era siniestro, zurdo, comunista y cardíaco.

Medicina gramatical

Era profesor de castellano y estudiante de de medicina.
Una mañana, frente a la cama de un enfermo, reflexionaba: - La coma es una pausa en la oración, y el coma, es también una pausa... pero seguida de una oración.

Catalepsia

Cuando despertó, creyó escuchar que alguien le preguntaba a sus familiares: ¿Crema… o chocolate?  

Sus últimas palabras 

        Perdón señor ¿la estación del tren? 

Solitario y solidario 

       Aunque era un hombre solitario, su soledad era como la del dedo pulgar, la que no le impedía formar parte de la mano y darse siempre a los demás.