jueves, 2 de junio de 2016

ACERCA DE ANDRÉS CEPEDA, EL PRIMER POETA CANTADO POR GARDEL

Andrés Cepeda, alias Cantos Tristes, poeta y ladrón conocido (L. C.), autor de muchos versos escritos en la soledad de un calabozo, desangrado en duelo a cuchillo encontró la muerte en la esquina de México y Paseo Colón. Fue en la madrugada del 30 de marzo de 1910.
Fichado como ladrón reincidente, la policía, en razón de sus últimos delitos, eleva en los primeros días de junio de 1900, un pedido de informes a la jefatura de investigaciones, la que dictamina que, por sus antecedentes, por carecer de ocupación y de bienes, debe ser conocido por el personal de la repartición. Se trataba de la yira, o mangiamiento, en la que el preso iba de comisaría en comisaría para ser reconocido por el personal de cada una de ellas. A partir de entonces y hasta su muerte, Cepeda, donde se hallara, era detenido. Perseguido sistemáticamente por los ratis de recorrida, quienes, al parecer, tenían una cuestión personal con él, al salir en libertad y cruzar de una jurisdicción a la otra, era nuevamente encarcelado.
Andrés Cepeda, el autor de El poncho del olvido, fue el primer poeta cantado por Gardel, quien en sus comienzos, le musicalizó y grabó ocho temas.
En sus versos, escritos en prisión, una retórica elemental no alcanzó nunca a empañarle la inspiración, ni las delicadezas de su alma de poeta.
El único escrito en lunfardo que se le conoce, al que tituló Un bailongo, es el que aquí reproducimos:

Hace cosa 'e una semana
que un paseandero mistongo,
Andrés Cepeda
me invitó para un bailongo
en el pueblo de las ranas.
Las principales bacanas
de toda la población
se fueron pa' la función
a la gurda enfaroladas,
porque habían sido invitadas
con tarjetas de cartón.

La orquesta se componía
de bandoneón y guitarra,
porque esta era una farra
de las que muy poco había.
Cada shiofica tenía
en el baile su bacana,
o mejor dicho: su rana
pa’ desempeñar un rango,
y poder bailar un tango
pero muy de la banana.

Los músicos empezaron
"La Nación", viernes 1º de abril de 1910
y el que hacía de bastonero,
le brindó a cada ranero
una mina y se largaron.
Los acordes resonaron
del bandoneón armonioso,
cada hembra con su mozo
salieron como pegaos,
porque el baile había empezao
con un tango perezoso.

La farra en orden seguía,
todos guardaban respeto,
pero empezó a hacer efeto
la ñaca que se servía.
Un pardo escabio que había
gritó "¡Que cante un cantor!
mi compadre es payador"
Y le dijo: "Tome usté
la guitarra y cantemé
unas décimas de amor".

"Juana Rebenque, mi mina,
a ella mesma cantelé,
y algo también digalé
a la parda Filipina".
"Déjese de esas pamplinas"
la China Rosa gritó,
y el pardo lo que junó
—que le daban poco corte—
saltó como por resorte
y el bochinche allí se armó.

Como un alud de ligero,
el Pardo un brinco pegó
y enseguida resbaló
de la cintura un talero.
Ahí nomás a un canfinflero
le acomodó un garrotazo
y a otro le dio un zurdazo
y la negrita Pacheca
gritaba: ¡Déjenla! ¡Yeta! 
y le acomodó un sillazo....


"Un bailongo" Letra: Andrés Cepeda - Música: José Ricardo 
Canta: Carlos Gardel