jueves, 19 de noviembre de 2015

ACERCA DE LOS CANDIDATOS Y LA AMBICIÓN

Candidus en latín significa blanco, de ahí que candidatus pase a denominar al que va vestido de blanco. Entre los romanos, las personas que buscaban nominaciones o que se presentaban para obtener aceptación oficial en una entrevista o examen, lo hacían vistiendo una túnica blanca como muestra de fidelidad y humildad. Tal vez de esa costumbre provenga el estar de punta en blanco                 Siglos mediante, entre nosotros, el "candidato" pasó a ser tanto el novio de la nena como un caballo de carreras con grandes posibilidades de ganar, pero, ya con el sentido de cándido, es también sinónimo de gil, de boncha, de alguien fácil de engañar, dándose la paradoja de que entre los candidatos a cargos políticos ocurre precisamente lo contrario. En este caso los giles suelen ser los otros.
   Si hay algo que los candidatos (políticamente hablando) tienen en común es la ambición; y esta palabra, cuyo origen también se remonta al latín, ambitusambire, que quiere decir ir de un lado a otro, amplió después su significado.
 Ya en aquellos tiempos, los candidatos a puestos públicos ambulaban entre la gente pidiendo que votaran por ellos. Luego se asoció esta acción al hecho de que todo político, además, exhibe su pretensión de poder y honores.
Y así fue como la ambición pasó a significar deseo ardiente de conseguir no sólo poder sino también riquezas, dignidades o fama. 

Escuchemos ahora lo que decía Ángel Villoldo de los "candidatos":


                                  "Matufias" - de y por Ángel Villoldo (1903)

"La crisis" de y por Alfredo E. Gobbi - (c. 1907)