jueves, 30 de enero de 2014

ACERCA DEL BANDONEÓN Y EL TANGO


Un viejo tango de canyengue son;
alguien canta; lo bailan en la pista  
y llora un bandoneón.
Con respecto a la llegada del bandoneón a nuestro país, todos coinciden en decir que fue un marinero de ultramar quien lo trajo.
            Augusto P. Berto sostenía que ese marinero fue Thomas Moore, “El Inglés” (homónimo del poeta irlandés). Otros, en cambio, argumentan que fue un brasileño conocido como “Bartolo”, allá por 1870. Y están también los que dicen que en 1865 José Santa Cruz fue a la Guerra de la Triple Alianza llevando un bandoneón pequeño.
            Pero lo que sí es seguro, es que en 1890 ya sonaban en Buenos Aires varios bandoneones, que dieron origen a la primera generación de bandoneonistas, encabezada por el legendario Sebastián Ramos Mejía, recordado como “El Pardo Sebastián”.

29 / VI / 1972 - Junto al pintor José María Mieravilla,
Ernesto De La Cruz y Carmen Mendizábal (hija de Rosendo)
            Después, en las primitivas formaciones instrumentales del tango, partiendo de los primeros tríos, ha sido la flauta la que le cedió su lugar al bandoneón. El que este último instrumento haya tenido cuna en Sajonia no ha sido impedimento para que llegara a consustanciarse con nuestra música en poco tiempo, al extremo de constituirse en su más genuina expresión. Y fue así cómo con la paulatina desaparición de las traviesas y picarescas fiorituras de la flauta, el tango fue perdiendo su originario carácter retozón y bullanguero, adoptando entonces una modalidad temperamental severa y cadenciosa.
            Y ha sido el bandoneón, sin duda, el artífice de esa radical transformación anímica, que contribuyó a forjarle al tango un carácter quejumbroso y sentimental.

"Fueye" - tango - Música: Charlo - Letra: Homero Manzi 
Orquesta de  Aníbal Troilo - Canta: Francisco  Fiorentino