jueves, 6 de junio de 2013

ACERCA DE EDMUNDO RIVERO

 (8 de junio de 1911 – 18 de enero de 1986)

Se afirma que nada define mejor la idiosincrasia de un pueblo que su propia música. Y ha sido privilegio de la nuestra haber podido encontrar en Edmundo Rivero una de sus mejores voces.
            Así como el lenguaje es lo más simbólico que tenemos, la voz es lo más espiritual. La voz, como el poema, no es sólo portadora de sonidos sino, también, transmisora de emociones; y eso es lo que lograba Rivero con su canto.
            Como intérprete, su forma de traducir los matices expresivos de las letras fue también un rasgo que lo caracterizó. Por encima del género que abordara Edmundo Rivero era un artista notable, uno de los más grandes y completos que ha dado nuestro arte popular. Fue Cantor Nacional.
            La suya ha sido la voz grave de un hombre sano, la gruesa voz de un fino espíritu, la voz de alguien que noche tras noche, en el “Viejo Almacén”, y sin dejar de emocionarnos, se podía dar el lujo de cantar “Sur” mirando hacia el Oeste.
            Siempre festejaré la feliz circunstancia que me ha acercado a él. Fue en 1968, en una comida presidida de oficio por el inefable Barquina, con el fondo tanguero de la orquesta de José Basso. Después, no hubo de pasar mucho tiempo para que pudiese comprobar que hasta los lugares comunes de la amistad eran, en él, un hábito: a carta cabal, sin dobleces, sin renuncios, de las que no se empardan.

"POEMA Nº 0" - de Alposta y Rivero


"EL JUBILADO" - de Alposta y Rivero


"EL PIRO" (El escape) - de Alposta y Rivero


"TRES PUNTOS" (soneto) - de Alposta y Rivero


 "A LO MEGATA" - de Alposta y Rivero