jueves, 16 de junio de 2011

ACERCA DEL SÍNDROME DEL PECADO ORIGINAL


La primera sensación displacentera que sintió el hombre después de haber desobedecido a Dios, ha sido, sin duda, la incertidumbre. Una zozobra del ánimo ante la espera de “algo” que presentía; de “algo que habría de ocurrir”, pero que ignoraba cuándo y cómo. Y esa “emoción de la espera”, es la que se llama ansiedad.
Conocido el castigo y al ser expulsado del Paraíso, la incertidumbre pasó a ser angustia, que significa estrechez, constricción, ahogo. Por eso al angustiado “le falta el aire”; “se ahoga”; “le palpita el corazón”; “tiene un nudo en el estómago”; y esto es, seguramente, lo que sintieron nuestros primeros padres al recibir la sentencia. Desde entonces y tal como la conocemos, la angustia real pasó a ser el resultado de una pérdida de las relaciones humanas que proporcionan seguridad.
Y la ansiedad y la angustia, juntas, socavando la fe suelen llevar a la desesperación. La desesperación nació en los arrabales del Paraíso, y fue cuando el hombre tuvo, por primera vez, la sensación del no retorno; la de no poder volver atrás.
Un símil de lo expuesto podemos hallarlo en el acto de nuestro nacimiento: el paraíso protector del útero materno; la ansiedad que, seguramente, originan en nosotros las primeras contracciones; la angustia de pasar por el angosto canal del parto y, por último, con el corte del cordón umbilical, la total desesperanza del regreso.
También aquí, y es lo que quiero hacer notar, existe un paralelo con las tres fases del síndrome general de adaptación de Hans Selye y su teoría del estrés:

1) la ansiedad corresponde a la primera etapa del SGA, llamada reacción de alarma.

2) La angustia equivale a la segunda etapa del SGA, o etapa de resistencia.

3) La desesperación coincide con la tercera etapa del SGA, que es la etapa de agotamiento.

La ansiedad, la angustia, la desesperación, así, en ese orden (como en el bolero Toda una vida), conforman lo que llamo síndrome del pecado original o síndrome del bolero; el primer gran estrés con el que todos venimos al mundo.
Se trata de una tríada sintomática que, en mayor o menor grado, sigue estando presente en todas y cada una de las situaciones de estrés, a lo largo de toda una vida.

"Toda una vida ", canta Tito Rodriguez
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